Economía y política en los Estados Unidos: Reflexiones.

El panorama post-electoral de los Estados Unidos y los primeros días de la presente administración Trump[1] brindan una excelente oportunidad para analizar el carácter dominante del sistema político norteamericano– su naturaleza económica neoliberal, poniendo especial atención en la “cosificación” mercantil de su democracia, la fracturación y el control social dentro de su dinámica TRUMP-1.jpgpendular. Además de permitir la identificación objetiva de esta administración con el extremo nacionalismo de la derecha (en todas sus manifestaciones), y la pertinente respuesta popular. Sin embargo, no es objetivo  de este artículo el estudio de la administración Trump como tal, deseamos, sin embargo, proveer algunos elementos analíticos para la discusión del sistema neoliberal que lo viabilizó.

1.    Introducción.

Al respecto, Chomsky sostiene correctamente que la doctrina central del neoliberalismo es la liberalización financiera, y dice: “La ‘financialización’ [permítanos la palabra] de la economía tiene un efecto directo sobre el desmantelamiento del sector manufacturero”, posibilitando, entre otras cosas, que los “diferentes acuerdos multinacionales pongan a trabajadores manufactureros norteamericanos en brutal competencia con trabajadores de otros lugares de bajos salarios sin beneficios y protecciones laborales”[2], que no significa otra cosa que la explotación es ‘legal’ en el sistema político. Dentro de este marco conceptual del capitalismo norteamericano, todo es susceptible de ser comercializado desde los planes y acciones de gobierno, los puestos políticos y judiciales, las acciones y propiedad del Estado, hasta los servicios seculares y religiosos. Evidentemente, las corporaciones con sus enormes capacidades financieras en todas las áreas controlan los procesos democráticos. Sería, sin embargo, incompleto y hasta errado analizar el presente gobierno de Donald Trump fuera de la dinámica de la historia económica norteamericana.

2.    El carácter cíclico antagónico de la historia económica norteamericana.

Un simple pero serio análisis de los hechos históricos debe permitir comprender la naturaleza cíclica-determinista de la economía, y por tanto de la política americana, reconociendo que estas categorías, economía y política, más que cíclicas o pendulares, gravitan helicoide y cónicamente hacia la intensión y posesión ilimitada–por muy pocos–de la riqueza, vale decir del excedente nacional y mundial–núcleo y eje de todo el sistema llamado democracia capitalista norteamericana. El modelo como tal, tiene sus mecanismos de control social y sus conflictos.

El descontento popular, como uno de los conflictos,  logra ciertos cambios progresistas (o socialistas) en el sistema cuando las enormes diferencias económico-sociales y la crisis del momento facilitan el rompimiento de las ataduras del control popular. Sin embargo, una vez estabilizada la economía es decir la crisis, el péndulo del mecanismo del retorno político y de control es puesto en marcha. La oligarquía se organiza para ‘recuperar’ lo que hubiera perdido, y más, en las negociaciones del rescate económico nacional (a la que se vió obligada a participar).  e igualmente, para articular una retórica que le permita controlar mejor a los individuos y al estado. El control social es vital al sistema y merece una revisión.

3.    Control social.

Edward Bernays, un eminente sicólogo social, seguidor del pensamiento político del demócrata  Woodrow Wilson[3], escribía en su famoso manual de relaciones públicas industriales: “La manipulación consciente e inteligente de los hábitos organizados y de las opiniones de las masas es un elemento importante en una sociedad democrática, pero son las minorías inteligentes las que deben hacer uso de la propaganda …una pequeña fracción que entiende el proceso mental y los patrones sociales de las masas … para tirar de los cables que controlan al público”, y continúa, ”[r]eglamentando la mente pública tanto como un ejército lo hace con sus soldados’’. Es más, Harold Lasswell ,  uno de los fundadores de la ciencia política moderna en su Encyclopedia of the Social Science advertía que los pocos inteligentes deben reconocer ‘’la ignorancia y la estupidez de las masas y no sucumbir al dogmatismo democrático acerca de que los hombres sean los mejores jueces de sus propios intereses[4]”.(Este control, como lo hemos expuesto anteriormente[5], es más complejo, abarca la familia y la religión, específicamente la judeo-cristiana).

Este proceso de “consentimiento de ingeniería”, como lo llama Chomsky, es el método clave del proceso ‘democrático’ capitalista norteamericano que ha empujado a todo el sistema al borde de un gobierno nacionalista nunca experimentado en los EEUU y expresa lo que muchos investigadores sociales sostienen: Los Estados Unidos no son una democracia. El  más importante filósofo social del siglo XIX John Dewe decía que no se podía hablar seriamente de democracia en un régimen de poder privado: “El poder hoy reside en el control de los medios de producción, intercambio, publicidad, transporte y comunicación…Quienquiera que sea dueño de ellos gobierna la vida del país.¨  Urge por tanto entender este control que permite a la oligarquía gracias a los dos partidos, Demócrata y Republicano, esquivar el creciente deterioro económico-social del pueblo americano (del que es responsable) para mantener, sobre cualquier otra consideración, utilidades exponenciales en los imperios privados que el sistema capitalista americano ha creado. El Congreso y las cortes norteamericanas han determinado que “[l]as instituciones del gobierno sirven, de acuerdo con la teoría legal y de la economía actual al mejor interés a largo plazo de la sociedad en su conjunto. Esta es la política de base que el país ha optado seguir”[6]. Los pobres y los débiles están de hecho sometidos a la política social establecida por el Congreso y los tribunales. En este sentido, «la sociedad ha consentido» en conceder «liderazgo y propaganda la autoridad para moldear la mente de las masas, sobre todo cuando el público está llamado a cumplir su tarea periódica de «alinearse como partidario» de uno u otro, de aquellos que entienden “el interés superior” (Chomsky).

En este artículo queremos puntualizar la predictibilidad cíclica de la historia, economía y política de los Estados Unidos; además, entender que la liberalización de la economía ha logrado que se transforme las funciones del estado y las riquezas nacionales en objetos de propiedad privada por lo tanto sujetos a la compra y venta; y finalmente, que gracias a este ‘’consentimiento de ingeniería’’, el derecho a la propiedad se ha transformado en el derecho de la propiedad que prevalece sobre los derechos de los individuos durante gobiernos republicanos y demócratas por igual. (La Corte Suprema norteamericana ha determinado que las empresas son ‘personas’ que si bien no pueden votar directamente,  pueden invertir en la compra de las elecciones que les permite funcionar como colosales imperios privados).

Thomas Fergunson en su libro ‘’Golden Rule: The Investment Theory of Party Competition and the Logic of Money-Driven Political Systems’’ [7]explica la cosificación del proceso partidario y por tanto político nacional de esta manera:  “Las teorías de las inversiones sostienen que las organizaciones políticas son inversiones que aunque necesitan pequeñas cantidades y compromiso de muchas personas, la mayor parte de su respaldo, dinero y atención de los medios vienen como resultado directo de su capacidad de atraer inversores de peso pesado.’’

4.    Algo de historia económica pendular.

Intentaremos, dentro de la compleja dinámica de la historia norteamericana, un breve análisis comparativo de sus periódicas crisis ya que en éstas se revelan con claridad las diferentes fuerzas en conflicto: las masas y el capital.

La depresión de la década de 1890 estuvo a la par con la Gran Depresión de los años treinta (en algunos lugares comenzó aún antes de 1890) y fue producto de una profunda crisis agrícola que afectó a las regiones productoras de algodón del sur y de las Grandes Llanuras de los Estados Unidos. El choque golpeó Wall Street y las áreas urbanas en 1893”–todo esto dentro de una masiva crisis económica mundial–. La inmovilidad productiva y comercial provocó que “un cuarto de los ferrocarriles de la nación se declararon en bancarrota. El desempleo entre los trabajadores industriales superaba el 25 por ciento. Desocupados “vagabundos” cruzaban el campo caminando, o escondidos en los trenes de mercancías. Muchos aparecieron en las puertas traseras de las casas de clase media, pidiendo trabajo o comida.

Sin embargo, a pesar de la evidente crisis estructural, muchos estadounidenses culparon a los que no podían encontrar trabajo, acusándolos de pereza o mendicidad” [manipulación, desinformación, control]… “Algunos de los desempleados se culpaban a sí mismos, y las historias de desesperación y suicidio aparecían diariamente en muchos periódicos.[8] La oligarquía a través de la prensa y el gobierno mismo manipularon para redirigir el descontento popular. Las masas estaban divididas y los líderes progresistas se encontraban impotentes o habían sucumbido a la retórica del miedo a una “insurrección de los desempleados”. Excepto Jacob Coxey.

En 1894, el empresario Jacob Coxey de Ohio, organizó el llamado “Ejército Industrial” para protestar contra la inacción del gobierno federal ante la crisis económica. Coxey propuso muchos programas que más tarde ganarían aceptación durante el New Deal, pero que fueron considerados extremadamente radicales en la década de 1890. Lo más notable es que Coxey abogó por la creación de puestos de trabajo gubernamentales a través de los cuales los desempleados “podrían ser utilizados para mejorar los caminos de la nación y otras obras públicas, al mismo tiempo que lograban mantener sus familias”. “Este proyecto, sostenía el empresario, podría financiarse mediante la emisión de bonos del Estado’’. Coxey, fundó el periódico Sound Money, a través del cual daba a conocer una serie de reformas gubernamentales de tipo progresista. Postuló en 1894 para ser representante por el estado de Ohio pero perdió ante un republicano[9]. Sin embargo, a pesar de haber perdido la elección al Congreso su influencia política permaneció hasta el punto que muchos comentaristas asociaban populismo con “Coxeyismo” como hoy se llamaría socialismo a las ideas progresistas de Bernie Sanders.

A raíz de la Gran Depresión de 1930 y el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos deciden reducir el poder y riqueza de las corporaciones así como aumentar significativamente los empleos y salarios de los trabajadores, y apoyar directamente a las mayorías. La Gran Depresión, además, había terminado de generar las condiciones para la creación del Congreso de Organizaciones Industriales (CIO) y con ella la articulación exitosa de millones de trabajadores industriales en sindicatos (unions), los mismos que lograrían con la ayuda de sus líderes transformar al nuevo presidente norteamericano, el centrista y convencional demócrata Franklin D, Roosvelt en un activo promotor de un masivo capitalismo intervencionista de estado. Roosvelt con su “New Deal” puso las bases de este capitalismo de bienestar o welfare state capialism que floreciera entre 1945 a 1970. En virtud de este acuerdo, los trabajadores abandonarían su política revolucionaria anti-capitalista, y el estado por su parte, reconocería y protegería  legalmente la existencia de los sindicatos, proveyendo además, masivos gastos sociales. Gracias a lo último, se estableció el Sistema de Seguridad Social (Social Security System), el Programa de Seguro de Desempleo y la creación, entre 1934 y 1941, de más de doce millones de nuevos empleo federales. Roosevelt advirtió a los capitalistas que de no aceptar un significativo aumento en los impuestos federales para ayudar, en parte, a financiar el gasto en el bienestar social, su gobierno se vería obligado a aceptar un acuerdo menos ventajoso (para los empresarios, se entiende). Los capitalistas se vieron divididos. Con los que aceptaron este acuerdo fue suficiente para que el presidente Roosevelt pudiera obtener el apoyo político necesario para llevar a cabo esta nueva forma de capitalismo.

Este capitalismo intervencionista estatal reemplazaría la relativa economía liberal de finales del siglo XIX limitando los poderes y riqueza de las corporaciones y aumentando los salarios y el apoyo estatal a las masas. Probablemente el lector podrá encontrar paralelos con la gestión del ahora ex presidente Barack Obama, en especial con la creación, aprobación legislativa y legal, y puesta en marcha del seguro médico ACA u ‘’Obamacare ‘’que da cobertura médica por primera vez a 20 millones de ciudadanos, algo que todos los anteriores presidentes demócratas no pudieron siquiera postular pero que se materializa  gracias a la reacción cíclica al gobierno del conservador republicano George W. Bush.

De 1945, con la economía keynesiana como su marco teórico dominante, el capitalismo intervencionista fue la norma; pero desde principios de los sesenta hasta la última crisis de la economía estadunidense del 2007, el modelo a usar fue el capitalismo liberal (o laissez-faire) apoyado por un marco ideológico neoliberal más definido y radical. Esta vez el objetivo político fue controlar y redirigir los descontentos sociales hacia el gobierno no a los empresarios, (como sucediera en los años 1929-30 con el auge del pensamiento socialista y comunista en los EEUU) aplastando en este proceso la capacidad convocatoria de los sindicatos, su prensa y por ende, minimizando su presencia como lobby en favor de los trabajadores. El fin último fue (y es) desarmar el andamiaje socialista obtenido en el llamado “New Deal” de 1930 en el que tanto los trabajadores como la oligarquía acordaron respaldar al gobierno en su esfuerzo por rescatar la economía.

Debemos resaltar que ese sindicalismo industrial independiente surgido durante el New Deal se debe principalmente a un factor: Por primera vez en la historia de Estados Unidos las masas de votantes ordinarios se organizaron y lograron reunir recursos para convertirse en grandes inversores independientes en el sistema de partidos. Un gran avance comparado con la desarticulación ideológica y programática de la crisis de 1980, y una gran lección para los tiempos presentes.

Sin embargo, debido al movimiento pendular, el aumento del poder de los trabajadores se detuvo abruptamente durante, y poco después de la Segunda Guerra Mundial una campaña masiva dirigida por la Asociación Nacional de Manufacturas impulsó, a través de la Ley Taft-Hartley durante la administración Truman, la primera de varias investigaciones de seguridad nacional de la izquierda del partido Demócrata, marcando como un estigma la palabra socialismo o comunismo en el discurso político, que perdura hasta la actualidad. Recordemos que estos términos fueron usados efectiva y ferozmente por los grupos conservadores y el partido Republicano, para obstaculizar, adoctrinar y finalmente con esta nueva administración, desactivar el programa “Obamacare”.

Este ataque al programa médico ACA [10] es el resultado de la ‘inversión’ de más de un mil millones de dólares (del lobby) hecho por las corporaciones de la industria de la salud que permitió, en primera instancia, bajo la compra y manipulación de la ‘’estupidez de las masas’’, controlar la decisión política de establecer un sistema de salud nacional o “single payer”. (Los líderes del partido Demócrata en control de las dos cámaras del Congreso rechazaron la opción del Seguro del Gobierno o “single payer” en la reforma de salud propuesta por el presidente demócrata Barack Obama y respaldada por una considerable mayoría de la población); en segundo lugar, porque aún permite financiar (comprar) la mayoría del Congreso, el Presidente, los medios de comunicación, entre otros, en la derogación del programa ACA y su reemplazo por uno que permita el usufructuó  y enriquecimiento de las corporaciones de la salud.

Casi todos los elementos de la economía neoliberal son un ataque a la democracia pues apuestan por la privatización masiva y general del sistema. La privatización transfiere las acciones, empresas y propiedades del ámbito público al dominio privado. Pero el dominio privado es virtualmente inmune a la supervisión y control público, excepto por un mecanismo regulador que es bastante débil llamado los electores. El ataque más severo e inmediato a la democracia es la privatización de los servicios porque afecta, más allá de la ideología, directamente la vida y bienestar de las personas y hoy el pueblo norteamericano lo entiende claramente por ello las masivas movilizaciones en contra de una vuelta al sistema médico pre-Obama.

5.    La continuidad del capitalismo de estado norteamericano y la cosificación del sistema.

En estas pasadas elecciones, la oligarquía perdió su juego tradicional de poder. Apostó en absoluta unicidad por Hillary Clinton y por casi todos los candidatos republicanos y perdió. Invirtió en ellos fondos sin precedentes tanto en los comicios de sus respectivas primarias como en la campaña presidencial final[11].. Los candidatos para la presidencia captaron en total vía sus respectivos comités  1.3 mil millones de dólares, además de  613 millones de dólares para sus diferentes PAC[12]s De esos totales, H. Clinton obtiene para su comité $564 millones y $206 millones a través de sus PACs; D. Trump, por su lado, capta  $333 millones para su campaña y $75 millones para su PAC.  Un claro ejemplo del concepto de cosificación mercantil del proceso democrático. Todos los candidatos, excepto por Bernie Sanders,  fueron financiados fundamentalmente por las corporaciones. El independiente/demócrata, el  socialista  Bernie Sanders optó por no hacer uso del apoyo empresarial directa o indirectamente. Las contribuciones directas de sus seguidores (Sanders fue el único en no tener un su PAC) permitió hacerle frente en las primarias demócratas a una Hillary Clinton con vastos recursos ($564 millones directos y $216 millones para sus PACs vs. un total de $228 millones paramanejo directo de Sanders) demostrando que aún es posible, gracias a la movilización popular, la defensa de la democracia y el derecho social.

Las campañas estuvieron sesgadas hacia los ricos, como siempre, lo que se convirtió en provechoso tema de campaña para estos dos disímiles  populistas: uno socialista, Bernie Sanders y el otro, Donald Trump,  un proto-fascista, e hicieron campañas, desde de sus disimiles y antagónicos puntos de vista político. Ambos supieron leer el descontento popular a pesar de los muchos progresos en las áreas de empleo, salud, el rescate económico, las guerras, etc. del presidente saliente Barack Obama. Sin embargo, el poder adquisitivo de las familias  se había contraído más y los ricos se había hecho aún más ricos. Bernie Sanders abanderó la discusión del aumento del salario mínimo a 15 dólares la hora y literalmente empujó a la demócrata Clinton a proponer 12.50 la hora. Así mismo,  Trump aunque manifestó en campaña favorecer un incremento del salario mínimo, nunca precisó el monto y actualmente se duda de su promesa electoral.

Es bien sabido que las propuestas de gobierno de Bernie Sanders, el  fallido candidato de las primarias demócratas,  responden al pensamiento socialista con el que siempre se le ha conocido al senador. Su estancia, por ejemplo,  del 1% de la población americana que posee el 90% de la riqueza del país, o su esfuerzo por quebrar el poder financiero del Wall Street, entre otras, lo hicieron el enemigo natural de las corporaciones y el reverenciado líder de los progresistas. Es particularmente difícil sino imposible, precisar cuáles son los planteamientos políticos del triunfante Donald Trump pues éste ha sido particular e persistentemente impreciso en casi todos los aspectos de gobierno. Se espera, sin embargo, que sean de provecho personal y a favor de las grandes corporaciones petroleras y financieras (los mismos que lo subestimaron, recelaron y aún lo menospreciaron), la gran industria armamentista y nuclear, En otras palabras, los imperios privados. La oligarquía perdió  con su candidata final y se ve obligada a realinearse para poder sacar provecho de las nuevas circunstancias.

Cabría recordar las palabras del editorial del Wall Street Journal  poco tiempo después que Bill Clinton, esposo de Hillary Clinton, asumiera en 1996 nuevamente el poder. El título del artículo lo dice todo: “Cortejando, y sobre todo complaciente con los líderes de las grandes empresas.” El Journal no escondía su felicidad: “En asunto tras asunto, [Bill] Clinton y su administración caen en el mismo lado que la América corporativa” y añade, “Clinton tiende a apelar más a las grandes corporaciones que a legiones de propietarios de pequeñas empresas. Para la clase financiera y corporativa la candidata Hillary Clinton significaba una continuidad frente al errático y extremista Donald Trump.

Las empresas esperan predictibilidad, orden social, control político (y porque no militar) pero sobre todo grandes utilidades. Son las utilidades y su dinámica las que dictan el curso de la historia, no los acuerdos, tratados o prohibiciones. Ni siquiera lo es la preservación de la vida o el planeta. Veamos un ejemplo al respecto: El desarrollo de las armas nucleares en el mundo.

Virtualmente cada nación occidental que vendió armas y tecnología armamentista sabía desde el principio que gran cantidad de esta esta tecnología era para el desarrollo nuclear de Iraq, Pakistán, Israel, Corea del Norte, India–entre los más notables. Burrows y Windrem en su libro “Critical Mass” dicen: “A través de la década de 1980, Estados Unidos observó con creciente temor a medida que la aceleración generalizada de las súper armas atómicas se acrecentaba. En consecuencia, comenzó a instar a sus aliados a reducir la exportación de súper armas… y se les amonestó a abandonar sus prósperos negocios en favor de acuerdos internacionales de limitación de armas tales como como: el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) y  el Régimen de Control de la Tecnología de los Misiles (MTCR). Los países europeos reaccionaron y discretamente los ignoraron”[13] y aún los mismos Estados Unidos (es conocido pero no denunciado las luchas internas entre el Departamento de Estado y Comercio respecto de la promoción de la manufactura americana[14]). Debemos ser enfáticos, han sido los súper poderes, no el llamado Tercer Mundo, los que introdujeron los misiles balísticos intercontinentales y las bombas nucleares en todo el mundo, todo en aras de una presente utilidad corporativa. Hoy el prospecto de una nueva carrera armamentista nuclear y balística se alza pero ahora con la abierta complacencia del gobierno de Donald Trump.

Este es un tiempo en que prima la pasión sobre la razón, y ve el alumbramiento de un nuevo escenario político, más nacionalista y religioso, más militarista, monetarista y oportunista, más ahistórico y por tanto imprevisto y mucho más peligroso. Pero es, especialmente, un tiempo de definición (y acción) política de los individuos y la sociedad organizada. La historia nos da la razón, La derecha no tiene partido tiene poder e individuos que manejan la injusticia de millones de ciudadanos y este es el tema de este artículo.

 

Lorenzo Orrego

Abril 15 del 2017

Santa Clara

[1] https://www.facebook.com/ArtofMarkBryan/photos/a.431365396907029.96266.197632233613681/1254070807969813/?type=3&theater
[2]Noam Chomsky “Hopes and Prospect”, Haymarket books.
[3] Thomas Woodrow Wilson fue un político y académico demócrata que sirvió como el 28 ° presidente de los EEUU. La plataforma de Nueva Libertad de Wilson favoreció a las pequeñas empresas y a los agricultores: siguió lo que él llamó el “Triple Muro del Privilegio” Concretó en 1913, la Ley Underwood-Simmons, que redujo las tasas impositivas que anteriormente habían favorecido a los industriales sobre las pequeñas empresas; aprobó la Ley de la Reserva Federal, haciendo préstamos más accesibles para el estadounidense promedio. También hizo cumplir la legislación antimonopolio en 1914 con la Clayton Antitrust Act, que apoyaba a los sindicatos, permitiendo huelgas, boicots y piquetes pacíficos.
[4]Noam Chomsky “masters of mankind, essays and lectures, 1969-2013’, Haymarket Books, pg86.
[5]  https://lorenzoorrego.wordpress.com/2016/05/12/donald-trump-hilary-clinton-bernie-sanders-y-la-realidad-poltica-norteamericana/
[6] Allen vs Diebold, Inc.,33 F. 33d (United States Court of Appeals, Sixth Circuit, September 6, 1994).
[7] Thomas Fergunson, ‘’Golden Rule: The Investment Theory of Party Competition and the Logic of Money-Driven Political Systems’’   The university of Chicago Press pg. 35
[8] http://projects.vassar.edu/1896/depression.htm
[9] idem
[10] La Ley de Protección al Paciente y Asistencia Asequible (PPACA, por sus siglas en inglés), comúnmente conocida como la Ley del Cuidado de Salud a Bajo Precio (ACA, por sus siglas en inglés) y apodada Obamacare, es un estatuto federal estadounidense promulgado por el presidente Barack Obama el 23 de marzo de 2010.
[11] https://www.opensecrets.org/pres16
[12] Un comité de acción política (PAC, por sus siglas en inglés) es un tipo de organización que agrupa las contribuciones de campaña de los miembros y los dona para hacer campaña a favor(o en contra) de los candidatos, las iniciativas electorales o legislación en este caso el ACA.
[13] William E. Burrows & Robert Windrem, “Critical Mass”, Simon & Schuster, 1994.pg. 113
[14] Idem capítulo 6, “‘Looting the Storehouse and Knowledge.”

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