El fenómeno Trump.

El nuevo presidente electo, el republicano Donald Trump, logró después de una intensa campaña política para la nominación de su partido y la presidencia de los Estados Unidos, ‘convencer’ a un gran sector de la población norteamericana que imageel seguro médico que posee a través del llamado “Obamacare” sería cancelado por su carácter ‘anti-empresarial’ y lo aceptaron. Más de 11 millones de ciudadanos–muchos de ellos por primera vez con cobertura médica– pondrían sus vidas en riesgo de llegar a abolirse la cobertura médica del mencionado programa. Salvo las declaraciones de los  líderes del partido Demócrata, de independientes y del presidente mismo, no han habido protestas masivas, espontáneas u organizadas, como cabría esperar cuando los derechos e intereses de los individuos son vulnerados y los líderes políticos asumen su responsabilidad.

El  programa ACA[1]“Obamamacare” como se le conoce está dando cobertura médica a los norteamericanos  que no la pueden obtener a través de los beneficios que da el empleo (a tiempo completo) en empresas privadas o en el estado (además algunas pequeñas empresas simplemente no pueden ofrecer este servicio a sus empleados o a sus mismos dueños). Millones de ciudadanos sólo conocían los servicios médicos a través de las emergencias, sin uso en forma regular de la medicina preventiva que las economías más avanzadas ofrecen a sus ciudadanos. Por ello el principal objetivo de la Ley de Cuidados de la Salud Asequibles, ACA (Affordable Care Act), es dar a más americanos acceso a cuidados de salud asequible, como su nombre lo indica, mejorando además la calidad de los mismos, regulando la industria de los seguros médicos y reduciendo el gasto en cuidados de la salud en los E.E.U.U. Esta ley  establece protecciones a los consumidores, provee subsidios y favorece intercambios de seguros y otras reformas.

Aunque es innegable que algunos suscritos han visto aumentos significativos en sus tarifas personales o “copayments” bajo el programa ACA, 7 de cada 10 clientes del “marketplace” tienen un plan por menos de $ 75 dólares y 8 de cada 10 suscritos menos de US $ 100 mensuales–debido principalmente a que la asistencia o subsidio de costos se basa en los ingreso de los individuos. Los adultos jóvenes, además, pueden permanecer en el seguro de sus padres hasta los 26 años, incluso si están casados, trabajando y viviendo solos. Es de resaltar, adicionalmente, un importante beneficio que afecta positivamente a todos los estratos sociales da la nación: Ninguna persona puede ser excluída del seguro médico por tener una condición preexistente, o pagar más por los servicios que alguien sano y de la misma edad pagaría. ¿Cómo negar al programa de cobertura médica su aporte al bienestar del individuo y su familia? Sin embargo, aún así, sale elegido Trump el mismo que prometiera fieramente abolir en su primer día como presidente el programa “Obamacare”.

Se prefirió a Donald Trump sobre Hillary Clinton. ¿Cuál es la racionalidad para esta conducta de auto-daño que supera el instinto de supervivencia del individuo? La única respuesta posible es la ciega ideología anti-comunista que todavía es parte intrínseca del ADN político de muchos. El hecho en realidad es económico empresarial. Las poderosas empresas de seguro médico y políticos conservadores a su servicio reconocen al “Obamacare” como una amenaza al de-facto control absoluto de éstas al comercio de la salud de la nación americana. El derecho a la salud no es un derecho, arguyen, tampoco un argumento (inclusivo) de seguridad y fortaleza nacional[2], sólo un medio de maximización de utilidades por lo que atizar el obsoleto concepto anti comunista/socialista del siglo pasado sirve a sus intereses empresariales.

Tabla 1

Clinton (D)

Trump (R)

cambio

Otros

Clinton %

Trump %

Otros %

U.S. Total por canddato

65,844,594

62,979,616

2,864,978

7,804,203

48.20%

46.10%

5.70%

13 Swing States

21,433,214

22,249,342

-816,128

2,348,069

46.60%

48.30%

5.10%

Non-Swing States

44,411,380

40,730,274

3,681,106

5,456,134

49.00%

45.00%

6.00%

US Total

136,628,413

Tabla 2

Dem 2012 Margen

Dem 2016 Margen

Porcentaje de cambio

Total ’12 Votos

Total ’16 Votos

Cambio ‘16 vs. ’12

U.S. Total por candidato

3.90%

2.10%

-1.80%

129,075,630

136,628,413

5.90%

13 Swing States

3.60%

-1.80%

-5.40%

43,939,918

46,030,625

4.80%

Non-Swing States

4.00%

4.10%

0.10%

85,135,712

90,597,788

6.40%

Fuente: http://cookpolitical.com/story/10174

De los 231,556,622 estadounidenses elegibles para votar en estas pasadas elecciones, sólo 136,628,413 lo hicieron. Es decir, aproximadamente un 42 por ciento no votó y los que sí lo hicieron favorecieron a la demócrata Hillary Clinton por un margen 2.1%, ver tablas 1 y 2, (un decrecimiento si se compara con la diferencia a favor, 3.9%, que obtuviera Obama en el 2012 sobre el republicano Mitt Rommey). En otras palabras cerca de tres millones de votos más a nivel nacional (2,864,978 para ser exactos) prefirieron a la demócrata Clinton sobre el republicano Trump, resultados sin embargo que no se ven reflejados en el total que otorga el Colegio de Electores[3] pues el sistema confiere 306 votos electorales a Trump y 232 a Clinton (siendo necesario 270 para obtenerla la presidencia).

Donald Trump a pesar de perder el voto popular por cerca de 3 millones de electores y gracias a los llamados “swing states.”[4]  logra la presidencia ya que gracias a estos estados Trump logra superar a Clinton 48.35% vs 46.6% (cuadro 1) lo que le da la ventaja definitiva en los votos del Colegio Electoral. Básicamente 13 estados prevalecen sobre los 37 restantes de la Unión y sobre el conteo popular. De hecho un proceso no muy democrático.

Discutíamos en nuestros recientes artículos tres conceptos importantes del milieu político americano que arrojan luces sobre el tema: racismo y misoginia como elementos de control político de la derecha, y religión como uno de los medios más importantes de internalización y difusión doctrinal masiva. La tabla 3 muestra que clip_image002[6]no sólo más hombres (53%) votaron por Trump sino que un porcentaje importante (42%) de mujeres lo hicieron también, a pesar de su conducta que lo califican como un depredador  sexual, alguien que se expresa en términos sexualmente ofensivos de su propia mujer e hija–y aún así el 42 por ciento del total de las mujeres republicanas votaron por él. ¿Cómo explicarse esta conducta en las mujeres–demócratas y republicanas–pues sólo el 54 por ciento rechazó a Trump?     Además, basta echar una mirada a las redes sociales para descubrir que fuera de los Estados Unidos esta ideología/teología permite que un gran número de hombres y mujeres considera que Trump “ha sido levantado por el Señor para hacer su obra” y llama a “oración” para que pueda cumplir con la ‘obra de Dios’ que se resume en sólo dos aspectos: rechazo del aborto y la ilegalización del matrimonio entre homosexuales. Además, sorprendentemente, cerca de un tercio de las minorías raciales a excepción de los negros, apoyaron a Trump. ¿Cómo explicar aquello de votar en contra de su género y raza? La respuesta una vez más es la ideología con tintes religiosos que ha permeado la estructura social americana.

Es claro que el nivel de educación no facilita la radicalización del individuo. A mayor nivel de instrucción menor es el ciego adoctrinamieclip_image003nto político del individuo. Como se aprecia en la tabla[5] 4, son los blancos sin grado académico los que votaron por Trump en un asombroso 67 por ciento, y aún aquellos blancos que detentan algún grado académico votaron por él en un 49 por ciento, por ello no debe extrañar el ataque frontal a la ciencia en favor de postulados bíblicos, mitos y leyendas que no tienen mayormente nada que ver con la verdadera vida espiritual del creyente.

clip_image002[8]Es evidente como lo muestra la tabla 5 que la mayoría de los creyentes cristianos apoyan al partido Republicano y que si bien históricamete los católicos hispanos  se han inclinado por los candidatos demócratas, un porcentaje importante de ellos, cerca de un cuarto, lo ha hecho persistentemente en favor de candidatos republicanos–inclusive a pesar de la retórica xenofóbica y racista del presidente electo Donald Trump. Puede que esta actitud responda al llamado síndrome de la identificación que hace que el individuo busque identificarse, valga la redundancia, con las fuerzas discriminatorias  xenofóbicas, racistas y sexistas que lo afectan para coronar su asimilación al sistema dominante.  Estas narrativa no es discutida ni purgada convenientemente por los diferentes lideres  religiosos (y cívicos)– aunque el actual Papa se haya manifestado en contra.

Discutíamos en nuestros recientes artículos[6] que la fracturación de la masa electoral es un instrumento de supremacía deimagel grupo dominate. En este sentido vale recordar lo siguiente:  “La reacción política nacional contra la inmigración ilegal ha creado nuevas divisiones entre los latinos y ha aumentado su preocupación por la discriminación contra miembros de su grupo étnico, incluídos aquellos que nacieron en los Estados Unidos o inmigraron legalmente”[7], señalan Mark Lopez, Rich Morin y Paul Taylor[8] y añaden, “Los hispanos también están divididos sobre el impacto de la inmigración ilegal en los hispanos que ya viven en Estados Unidos Aproximadamente, y en partes iguales, dicen que el impacto ha sido positivo (29%), negativo (31%) o no hizo diferencia (30%). Este juicio mixto contrasta fuertemente con las opiniones expresadas por los latinos sobre este tema en 2007. En ese entonces, la mitad (50%) de los latinos dijeron que el impacto fue positivo, mientras que sólo el 20% dijo que era negativo.”

La victoria de Donald Trump no es un fenómeno aislado, es simplemente el epítome de un largo proceso de dominación eonómico-racial en los Estados Unidos. Es además, la manifestación de un imperialismo empresarial que le permite relaciones con gobiernos que benefician expresamente a sus gobernates, como el primer minisitro ruso Vladimir Putin, considerado el hombre más rico del mundo, con una fortuna de 85 mil millones de dólares. En palabras de un comentarista político, estos individuos pertenecen a la nueva clase dirigente llamada correctamente “cleptocracia”. 

 

Lorenzo Orrego

Diciembre 17, 2016

Santa Clara.


[1] La Ley de Protección al Paciente y Asistencia Asequible (PPACA, por sus siglas en inglés), comúnmente conocida como la Ley del Cuidado de Salud a Bajo Precio (ACA, por sus siglas en inglés) o Obamacare, es una ley federal estadounidense promulgada por el presidente Barack Obama el 23 de marzo de 2010.

[2] “La Economía de Mercado Social suele contrastarse con el modelo capitalista anglosajón. Si bien el término “economía social de mercado” (soziale Marktwirtschaft) en su sentido original se utiliza principalmente en Alemania y Austria, en Europa, encontramos una serie de enfoques diferentes de las políticas sociales y sanitarias, con repercusiones muy diferentes en el gasto público, las contribuciones a la seguridad y las tasas impositivas, así como por el papel y las responsabilidades del sector público, el sector privado y el individuo.

Lo que estos modelos tienen en común es una visión básica de lo que se necesita para la cohesión social. Todos ellos tratan de proporcionar una cobertura completa a toda la población contra un conjunto estándar de riesgos, que incluyen el desempleo, la pobreza, la enfermedad y la discapacidad, así como la vejez… [E]n un sentido más amplio, esta ambición también incluye la igualdad en el acceso a una educación de buena calidad.” Ludwig Erhard, (uno de los fundadores  de la economía  social de mercado), http://oecdinsights.org/2014/02/25/the-social-market-economy-in-a-globalised-world/

[3] En Estados Unidos el voto popular directo no elige el presidente. Esa función recae sobre un colegio electoral de 538 electores provenientes de los 50 estados y el Distrito de Columbia (la capital) que depositan los votos por el candidato que haya ganado en su estado. Quien acumule 270 o más votos electorales, gana la presidencia.

[4] En la política estadounidense, el término “swing state”  se refiere a cualquier estado que razonablemente pude ser ganado por el candidato presidencial demócrata o republicano. Estos estados suelen ser blanco de las campañas de los partidos mayoritarios, especialmente en elecciones competitivas. 13 son los estados en mención: Arizona, Colorado, Iowa, Maine, Michigan, Minnesota, Nevada, New Hampshire, North Carolina, Ohio.  Pennsylvania, y Wisconsin 

 

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