La agudización de la derecha, los hispanos y el papel de la religión.

En nuestro anterior artículo[1] argumentábamos sobre el dominio que el sistema norteamericano impone a las mujeres y el rol que éste juega en la agudización de la derecha, en especial cuando se refiere a las minorías étnicas o raciales. A simple vista, sin embargo, parecería que esta aversión por la mujer no tuviera correlación con las evidencias de racismo y xenofobia–condición sine qua non de los movimientos nacionalistas que exhiben los miembros del llamado Tea Party y el partido Republicano. Pero existe y se percibe en las prácticas y expresiones con que interpretan y pretenden manejar la administración de la nación, asumiendo valores religiosos absolutos con fines estrictamente políticos y demográficos.

En primer lugar, al obligar a la mujer a reproducirse en contra de sus posibilidades o deseos, se le está en la práctica determinando cuál será su quehacer, es decir, el uso de sus talentos y tiempo. En otras palabras, se le restringe su participación en la vida privada, profesional y social, además de la actividad política los que en conjunto constituyen uno de los objetivos del sistema: el control. Una segunda finalidad, consecuencia directa del primero, es el uso estratégico, por el sistema obviamente, de ese dominio: Al forzar a la mujer (blanca preferentemente) a reproducirse, se proporciona a la clase dominante la condición numérica de permanecer como mayoría étnica en un país que tiende hacerse más diverso demográfica y socialmente.

Para empezar, la tasa de nacimiento de la población norteamericana muestra un permanente decrecimiento. En 1960[2] fue de 23.7% mientras que en el 2014 el índice llegó a apenas al 12.5% (ver figura 1). Esta sistemática disminución en el número de nacimientos se ve especialmente evidenciada en la población de ascendencia europea o blanca. La Oficina del Censo proyecta que los blancos no hispanos dejarán de ser el grupo mayoritario en los Estados Unidos en el año 2044.

La Revista “Opinión”[3] señala: “Desde 1960, la población latina ha aumentado casi nueve veces y la Oficina del Censo cree que haclip_image002[15]bría 119 millones de habitantes de ascendencia latina para el año 2060. Entonces serían el 29% de los residentes.” Por otro lado, la revista “Primera Hora” en su artículo del 5 de junio del presente explica que el crecimiento porcentual de los hispanos bajó de 4,2% en 2001 a 2,5% el año pasado [2015]. Este crecimiento habría sido incluso menor–sostiene la revista– si no fuese por la tasa de natalidad relativamente alta de los hispanos: siete nacimientos por cada deceso. Adicionalmente, las dificultades que los indocumentados padecieron para conseguir trabajo mientras los EEUU experimentaban su más grande crisis económica, después de la Gran Depresión de 1930, agravó este magro crecimiento del 2,5%. Al cerrarse por la crisis la oferta de trabajo, se frenó el flujo de inmigrantes indocumentados hacia los EEUU. Adicionalmente, el número de inmigrantes indocumentados (Figura 2) deportados fue en aumento clip_image002[7]alcanzando cifras records durante el gobierno del presidente Barack Obama. A pesar de lo mencionado, la población creció ganando además, importante poder económico como lo veremos más adelante.

Un segundo elemento a discurrir es el aborto y el control de la natalidad pero por razones diferentes a las religiosas. El aborto, considerado hasta hace unos 20 años como una “cuestión católica,” un mandato para su feligresía–raramente discutido en el entorno evangélico, tiene un papel singular en el juego político de la derecha. Cabría esperar, dado que los inmigrantes latinos son en su gran mayoría católicos, que estos acatarían el mandato del Vaticano. La realidad es otra.

Los latinos son proporcionalmente (juntamente con los afro-americanos) los que más hicieron uso del aborto (tabla 1). La razón, como lo señala el Instituto Pew Center[4], se debería a que: “Entre más educación tenga la madre, menos será en promedio los hijos que tenga” (un hecho cierto en todas las razas y etnias del tejido social americano). Sin embargo una vez logrado un determinado nivel socio-económico e independencia, y alrededor de los 40 años de edad, son las latinas las que más hijos tienen.

  

 

Raza

 Tabla 1

Población

 

Abortos

Blanca

62%

34%              

Negra

12%

37%

Hispana

24%

22%

En palabras del Instituto Pew Center: “Entre las madres de 40 y 44 años de edad, las hispanas son las menos propensas a tener un sólo hijo –únicamente el 17%. En contraste, el 25% de madres afro-americanas y 23% de madres anglos tienen un hijo.” Al mismo tiempo–continúa Pew Center– lo que era hace unas décadas, en lugar de los tres o cuatro hijos que una mujer por lo general habría tenido cuando llegaba a los cuarenta años, hoy lo más seguro es que sólo tenga dos hijos. La excepción, sin embargo, son las mujeres latinas” que llegan a tener 3 ó 4 hijos. Los datos del Censo indican que los latinos fueron responsables del crecimiento poblacional de los Estados Unidos entre el 2000 y el 2012.

Los aproimageximadamente 55 millones de hispanos que significan el 17% de la nación americana, ya en el año 2015 logran el control– explica la revista Time[5]– de US $1.3 billones de dólares (o trillones en inglés) de capacidad de compra, equivalente al PBI combinado de México, República Dominicana, El Salvador y Guatemala. Además, del 2007 al 2012, los hispanos tuvieron un crecimiento en la creación de medianas y pequeñas empresas del orden del 47% el mismo que se tradujo en un ratio de 60 veces mayor comparado con los no-latinos.

Estos indicadores preocupan a los diversos grupos nacionalistas ultra conservadores en los EEUU. La extrema derecha tiene bien claro no sólo este avance numérico de la minoría hispana en la composición porcentual poblacional del país, sino además, entiende que los latinos impulsan el crecimiento económico de Estados Unidos lo que de hecho le proporciona poder político, por lo que deciden tomar acción. Entre el 2008 y 2011 el número de clínicas que ofrecen servicios de atención a la mujer se vio reducida en 1% en todo el país, con tasas de declive mucho más altas en Arkansas, Idaho, Kansas, Oklahoma y Vermont.

Este poder electoral y económico requiere que la inmigración (legal o no) de los latinos sea controlada al máximo, pero además, exige incrementar la población blanca, por ello la conculcación del derecho de la mujer (blanca especialmente) a controlar su función reproductiva. El presidente electo Donald Trump en una reciente entrevista como candidato dijo que las mujeres que hacen uso del aborto deben tener “alguna clase de castigo” aun cuando este se encuentra protegido por la Constitución. La cuestión es cómo la mujer logra aceptar este tipo de dominio e injerencia sobre su sistema reproductivo. La respuesta está en la ideología que se promueve.

Chris Hedges en su libro “American Fascists, The Christian Right and the War on Amerca” [6] explica, “La derecha radical cristiana ha pasado de la franja de la sociedad al poder ejecutivo, a la Cámara de Representantes, al Senado y a los tribunales. El movimiento ha tomado el control del Partido Republicano” refiriéndose no proféticamente al nuevo gobierno del presidente electo Donald Trump (que bastante bien lo tipifica) sino al de George W. Bush. Los ocho años de la administración saliente de Obama parecieran ser entonces un paréntesis en el ascenso de esta derecha que ha reconfigurado la batalla contra el comunismo como antítesis de lo correcto y santo vale decir Satanás. En palabras de Hedges: “El asiento de Satanás ya no está en el Kremlin. Ha sido asumido por individuos e instituciones que promueven una religión rival llamada “humanismo secular”, el pensamiento crítico y científico.

Este cristianismo radical que Hedges llama “domionionist” o de dominio absoluto manipula el cristianismo y a millones de sinceros creyentes construyendo “un espeluznante movimiento político de masas con muchas similitudes con otros movimientos desde el fascismo al comunismo hasta los partidos nacionalistas étnicos.”[7] La libertad al miedo, especialmente el miedo a la muerte eterna, requiere obediencia, sumisión y ausencia de crítica, las mismas que se convierten en una poderosa arma política en manos de tiranías y el presidente Vladimir Putin de Rusia[8] es unimage excelente ejemplo. En palabras de Putin: “En primer lugar, debemos ser gobernados por el sentido común. Pero el sentido común debe basarse primero en los principios morales. Y hoy no es posible separar la moral de los valores religiosos.” Putin convertido en un fanático religioso parece querer establecer una combinación pre-soviética de iglesia y estado. Las motivaciones del gobierno de Moscú no son piadosas sino estrictamente políticas. En el 2012 cuando el presidente Putin enfrentaba serias masivas manifestaciones populares en contra de sus políticas, él, un confeso ateo, abrazó la religión cristiana ortodoxa, enarbolando primero las banderas de la homofobia-una ofrenda de bajo costo político (para una sociedad machista) a la iglesia ortodoxa-aceptando además, prohibir el aborto. Hoy en día Putin tiene una aceptación del 80% aun cuando las condiciones económicas se han agravado especialmente dado la baja de precio del petróleo en el mercado mundial–el principal rubro de exportación ruso– y las sanciones económicas impuestas por occidente a Rusia.

En los Estados unidos, en 40 años transcurridos desde Roe v. Wade[9], ha cambiado bastante el debate sobre el aborto. Está claro que durante la mayor parte de las primeras décadas después de Roe, la gran mayoría de los pacientes abortistas eran blancos. Los evangélicos han tomado el timón del movimiento “anti-elección”, una vez dominado por los católicos. El movimiento ha cambiado las estrategias repetidamente: de alimentar la indignación moral y bloquear las clínicas de aborto a fingir preocupación por la salud de las mujeres y, más recientemente, aprobar reglamentos de construcción costosos e inofensivos para eliminar el acceso a las instituciones que prestan servicios a la mujer. Aunque ha habido algunos esfuerzos recientes por parte de “anti-choicers” para enfocarse en las mujeres de color, tienen todas las razones para atenerse a una narrativa que se centra en las mujeres blancas jóvenes como pacientes de aborto: Permanecer como mayoría racial. Paul Ryan, el “Speaker” o presidente de la Cámara de Representantes, ha copatrocinado la Ley de Santidad de la Vida Humana, que otorgaría a los fetos los mismos derechos que los seres humanos. La medida también habría tipificado como delito ciertos tipos de control de la natalidad. Ryan, que es católico, ha calificado el mandato anticonceptivo de la Ley del Cuidado de Salud a Bajo Precio (llamado corrientemente Obmacare) como una “amenaza” para los estadounidenses pobres, pero en realidad es todo lo contrario.

La derecha acaba de obtener una gran victoria, y Noam Chomsky[10] nos dice: “Este 8 de noviembre el país más poderoso de la historia mundial, que marcará su sello en lo que viene después, tuvo elecciones. El resultado puso el control total del gobierno–el ejecutivo, el Congreso, el Tribunal Supremo–en manos del Partido Republicano, que se ha convertido en la organización más peligrosa de la historia mundial.”

Lorenzo E. Orrego

Noviembre 15, 2016

Santa Clara


[1] La agudización de la derecha y el papel de la mujer, ttps://lorenzoorrego.wordpress.com/2016/10/16/la-agudizacin-de-la-derecha-y-el-papel-de-la-mujer/

[2] http://es.theglobaleconomy.com/USA/Birth_rate/

[3] http://laopinion.com/2016/07/14/bebes-de-minorias-son-ahora-la-mayoria-en-eeuu/

[4] http://www.telemundo.com/noticias/2015/05/07/mujeres-latinas-tienen-mas-hijos-que-madres-de-otras-razas-y-etnias-segun

[5][5] Time magazine, edición del 26 de setiembre del 2106, pg.33

[6] Chris Hedges, “American Fascistas, The Christian Right and the War on Amerca” pg.22,

[7] Idem, pg.39

[8] http://hollowverse.com/vladimir-putin/

[9] El 22 de enero de 1973, La Corte Suprema de los Estados Unidos, en una sentencia 7-2, afirma la legalidad del derecho de una mujer a tener un aborto bajo la Decimocuarta enmienda a la Constitución.

[10] http://www.truth-out.org/opinion/item/38360-trump-in-the-white-house-an-interview-with-noam-chomsky

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