Donald Trump, Hillary Clinton, Bernie Sanders y la realidad política norteamericana

Donald Trump y Bernie Sanders aunque en los extremos del mapa político de la nación americana son, en parte, el resultado de un mismo fenómeno político: el apoyo incondicional a Israel. Donald Trump y Bernie Sanders, el último un judío socialista y el primero un neo-nacionalista, han sufrido las consecuencias de cuestionar las políticas del gobierno israelí (aunque en sentido contrario a lo esperado en Trump). Sería, valga decir, una exageración y una grosera malversación de los elementos históricos argüir que este apoyo o no-apoyo a Israel es la razón fundamental del encumbramiento del primero a la nominación republicana para las elecciones del 2016, y la probable pérdida del segundo a la demócrata, pero cumple tres roles muy importantes. Primero, expone la corriente ultranacionalista en el seno del partido republicano con el poder de escindir o transformar radicalmente al GOP de Abraham Lincoln. Segundo, permite comprender la capacidad de injerencia que intereses foráneos (Israel) tienen en los procesos y planes políticos de los Estados Unidos de América. Tercero, señala, aunque leve, un cambio en la percepción de la nación americana hacia Israel y su política colonialista en el Medio Este.

Donald Trump es consecuencia directa del partido republicano, de las posiciones racista, homofóbica, xenofóbica, misoginia, nacionalista y ultra religiosa con que el partido trató de detener el avance progresista que el gobierno de Barack Obama ofrecía. Oportuno es señalar como la dirigencia republicana con la ayuda invaluable de la corporación Fox y de radios ultra-conservadores empezó a alimentar a sus constituyentes con el más letal alimento –el odio al Otro–, el instrumento típico de los movimientos nacionalistas como el nazismo, el mismo día que el presidente Barack Obama asumía el poder en el año 2008. El GOP había fracasado, previa a las elecciones, en negarle a Obama su declarado cristianismo y como resultado buscó abrir otro frente, creando el paradigma del Otro en la persona de Barack Hussein Obama. Es en este clima que Trump irrumpe en la política con el sólo argumento de la ‘ilegalidad’ constitucional del primer presidente afro-americano. Éste fue su único argumento –el Otro– con que cavaría su espacio (y probablemente su tumba política) dentro del partido republicano y con el que abriría su campaña para la presidencia del 2016 pero esta vez multiplicado por once millones en la forma del mexicano indocumentado, añadiendo después a los musulmanes y árabes en general.

La dirigencia republicana se encontró confundida aunque tomó con cierto entusiasmo y velada preocupación la movilización que Trump provocaba. Los otros dieciséis candidatos republicanos a la nominación buscaron el camino de la “coronación” atacando los logros del presidente Obama sin mucho éxito: ¿Cómo argumentar en contra de los bajos niveles de desempleo, el programa ”Obamacare “ o Affordable Care Act, la economía, la deuda nacional (significativamente reducida en estos dos períodos de Obama), la seguridad etc? Trump sólo habló (aún lo hace) del Otro, obligando a sus contrincantes a definir o redefinir posiciones xenofóbicas que ya habían permeado todo el partido pero que no habían sido articuladas programáticamente. Los únicos ataques de la grilla republicana a la nominación en contra Trump fueron su inexperiencia política, la poca o ninguna especificidad en los planes políticos de gobierno, y su celebridad como promotor de espectáculo. La dirigencia del partido republicano no pudo o no supo cómo contrarrestar el producto de su propia retórica extremista hasta que fue muy tarde. El ultranacionalismo de Donald Trump amenaza no sólo al partido republicano y a la nación, sino que preocupa seriamente al sionismo pues los movimientos nacionalistas son su peor enemigo natural (el Nacismo, Fascismo y Comunismo son pruebas suficientes).

Es clara la preocupación que los comentarios de Donald Trump provocan en los grupos neo-conservadores y pro-sionista, Israel, y las fuerzas armadas norteamericanas respecto a la intención de Trump de reducir la importancia de la OTAN en el quehacer político-militar de Europa y por tanto en el Medio Este; el abandono del rol de ‘policía” mundial que los Estados Unidos gusta desempeñar como primera potencia; la no-objeción al desarrollo nuclear de otros países, por mencionar algunos comentarios de política internacional. Estos grupos neo-conservadores, los mismos que siguiendo lineamientos israelíes habían logrado exitosamente promover guerras en contra de Irak y Líbano, aspiraban replicarlas, directamente o a través de los EEU, en contra de Siria, e Irán[1]. Si bien Donald Trump se opuso vigorosamente al acuerdo nuclear que todas las potencias mundiales, con el liderazgo de la administración del presidente Obama habían logrado con Irán, no fue suficiente para aplacar a los defensores de Israel, especialmente cuando el presuntivo candidato republicano se manifestara como independiente en el conflicto palestino-israelí: “Quiero ser muy neutral y ver si puedo conseguir tener a ambos lados [Israel y Palestina] juntos”, publicaba el diario israelí Haarest[2] este 9 de mayo, añadiendo que Donald Trump consideraba los proyectos de viviendas israelíes en los territorios ocupados de Cisjordania como un “gran punto de fricción en las conversaciones”. Nunca antes un candidato había tenido la osadía de cuestionar la política israelí en los territorios ocupados, (el correcto término que Chris Christe, uno de los fallidos pretendientes a la nominación republicana, usaría en referencia a Cisjordania y Jerusalén del que tuvo que disculparse públicamente[3]).

Si el entusiasmo político que despierta Trump no proviene de la ‘defensa’ de la causa neo-colonial de Israel, tampoco lo es en aspectos de la administración pública americana, o en salvaguardia de los postulados conservadores sino todo lo contrario. El conocido periódico The Washington Post[4] publicó recientemente una encuesta realizada entre los republicanos que muestra cual es el sentir del promedio republicano al respecto:

“El 68% de los votantes republicanos se opone a la reducción del gasto en Seguridad Social y Medicare para aminorar el déficit nacional; el 56% está a favor de aumentar los impuestos a los hogares con ingresos superiores a $ 250.000, y el 39% a favor de aumentar el salario mínimo.”

Todos temas emblemáticos de demócratas y liberales que Donald Trump entendía claramente.

El magnetismo de Trump (y de una mayoría republicana) radica en su posición ultranacionalista lo que significa una amenaza frontal a la supremacía ideológica que sionistas y neo-conservadores detentan en las definiciones de política internacional americana en los partidos Demócrata y Republicano por igual, y en las diversas administraciones norteamericanas. No es extraño por tanto que aparecieran, inmediatamente después de que Trump hiciera conocidas sus posiciones en política exterior, grupos financieramente fuertes en contra de su nominación. CNN[5] menciona el 24 de marzo que estos grupos con el apoyo de la dirigencia del partido republicano habían, a esa fecha, invertido infructuosamente 67 millones de dólares en detener la nominación republicana de Trump a la presidencia de los Estados Unidos. Todo lo que obtuvieron, sin embargo, fue reforzar entre sus seguidores las posiciones ultra-nacionalistas y por tanto la redefinición ideológica del partido.

Por otro lado, tampoco el conservadorismo evangélico significó una seria amenaza al ultra-nacionalismo de Trump como lo demostraron las pírricas victorias de Ted Cruz, o Marco Rubio, y aquello significó un cambio en el peso específico que la religión evangélica o judeo-cristiana extrema había tenido durante el gobierno del presidente George W. H. Bush. Al respecto, The Washington Post en un artículo de Wes Granbererg-Michaelson, aparecido el 20 de mayo del presente resalta lo que declarara Alan Cooperman, director de investigación de religión para el Centro de Investigación Pew: “El país en su conjunto se está volviendo menos religioso, y está sucediendo en todos los ámbitos[6]“, y por lo tanto, podemos conjeturar, menos inclinado a apoyar aventuras colonialistas basados en interpretaciones bíblicas. ¿Podría ser acaso posible salvar el partido republicano y el soporte a Israel con la elección de la demócrata conservadora Hillary Clinton o el socialista-demócrata Bernie Sanders? Y la respuesta es: Sí con Hillary Clinton y probablemente no con Bernie Sanders.

Fuera del presidente George W. H. Bush, el presidente Bill Clinton es considerado como uno de los mejores amigos de Israel, y Hillary Clinton pretende seguir siéndolo. Para ella, Palestina o los palestinos no existen. En su última aparición frente al súper grupo de apoyo a Israel o lobby pro-Israel, AIPAC[7] la ex-secretaria de Estado sólo habló de su inquebrantable apoyo a Israel, pero, lamentablemente, ni una palabra del pueblo palestino ni de la injusticia a la que se ve sometido. Estas fueron sus palabras; “como presidente, me gustaría continuar (¿!) las negociaciones directas [de paz]. Y permítanme ser clara–Me opondré enérgicamente a cualquier intento por parte de terceros para imponer una solución, incluyendo al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.” Y con referencia a Donald Trump, tratando de “venderse” como la segura defensora de Israel dijo; “Necesitamos manos firmes, no un presidente que dice que es neutro el lunes, a favor de Israel el martes, y quién sabe lo que será el miércoles, porque todo es negociable.” La llegada de H. Clinton a la presidencia permitiría la prolongación–por algún tiempo– de la existencia del partido Republicano como se le conoció hasta no hace mucho, evitando que se mueva peligrosamente a la ultra-derecha, y a Israel continuar con el despojo total del territorio palestino. No es por eso extraño que algunos líderes republicanos se pronuncien abiertamente en sus intenciones en favor de la ex-secretaria Clinton.

Finalmente, revisemos brevemente el papel de Bernie Sanders en su relación con Israel en sus propias palabras, recogidas por el periódico israelí Haaretz este 10 de mayo del presente en un artículo titulado “¿Cuál es la posición de Bernie Sanders respecto a Israel?[8]” Haaretz transcribe lo que la entrevistadora Diane Rehn le dijo declarativamente a Sanders respecto a que ella tenía doble nacionalidad EEUU-Isreal a lo que Bernie Sanders respondió: “Bueno, no, no tengo la doble nacionalidad con Israel. Soy americano. No sé de donde viene esa pregunta. Soy un ciudadano americano, y he visitado Israel en un par de ocasiones. No, yo soy un ciudadano estadounidense, y punto.” En el mismo artículo respondiendo al analista Ezra Klein de Vox respecto si era o no sionista dijo: “¿Un sionista? ¿Qué significa eso? ¿Podría definir esa palabra? ¿Creo que Israel tiene derecho a existir? Claro que si ¿Creo que Estados Unidos debería estar jugando un papel imparcial en cuanto a sus relaciones con la comunidad palestina en Israel? Absolutamente.” Finalmente, Sanders toca un tema que es sacrosanto en el sionismo y es el apoyo militar y económico que Israel recibe de los Estados Unidos, y dice: “…Mi esperanza a largo plazo es que en lugar de verter tanta ayuda militar a Israel, y Egipto, deberíamos proporcionar más ayuda económica para ayudar a mejorar el nivel de vida de las personas en esa zona.” Estos cometarios son extraordinariamente importantes para la causa palestina y peligrosos para el gobierno sionista de Israel. Si Bernie Sanders no hubiese sido judío ya hubiera sido atacado, como de costumbre, con las trilladas frases de anti-semita o anti-judío. El gobierno israelí–y los grupos de apoyo–optaron por ignorarlo públicamente y reducir lo más posible su aceptación entre la comunidad judía-americana. Veamos un ejemplo muy significativo: Nueva York.

El diario israelí Haaretz en su artículo aparecido el 11 de mayo titulado:” Hillary Clinton Takes Jewish Vote in New York Primaries”[9] explica lo siguiente: “Los votantes judíos constituyen entre diez y doce por ciento de los electores de Nueva York…En el distrito número 10 del Congreso –el mayor distrito judío en la nación– Clinton venció Sanders por un margen de 66 a 34 puntos porcentuales. La ex secretaria de Estado también ganó Borough Park, con el 61 por ciento de los votos. Sanders obtuvo el 39 por ciento de los votos judíos ortodoxos.”

La paradoja del cuestionamiento a las políticas colonialistas y limpieza étnica de Israel por parte de Donald Trump y Bernie Sanders han provocado, en el caso de Donald Trump, la exposición del pensamiento nacionalista de éste y el reconocimiento y aceptación de la misma por parte de un gran sector de la población americana, o más específico, el GOP. Bernie Sanders, por otro lado, es el cordero del sacrificio en el altar pro-sionista de la ex-secretaria Hillary Clinton. Pero ambos, Trump y Sanders, indican un cambio en la histórica genuflexión de América hacia Israel.

Lorenzo Orrego

mayo 10 del 2016

Santa Clara


[1] “Israel and the Clash of Civilisations, Iraq, Iran and the Plan to Remake the Middle East.”, Jonathan Cook, Pluto Press; pg. 45-48

[2] http://www.haaretz.com/world-news/1.689909

[3] El gobernador de Nueva Jersey Chris Christie se vio el año pasado obligado a pedir disculpas a Adelson (el magnate judío de los casinos) personalmente después de usar el término “territorios ocupados”, cuando el primero narraba su reciente viaje a Israel. El gobierno israelí y por extensión, la mayor parte de los partidarios de Israel en los EE.UU. no consideran Cisjordania y Jerusalén territorios ocupados.

[4] ttps://www.washingtonpost.com/blogs/plum-line/wp/2016/03/10/why-republican-attacks-on-donald-trump-are-missing-the-mark

[5] http://www.cnn.com/2016/03/24/politics/anti-donald-trump-advertising/

[6] https://www.washingtonpost.com/news/acts-of-faith/wp/2015/05/20/think-christianity-is-dying-no-christianity-is-shifting-dramatically/

[7] https://www.youtube.com/watch?v=EtfxZT_lqv8

[8] http://www.haaretz.com/jewish/news/1.671646

[9] http://www.haaretz.com/world-news/u-s-election-2016/1.715455

Advertisements
This entry was posted in Uncategorized. Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s