La tierra prometida

1. Acerca de la promesa espiritual

En estos tiempos, el aforismo de La Tierra Prometida es Israel en Palestina–sin discusión de su divinidad (para los cristianos) o creación. Una tautología que creyentes o no han aceptado como verdad. Un dogma en el judaísmo y el cristianismo por igual, basado en la llegada del Mesías para la fe hebrea, o la Segunda Venida del Mesías para los cristianos. Dos conceptos mesiánicos diferentes[1] pero que se amalgaman cuando se refiere al poder y a Israel.

En realidad la promesa de la Tierra Prometida para el cristianismo se compone de tres promesas en una. Lo natural –el retorno a la tierra prometida y el gobierno mundial– depende de la divina presencia de Dios en la Tierra. Es el Mesías en poder y esplendor, según las Escrituras cristianas, que restaurará a los hijos de Jacob e Isaac en Palestina. –Es claro que el factor determinante de esta promesa cristiana no está en el hombre, con todo el poder natural que se quiera, si no en Dios, si es que realmente se quiera creer en una promesa divina–. Para el judaísmo el Mashiach traerá la redención política y espiritual del pueblo judío al traerlos de vuelta a Israel y la restauración de Jerusalén (Isaías 11: 11-12; Jeremías 23: 8; 30: 3; Oseas 3: 4-5). Él establecerá un gobierno en Israel que será el centro de todo gobierno mundial, tanto para los judíos como para los gentiles (Isaías 2: 2-4; 11:10; 42: 1). De cualquier forma sin la presencia del Mesías o Mashiach no puede darse el cumplimento de la promesa del retorno a la Tierra Prometida. Puede parecer todo lo milagroso pero el Mesías de las Escrituras está ausente; tampoco existe la Era Mesiánica donde todas las naciones reconocen al Dios de Israel como el supremo soberano que ama la paz y la justicia. En estos años de existencia del estado de Israel las realidades del mundo indican otra cosa

Se debe recordar que en 1948–sin el Mesías–producto del esfuerzo político del movimiento sionista nace Israel y se siembra la semilla de la discordia en el todo el Medio Oriente. No la paz ni la justicia. En sus más de sesenta y seis años de existencia como estado, Israel ha provocado todas las guerras que ha enfrentado con sus vecinos –limítrofes o no– por razones de expansión territorial, limpieza étnica o para mantener su hegemonía militar y atómica en la región[2].

Si se cree que el desalojo brutal de palestinos de su tierra a manos de Israel es una “bendición espiritual”, se comete un error pues el calificativo debe ser terrorismo religioso estatal. Tiene todos los elementos para tal, (la creación sangrienta de un estado basado en profecías religiosas). Pero lo realmente trágico es que ni la memoria colectiva ni la empatía, logran hacer reconocer en el pueblo judío la magnitud de los actos de terror que sistemáticamente el gobierno israelí ocasiona. Es realmente imposible creer que es de Dios buscar desaparecer cualquier vestigio de existencia e historia del pueblo palestino en Palestina–sin recordar la propia historia y persecución judía. Preocupa, pues sabe a venganza organizada contra un pueblo inocente de perseguir a Israel. Lo que muestra sí es la naturaleza salvaje de su ‘retorno milagroso’ a Palestina. Es por ello inaudito el silencio de la denuncia que nos hace cómplices.

Israel es un arma de guerra total, no la atalaya de la ‘civilización democrática’ como lo expresara Herzl, el padre del sionismo. Excepto por los ortodoxos, todo judío está legalmente obligado a servir en la IDF–las fuerzas armada israelí– y al predicado de la desposesión y aniquilamiento étnico palestino. El sionismo secular posee una mentalidad militar antiguo-testamentaria que se resume en la aniquilación total, sin misericordia, del enemigo: hombres, mujeres, y niños; sus casas, sus huertas, sus animales, sus pueblos y el nombre de ellos en contradicción directa con la naturaleza de la promesa divina de paz y justicia. Una ‘promesa’ sin muchas promesas de voluntades y realidades.

2. La promesa en los recursos naturales

Para empezar, la tierra Palestina, en la que se asienta Israel, es pobre. La biomasa de su mar no solamente es escasa pero además se encuentra altamenteclip_image002 contaminada con químicos bélicos y residuos humanos. La inexistencia de un sistema básico de tratamiento de aguas negras en Palestina obliga a los residentes de la Franja de Gaza a descargar esos residuos directamente al mar. La UNRWA[3] denunció que la destrucción (producto del incesante bombardeo por parte de Israel este pasado noviembre) “agrava los efectos de ocho años de bloqueo del enclave de Israel. La red de agua y alcantarillado apenas funciona, y con el bombardeo sostenido, es tan buena como la destruída. Estamos hablando –continuó– de 90 millones de litros de aguas residuales sin tratar que desembocan en el océano cada día porque no hay electricidad ni infraestructura para tratarla[4]. Adicionalmente, más del noventa por ciento del agua potable de la Franja de Gaza no es apta para el consumo humano –explicó el portavoz de la UNRWA Sami Mshasha en una reunión informativa. Está en manos del gobierno israelí–es su llamado–aliviar las cadenas de la ignominia, no incrementarlas. Es pues imposible calificar si quiera de humanas, no digamos espirituales, las acciones que Israel voluntariamente ha escogido cometer contra todo un pueblo para dar cumplimiento a una promesa espiritual.

Israel, o Palestina, en el campo de la realidades, no ha sido privilegiada con yacimientos petroleros, o minerales estratégicos y no-estratégicos, tampoco con llanuras fértiles. La tierra es cardinalmente seca, y la fuente más importante de agua dulce proviene del lago Tiberias y del río Jordán[5], que comparte Israel (a su favor) con Jordania y el pueblo palestino (en su calidad de nación y no de estado). Israel explota al máximo sus recursos hídricos, con un 67% de sus aguas provenientes de fuera de las fronteras de 1948, básicamente de Cisjordania (West Bank) y los Altos del Golán, de ahí las dificultades que siempre presentan estos territorios en las negociaciones para su devolución a los palestinos y sirios[6].

¿Cómo explicar que en esta Tierra Prometida de la que debería fluir, de acuerdo a la Biblia o el Torá, “miel y leche” se muera de agua?[7] La respuesta, el Mesías se encuentra ausente. Es tiempo, por tanto, de admitir que el concepto teológico y doctrinal de la Tierra Prometida no corresponde a la presente Israel en Palestina. Es un viejo artificio político del liderazgo sionista y cristiano-sionista para asegurar el soporte del mundo occidental, especialmente del norteamericano.

3. La condición de la democracia e Israel

Sin embargo, más allá de las consideraciones religiosas o de fe, para el gobierno norteamericano la creación de Israel significó, en una primera instancia, la promoción de la democracia y del mercado capitalista internacional y por tanto la ampliación de su influencia económica y política en la región. Satisfechas estas condiciones de poder hegemónico, los EE.UU., en un cambio asombroso para una potencia mundial dominante, se transforman en el instrumento político exterior del estado de Israel[8]. La historia es clara.

Al término de la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos se erigen como “la potencia mundial”–por esa época los EE.UU. aportaban el 52 por ciento de la riqueza mundial, actualmente es alrededor del 32%– y entendió que su hegemonía dependería del mercado y de la promoción de la democracia como el sistema político del progreso. Por tanto, cuando los líderes sionistas explican su plan para la creación del Estado de Israel a Occidente y en especial a los estados Unidos, lo asocian astutamente a la creación de una democracia occidental (Israel) en el Oriente Próximo. Teodoro Herzl, el fundador del Sionismo lo vendió así: “Los judíos están listos para emprender como los portadores de la civilización (el subrayado es mío).”[9]

Los valores y principios que definen a un Occidente moderno –mercados libres en democracia capitalista– constituyen en teoría, el fundamento democrático del sistema político de Israel. Sistema ‘democrático’, sin embargo, del que no pueden participar veinticinco por ciento de sus ciudadanos ya que no son definidos como judíos[10]. Tampoco cuando intenta excluir y reducir a un segmento de su misma población judío-israelí –Israel ha admitido por primera vez que ha estado dando a inmigrantes judíos etíopes inyecciones anticonceptivas, a menudo sin su conocimiento o consentimiento[11]–. Además, los más de 100,000 judíos etíopes que desde la década de 1980 se habían trasladado a Israel bajo la Ley del Retorno, encuentran su judaísmo cuestionado por algunos rabinos. El primer ministro Benjamin Netanyahu, quien también ocupa la cartera de salud, advirtió que los inmigrantes ilegales procedentes de África “amenazan nuestra existencia como Estado judío y democrático”.[12] En cualquier otro estado estas acciones serían designadas como actitudes racistas y discriminatorias, impensables en una democracia moderna. La designación “judío”, explica el profesor e historiador judío Sholomo Sand[13], a diferencia de la designación “israelí”, no sólo no incluye a los no-judíos, sino explícitamente los excluye del cuerpo cívico en cuyo interés aparentemente existe el Estado de Israel, por ello la dirigencia sionista trata de definir el concepto judío también en términos raciales, tal restricción es profundamente antidemocrática y racista. por decir lo menos.

Israel no es el arquetipo del sistema democrático que los diferentes gobiernos norteamericanos han venido promoviendo–la directriz de sus políticas exteriores. Durante el gobierno del presidente George W. H. Bush, por ejemplo, la agencia norteamericana AID (Agency for Internacional Development) adoptó formalmente como uno de sus objetivo cardinales la promoción de la democracia, convirtiéndose además en uno de los requerimientos fundamentales para acceder a las diferentes organizaciones e instituciones internacionales de Occidente; en 1995, durante la administración de Clinton se definió la pieza central de la estrategia nacional de seguridad en la expansión de la esfera del gobierno democrático[14]en el mundo; así mismo el segundo presidente Bush, George W. Bush declaró, en el 2002 que “la libertad, la democracia y la libre empresa son el único modelo sostenible para el éxito en el mundo.”[15] El actual gobierno del presidente Barack Obama muestra la misma tendencia que sus antecesores–aunque algo más moderado. Sin embargo tal como se ha expuesto anteriormente, en los hechos, los criterios que definen el sistema democrático que promueve los EE.UU. entran en contradicción cuando se aplican a Israel –lo que no ha sido óbice para recibir tratamiento preferencial sobre otras naciones más ‘democráticas’–. Probablemente la peor carencia de esta “tierra prometida” no es el agua si no la falta de justicia que tipifica la antípoda de alguna promesa divina y la experiencia ‘democrática’, humana, en Israel.

4. El judío en su promesa y el control de su dependencia

“¿Cuál es el significado, entonces, de ser ‘judío’ en el Estado de Israel? –se pregunta Shlomo Sand, profesor israelí de la Universidad de Tel Aviv, en su libro How I Stopped Being a Jew[16]– no hay duda –añade– ser judío en Israel significa, ante todo, ser un ciudadano privilegiado que goza de prerrogativas negadas a los que no son judíos, y en particular a los árabes.–y añade– No sólo el sionismo ocupó la tierra Palestina, también ha ocupado la identidad judía”. Hay pues una contradicción fundamental no sólo entre judaísmo y sionismo, si no además entre principios democráticos e Israel.

Si la existencia de Israel, como lo reconocen los propios judíos, se debe en gran parte al inmenso poder de los Estados Unidos, ¿cómo cuadrar el aspecto espiritual o místico en esta función de dependencia (militar y financiera) e intromisión política de Israel en los EE.UU? Israel no es libre, y su dependencia no es al Dios de sus Padres, Yahve o Jehová, si no a los recursos de los Estados Unidos de América. El esfuerzo de mantener viva a Israel no es espiritual o divino si no militar y financiero. Y esto por cierto no se condice con una promesa divina.

Además, debido a esta compleja relación simbiótica entre Israel y Estados Unidos, las acciones que Israel comete se reflejan negativamente en la imagen que los EE.UU. tienen en el mundo. La revista The Economist, por ejemplo, en su edición de noviembre del 2003, señalaba que el 53 por ciento de los europeos pensaban que los norteamericanos tenían un “rol negativo” en “la paz en el mundo”, y sólo el 27 por ciento pensaban que los EE.UU. tenían un rol positivo[17]. Así mismo. Sólo el 10 por ciento del mundo islámico y árabe consideraban que los Estados unidos tenían una actitud positiva hacia los árabes en general, y palestinos en particular. Si los EE.UU. es una fuerza positiva para el bien, como la mayoría de sus líderes lo cree, entonces ¿por qué otros países no lo reconocen así? Stephen Walt añade: “¿Es simplemente envidia, el producto de odios irracionales, o por el contrario, una prudente y predecible reacción a la asimetría de poder en manos de Washington?” Lo cierto que estos interrogantes se generan paralelos al soporte indiscutiblemente superior y permanente que los EE.UU. presta a Israel y no necesariamente en favor de la paz y justicia en el mundo.

Esta tierra prometida está perdiendo la guerra de la justicia y la verdad, y ha desatado en su lugar las fuerzas de la destrucción de las endebles posibilidades de la paz en el Medio Oriente. El llamado Arab Spring, o la rebelión árabe, considerada como el inicio de la transformación democrática en la región, sólo ha producido caos. Todo el Oriente Medio se encuentra en combustión: shi’itas y sunnies, sunnies fundamentalistas (ISIS) y sunnies tradicionales (Arabia Saudita, Egipto, Jordania, y los estados del Golfo), israelitas y palestinos. Turquía, un miembro de la OTAN occidental, se encuentra acusado por Egipto y Arabia Saudita principalmente de permitir el pase “de miles de militantes por su frontera para unirse a ISIS[18].”

La paz en el Oriente Medio requiere examinar el origen de la turbulencia y los conflictos en la región, y reconocer que la creación de Israel fue una decisión humana, injusta, y cruel–no divina. Así de simple. Reconocer que el fundamentalismo religioso, llámese islamismo, cristianismo o judaísmo que las partes en conflicto esgrimen como la racionalidad de su acciones, no pueden ser parte determinantes de la solución política del Medio Oriente. La misma naturaleza de las creencias religiosas se fundamenta en indiscutibles e indisputables artículos de fe y por tanto en emociones, mientras que la racionalidad y la persuasión negociable son el ejercicio de una voluntad política más justa y humana.

Lorenzo Orrego

Santa Clara

febrero 13 del 2015


[1] El Mashiach (Mesías judío) será un gran líder político que descenderá del Rey David (Jeremías 23: 5). Él estará  versado en la ley judía, y será un fiel observador de los mandamientos (Isaías 11: 2-5). Él será un líder carismático, que inspira a otros a seguir su ejemplo. Él será un gran líder militar que va a ganar las batallas de Israel. Será un gran juez, que tomará decisiones justas (Jeremías 33:15). Pero, sobre todo, va a ser un ser humano, no un dios, semidiós u otro ser sobrenatural. La palabra “Mesías” o “Mashiach no significa “salvador” para la fe hebrea. La noción de un ser inocente, divino o semidivino que se sacrifica para salvarnos de las consecuencias de nuestros propios pecados es un concepto puramente cristiano que no tiene fundamento en el pensamiento judío. http://www.jewfaq.org/mashiach.htm

[2] El 7 de junio de 1981, dieciséis aviones de guerra israelíes fabricados en Estados Unidos bombardearon y destruyeron Osirak, el centro de investigación nuclear de Irak, cerca de Bagdad, a más de 600 kilómetros de las fronteras de Israel.

[3] UNRWA, la Agencia de las Naciones Unidas para la Ayuda a los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente, fue creado por la Asamblea General de la ONU en diciembre de 1949 y está dedicado exclusivamente al bienestar de los refugiados árabes palestinos.

[4] Reuters, http://www.reuters.com/article/2014/07/15/us-palestinians-israel-aid-idUSKBN0FK1M020140715

[5] Un informe del Banco de Israel dice que el 37% del agua disponible proviene del río Jordán y del lago Tiberiades, mientras que el resto procede de los acuíferos, que se sitúa bajo la Sierra Central.

[6] “El agua en el conflicto judio-palestino”, Edmundo Fayanás Escue http://www.rebelion.org/noticia.php?id=104996

[7] Cuando la Torá adjetiva a la Tierra de Israel como “tierra buena y amplia, una tierra que fluye leche y miel” (Shemot / Éxodo 3:8), quiere indicar que es naturalmente fértil, benéfica, saludable y productiva.

[8] Ver Lorenzo Orrego, “Al toro por la nariz: Israel el súper estado norteamericano” , https://lorenzoorrego.wordpress.com/

[9] Theodor Herzl, “A Jew State.” traducción al inglés por Sylvie d’Avigador, y en 1946 como “The Jewish State

[10] Menos ahora cuando el parlamento acaba de aprobar una ley por la que el estado israelí se constituye en exclusividad judía.

[11] The Independent, http://www.independent.co.uk/news/world/middle-east/israel-gave-birth-control-to-ethiopian-jews-without-their-consent-8468800.html

[12] The Independent, http://www.independent.co.uk/news/world/middle-east/israel-gave-birth-control-to-ethiopian-jews-without-their-consent-8468800.html

[13]Sholomo Sand, “How I Stopped Being a Jew”, Publicada por Verso, pgs. 4-6

[14] Stephen M. Walt “Taming American Power” W.W Norton & Company New York, London, p. 59

[15] Economic Report of the President 2003 (Washington, DC: U.S. Government Printing Office 2003), pgs. 214, 253-54

[16] Sholomo Sand, “How I Stopped Being a Jew”, Publicada por Verso, p. 6

[17] Ver “Standard Eurobarometer, noviembre 2003, http://europa.eu.int/public_opinion/archives.

[18]. Joe Klein,“The Path to Peace”, semanario Time, noviembre 19 del 2015

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