Respuesta a J. Orrego a mi artículo “El problema de Israel”

Acerca de tu comentario a mi artículo “El problema de Israel”. Celebro, en primer lugar, que señales que: “…es válido todo lo que dices acerca de Israel y las acciones contra los palestinos…”; tus otras palabras, sin embargo: “Sigo pensando que aúnque válido…” y “ …pero no estas siendo completamente imparcial,” amerita análisis aparte ya que es el mismo tipo de comentario proveniente de los que defienden al gobierno de Israel, apoyados no ya en factores religiosos, si no bajo una mascarada intelectual[1] que no es otra cosa que manipulación, tergiversación, o falsedad de los hechos. No creo que éste sea tu caso, por lo que me atrevo opinar al respecto.

El que digas que es “valido todo” me haría entender que estarías evaluando los hechos en el marco histórico de la ciencia política y los derechos humanos; sin embargo entras en contradicción cuando dices que sigues pensando que no estoy siendo completamente imparcial (con quién no lo sé.)

Por supuesto que las masacres que mencionas (Hebrón, Safed y Tiberiades) en contra de la población judía fueron crueles y estas acciones siempre serán reprensibles, no hay duda de ello, pero este crimen responde, lamentablemente, a los actos de extremada violencia que la población palestina y árabe ya venían experimentando a manos de los primeros judíos sionistas en Palestina. Violencia que responde al supremo principio del sionismo que es el la apropiación del total de la tierra Palestina y el desalojo de sus habitantes a cualquier precio, –primero con dinero, después con campañas de violencia y de terror propagandístico, y finalmente con masacres de poblaciones enteras. No es por tanto irracional respuestas de fuerza que, en términos políticos y de jurisprudencia mundial, son entendidos como “reacciones de resistencia a acciones de ocupación violenta.” Esta dinámica históricamente irresuelta de opuestos genera terrorismo institucionalizado en las partes, a no dudar. Todas las formas de violencia humana tienen el potencial de convertirse en acciones terroristas, por eso la necesidad de la denuncia, la discusión y el debate públicos honestos ya que éstas apuntan, través de la movilización y ocupación popular, al control político y militar del carácter del conflicto, del israelí-palestino en este caso.

Si bien la guerra es reprochable, la guerra permanente, como la practicada por el gobierno israelí contra la población palestina, lo es aún más pues indica que se la ha tornado deliberadamente en un instrumento político de largo plazo. No se puede seguir pensando (usando tus palabras) en los hechos de violencia como hechos sin contexto histórico y político. El sionismo ha sido y es una doctrina de violencia y discriminación extrema. El gran historiador judío Ilan Pappé[2] señala que “es un mito el que se diga que Israel (o el sionismo) haya planeado una ocupación pacífica de Palestina”, y añade respecto al derecho de la resistencia: “desde el principio, Israel ha reaccionado con brutalidad castigando colectivamente a la población palestina por cualquier manifestación de resistencia.” No se podría argumentar, sin embargo, que el terrorismo es siempre la respuesta de una de las partes a actos de violencia cometidos por la otra por que hay un tipo de terrorismo mucho más vil y es la que responde a planes políticos, y no a la violencia misma.

Actualmente se habla de Hamas y del ‘uso de la población civil’ para sus actos de violencia (cargos que no se han podido corroborar por observadores neutrales) en contra de Israel. Sin embargo, no se discute como los sionistas usaron el sufrimiento de los propios judíos para la consecución de sus planes políticos. Serios historiadores han documentado como los líderes sionistas sabotearon los esfuerzos para encontrar refugios en América para los judíos de la Alemania nazi, con el objetivo de convencer al mundo que el único lugar seguro para las victimas es tener un estado judío.[3] Harry N. Howard, funcionario del Departamento de Estado escribió: “Ellos [los sionistas] querían una solución política no necesariamente una solución humanitaria.[4] El periodista Erskine B. Childers, hijo del que fuera primer ministro irlandés, escribió en el Spectator en 1960: “El sionismo deliberadamente dispuso que la difícil situación de los desgraciados supervivientes del hitlerismo fuera un ‘argumento moral’ que Occidente tendría que aceptar.” Si esto es el uso indirecto del terrorismo, veamos el uso directo del mismo contra los judíos por parte del sionismo. La dirigencia sionista en su intento de poblar Palestina con judíos buscó la ayuda de los líderes religiosos de la región, entre ellos las de Irak. Según palabras del jefe rabino de Irak de entonces: “los judíos y árabes vienen gozando desde hace mil años de los mismo derechos y privilegios, y no se ven como partes separadas de esta nación,” y añade “los judíos de Irak estarán siempre en contra del sionismo.”[5] Los sionistas trabajaron para cambiar aquello y encubiertamente atacaron a judíos iraquíes a fin de inducirlos a ‘huir’ a Israel. Se distribuyeron folletos con información falsa para provocar el terror entre la comunidad, y se plantaron bombas en las sinagogas, no sólo en Irak, si no en los EE.UU., con la intención de presentar a los iraquíes como antiamericanos y de aterrorizar a los judíos.[6]

Por otro lado, no se ajusta a los hechos decir “… en Israel viven 1,8 millones de árabes con nacionalidad israelí con todos los derechos y deberes igual que si fueran judíos, que participan en la vida social y política del país, respetándosele su religión y costumbres y no son considerados ciudadanos de segunda clase…” Esta afirmación carece del respaldo que dan no sólo los hechos verificables, si no además, se opone a la doctrina sionista de definir a Israel como un estado para judíos. El profesor Bernard Avishai en su libro “The Tragedy of Zionism” señala, usando las palabras de Yet Sapir, líder del partido judío Mapai “que un estado judío integrista, sin árabes era (es) el objetivo básico del sionismo.” Además, tu comentario podría interpretarse como que la población israelí es homogénea, monolítica, y hasta religiosa, lo que no se ajusta a los hechos. Avishai, afirma, “En realidad, Israel se ha convertido en un mosaico de cinco tribus distintas desde 1985[7].”

La miembros de la tribu número uno son altamente educados que descienden del antiguo partido europeo laborista-sionista; en general ocupan las más altas posiciones no solamente en el aparato burocrático del país, si no principalmente en el militar; tienden a sentirse superiores y por tanto discriminar en contra otras ‘tribus” judías y no judías. La tribu judía número dos es la menos educada y se compone de la pequeña burguesía y la clase trabajadora de Israel, son procedentes de África y de estados árabes, viven al borde de la pobreza y sus ánimos políticos se activan fácilmente; no se oponen a la paz con Palestina, si no a los cambios socio-económicos negativos que un proceso de paz podría depararles. La tribu número tres, que agrupa a una gama de judíos ortodoxos bastante amplia, quiere un estado de exclusividad judía, y una verdadera igualdad para los árabes israelíes les parece una anomalía; han sido exonerados del servicio militar obligatorio y de la actividad productiva de la nación, y por tanto viven del soporte económico del estado La tribu número cuatro, compuesta de rusos, tiene el mayor nivel de educación respecto a otros inmigrantes; un número pequeño de ellos practica el judaísmo como religión, y vinieron a Israel no atraídos por el sionismo o la práctica religiosa, si por el sistema de vida occidental que el sionismo promueve; han elevado los estándares israelíes de la música, ciencias, artes e ingeniería; una tercera parte de ellos trabaja en las áreas de las ciencias de la computación e ingeniería en general; y a la falta de una histórica identidad sionista y/o religiosa, se han volcado a los símbolos nacionalistas, como la posesión exclusiva judía de Jerusalén y Palestina, para facilitar su integración y asimilación nacional.

La quinta tribu no es judía, si no, compuesta de ciudadanos árabes en Israel (se llaman así mismos “ciudadanos israelí palestinos”) que en la práctica resulta en una ciudadanía de segundo o tercer orden; aunque gozan del derecho al voto, están groseramente mal representadas en las universidades, la administración pública, y la vida profesional. Se les prohíbe participar en el servicio militar; y a pesar de que representan el 20% de la población, su contribución a la economía y la vida social tiende a ser restrictiva, les es muy difícil, por ejemplo, vender sus tierras a no-judíos (es decir a ellos mismos); su ingreso per. cápita es aproximadamente la mitad de los judíos, y se les tiene entre otras limitaciones, prohibido el matrimonio interracial (con judíos básicamente.) Generalmente tienden a pagar serias consecuencias con la permanente polarización palestino-israelí.

Por otro lado, si bien no menciono explícitamente en este artículo “…el verdadero origen del problema y que fue, el mal planeamiento y desastroso diseño de las fronteras que propuso Gran Bretaña a la ONU…”, según tus palabra, sí lo hago en mi ensayo “Al toro por la nariz.” Tu comentario, sin embargo, pareciera indicar que Gran Bretaña decidió autónomamente la creación de Israel y Palestina sin la debida evaluación de las condiciones reales de la región, lo que es sencillamente incorrecto. La Primera Guerra Mundial abrió en concreto las puertas de la creación de Israel. La Declaración de Balfour (1917), que fue la afirmación formal del gobierno británico en la que se declaraba en favor de “un hogar nacional judío”, fue el pagó del Reino Unido al sionismo por facilitar que los renuentes EE.UU. participaran en esa guerra (Alison Weir, p.18). Investigadores han llegado a la conclusión, inclusive, que este documento fue básicamente redactado por la dirigencia sionista,[8] –su autor, Leopoldo Amery, un oficial británico era, secretamente, un ferviente sionista. Finalmente, la Segunda Guerra Mundial, debido al Holocausto y a la presión política, materializó el objetivo sionista de una nación judía en Palestina,.

Finalmente, respecto a tu pregunta “¿por qué si se crearon esos países se le va a negar la existencia a un estado Judío?”, permíteme transcribir lo que Alison Weir anota en su libro “Against Our Better Judgement”:

La realidad es que durante décadas, la política exterior estadounidense y los expertos en defensa se ​​opusieron a apoyar la creación de Israel. Igualmente se opusieron a la masiva financiación norteamericana y al apoyo diplomático que sostendría el establecimiento forzado de un estado, proporcionándole un cheque en blanco para su expansión agresiva. Éstos [expertos] simplemente fueron neutralizados y eventualmente sustituidos.”

La creación de los estados como Jordania (o Tranjordania) como tú mencionas, responden a una dinámica completamente diferente a la de Israel, y merecería un análisis aparte. Lo que sí debe quedar en claro es que Israel fue planeada y creada, en total secreto, básicamente por judíos sionistas occidentales usando países occidentales, y sin la presencia, voz y voto de los pueblos de la región –judío, palestino, árabe, cristiano–, en contra de opiniones de expertos provenientes de múltiples fuentes: diplomático, defensa, económico, étnico, y hasta religioso. Por está razón Israel no puede llamarse una nación judía si no sionista, y su creación es sólo parte de su plan máximo, la otra, es la posesión absoluta, si no total, de la mayor área posible de Palestina. Consecuentemente, el problema judío-palestino debe entenderse como legal y político. La historiadora judía Naomi Cahonen escribió en el 2003: “Sin el soporte financiero y sin la presión política de los judíos americanos…Israel no habría nacido en 1948.” Este comentario no sólo reconoce los precedentes del problema palestino, si no además la vía de su solución: Estados Unidos de Norteamérica.

Tu aseveración de “…que por lazos religiosos [los judíos] se han sentido siempre atraídos por ese lugar…” tampoco es cierta. Al término de la II Guerra mundial, la mayoría de lo sobrevivientes judíos de Europa prefirieron emigrar a los EE.UU. y no a Israel –como anteriormente lo señalo– invalidando en los hechos el argumento de ‘una tierra para los perseguidos y sobrevivientes que anhelan su propia nación’. Es más, el sionismo buscó infatigablemente, aunque pocos lo hicieron,[9] atraer a los judíos norteamericanos. Le ofrecieron, por mencionar un caso, la presidencia de la naciente nación a Albert Einstein, pero éste declinó.

Es fácil entender el ‘desenganche’ emocional, material e histórico de la diáspora judía con respecto a Palestina o Israel. Muchos historiadores sostienen que aunque hubo otros exilios forzados, la dispersión judía que determina la diáspora judía moderna (el segundo exilio) se produjo en el año 70 d.E,C cuando el general romano Tito (futuro emperador) derrotó una revuelta judía y destruyó el Segundo Templo de Jerusalén. Un número aún mayor de judíos sería expulsado de Judea después de haber sido aplastada la rebelión de Bar Kojba en el año 135 d.E, C. Desde entonces los judíos se dispersaron por todo el Imperio Romano y, posteriormente, por el mundo.

Las preguntas en todo caso son: ¿al cabo de casi dos mil años, un pueblo que poseía únicamente el 2% de la tierra a mediados de 1948, y que esperaba (o espera) al Mesías para la edificación de Israel, tiene todavía derechos sobre casi la totalidad de una tierra que ha sido habitada continua y mayoritariamente (96%) por otros pueblos, tierra además que históricamente, podría decirse, no habitaron? ¿Por qué no se respetó, en todo caso, al término del Imperio Otomano, el derecho de la libre determinación de los pueblos, derecho reconocido en la Carta de las Naciones Unidas, y los EE.UU.? ¿Y qué de otros pueblos, también se les debería reconocer ese mismo derecho?

Lorenzo Orrego

Santa Clara

13 de agosto del 2014


[1] Un ejemplo patético de manipulación intelectual es la del profesor Alan Dershowitz con su libro “The Case for Israel”

[2] Noam Chomsky and Ilan Pappé “Gaza in Crisis, Reflections on the U.S.-Israeli War on Palestinians”, p. 11

[3] Alison Weir, “Against Our Better Judgments” p. 29

[4] Richard D. MacKinzie , “Oral history Interview with Harry N. Howard,” Truman Library , Washington D.C., June 5,1973, http://www.trumanlibrary.org/oralhist/howardhn.

[5] Lilienthal, “What Price Israel”, p.151

[6] Wilbur Eveland, “Ropes of Sand: America’s Failure in the Middle East” (London: W,W Norton, 1980) p.48

[7] Bernard Avishail, “The Tragedy of the Zionism” p. 358

[8] William D Rubinstein “The Secret of Leopold Amery ”

[9] Alison Weir, “Against Our Better Judgment”, p.29: “El caso más extremo de explotación sionista del antisemitismo para fomentar su caso se produjo durante la subida de Adolf Hitler … que esperaban que la “hora de la tribulación y de angustia” facilitaría el aumento de la inmigración judía a Palestina”

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One Response to Respuesta a J. Orrego a mi artículo “El problema de Israel”

  1. Jose Orrego says:

    Ese es el precio que paga y tendrá que pagar Israel, a una política muy definida de lo que es apropiarse de territorios e ir arrinconando a los palestinos, el estar permamentemente en estado de alerta o guerra., pero sigo pensando y esto es hablar de supuestos que si Israel hubiera mantenido sus limites y respetado como fueron definidos en 1948, tarde o temprano la guerra se hubiera iniciado, Porque parto de que esa delimitacion hecha por la Gran Bretaña y aprobada por la ONU, es absurda y no tiene ni pies ni cabeza, hasta ahora no se que criterio utilizaron para llevarla a cabo o si se sentaron con los líderes de aquel entonces para llegar a un acuerdo que garantizara una paz duradera , o era el apuro de los inglese de largarse de esa zona y liberarse de esa papa caliente que tenian entre manos.

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