Al toro por la nariz

Al toro por la nariz: Israel el súper estado norteamericano

Inicio este documento convencido de que si llegara a publicarse en los Estados Unidos o se hiciera de alguna manera del dominio público (norteamericano) –poco probable dados los velados pero efectivos mecanismos existentes para restringir cualquier crítica a la relación israelí-estadounidense– sería tomado como un líbelo en contra de Israel, en el mejor de los casos, o un ataque antisemita y racista en el peor. Nada más alejado de la verdad. Creo fervientemente que Israel tiene derecho a la existencia, la libertad y el progreso como cualquier otra nación en el mundo. Creo además, que si callara la realidad de los hechos acontecidos, y desestimara las conclusiones a la que muchos estudios independientes han llegado acerca del problema en el Medio Oriente, invalidaría mi convicción de respeto a los Derechos Humanos Universales, además por cierto, de negar mis creencias cristianas, al extremo de la cobardía. Pero sobre todo, soy consciente de que nada ni nadie debe interferir con la denuncia y la lucha en defensa de los derechos humanos, cualquiera que sea el pueblo. Los hechos (y la historia) señalan que Israel viene librando una sangrienta, feroz y desigual guerra de ocupación contra el pueblo palestino, cuyos fundamentales derechos humanos son, de facto, sistemáticamente violados con absoluta impunidad por parte de la comunidad mundial, y cuya fecha final es difícil anticipar.

El objetivo del título de este ensayo es destacar dos hechos cardinales de la política exterior (e interior) de los Estados Unidos. La primera, el poderoso toro, el país del norte del continente americano, los Estados Unidos, es manejado, literalmente, en extrema docilidad por un grupo algo pequeño y diverso pero bastante cohesionado que responde en buena parte a intereses ajenos y/o foráneos, y hasta opuestos a los de Norteamérica misma. En este grupo se encuentra el lobby israelí, los diferentes grupos de intelectuales conocidos como neoconservadores (muchos de los cuales también pertenecen o responden al lobby), el mismo gobierno israelí, la prensa, y finalmente, una creciente gama de iglesias cristianas teológicamente conservadoras y fundamentalistas que sirven como caja de resonancia de las posiciones ideológicas de los anteriores. Iglesias que funcionan además, como un mecanismo de contención a la discusión política del problema palestino, y de agitación en favor de la causa israelí, basándose caprichosamente en predicamentos teológicos y bíblicos discutibles. En segundo lugar, pretendo resaltar cómo los diferentes gobiernos israelíes, gracias a la promoción y conservación de un estado de guerra permanente en el Medio Oriente, han hecho de Israel, nominalmente, el prevalente quincuagésimo primer estado de los Estados Unidos.

Esta situación de guerra permanente no es reciente. Solamente desde 1948 hasta el 2000, Israel ha librado 6 guerras contra otros estados, involucrándose en 3 guerras civiles de otros países y envuelto en más de 144 confrontaciones conocidas por la sigla MIDs (dyadic militarizad interstate disputes) que se refiere a amenazas, o uso de acciones militares sin llegar a la guerra misma. Esta racionalidad bélica, muy enclavada en la mentalidad de los diversos líderes israelíes, no es consecuencia –en su relativamente corta historia como nación– de su dispar entorno geopolítico, cultural, poblacional, económico, o religioso, si no por el contrario, fue (y es) un mecanismo estratégico, concebido por los líderes israelíes desde antes de su creación como nación, como modo de acción, movilización y formación nacional. Doctrina que se inculca y desarrolla al tiempo de servicio militar obligatorio de la población judía. En una reunión del primer ministro Ben Gurion (padre y fundador de Israel) con sus comandantes, previa a la guerra de independencia, señalaba: “En cada ataque [contra los árabes] es necesario darles un golpe decisivo, arruinar el lugar, y arrojar a sus habitantes. [1]” Esta expresión es más que el reflejo táctico-estratégico de una guerra. Es una posición bélico doctrinal absolutamente clara. Esta actitud bélica se emplea como elemento de cohesión nacional, como instrumento de expansión territorial, y apalancamiento en la adquisición de recursos financieros extremadamente favorables (ayuda económica, préstamos significativamente blandos, donaciones, entre otros), así como la adquisición de material bélico de la más alta tecnología, comparable sólo a la que posee los EE.UU.

Zeev Maoz señala claramente en su libro “Defending the Holly Land” que todas las guerras en las cuales Israel se ha visto involucrada, (con la posible excepción de la 1948, la Guerra de la independencia o “Milhemet Ein Brerah” como se le conoce en Israel) fueron producto de un deliberado diseño agresivo –además de haber sido evitables. Maoz señala que todas esas guerras fueron de elección (o de locura), añadiendo así mismo que el uso estratégico del LIC (low-intensity conflic) enfatizaba (o enfatiza) el predominio escalado y excesivo de fuerza bélica. Ahron Bregman en su libro “Israel’s Wars, 1947-93” indica que: “La verdadera intención de los judíos fue obtener la totalidad de Palestina (incluyendo las partes asignadas a los árabes)…primero se tomaría lo que las Naciones Unidas les estaba otorgando, después se expandirían por la fuerza.” Esta afirmación es reafirmada por el mismo Ben Gurión que en una carta su esposa[2] escribía: “Establecer un estado judío de inmediato, aún si no es en toda la tierra [Palestina] en su totalidad…el resto vendrá en el curso del tiempo.” No se requiere de mucho esfuerzo para establecer las similitudes y paralelos en las apropiaciones por la fuerza de las áreas palestinas al inicio del estado israelí, y las que suceden en la Franja de Gaza, el West Bank en Palestina, y Los Altos de Golán en Siria en la actualidad.

Las guerras y solo ellas han permitido a Israel incrementar el territorio original otorgado por las Naciones Unidas hasta las dimensiones actuales. Los líderes militares emplearon el término “estado de sitio permanente” para facilitar el manejo, militar, no político, de la nación. La mentalidad militarista permea todas las estructuras en Israel. Los militares no sólo hacen la guerra, si no que además, al tiempo de su retiro del servicio activo, pasan a engrosar las estructuras ejecutivas y administrativas de la nación. En el transcurso de sus sesenta y seis años de historia, señala Maoz[3], Israel ha tenido doce diferentes primeros ministros, y trece diferentes ministros de defensa. Tres de los primer ministros y siete de los ministros de defensa fueron militares, además, muchos de los oficiales en retiro mantienen acceso a carteras en otros ministerios y oficinas gubernamentales de importancia. La sorpresa es que esta tendencia de copar cargos políticos-administrativos al término del retiro militar, cuando los militares se encuentran en sus cuarentas, no ha disminuido, si no por el contrario ha aumentado. Por consiguiente, cualquier intento de cambio de política interna o externa, debe pasar primero por el implícito tamiz del criterio militar. La capacidad de negociación no se articula bien con el negocio de la guerra, y la esperanza de una paz negociada con Palestina se vuelve, en estas condiciones, una irrealidad con repercusiones de pérdida de credibilidad no ya para Israel, sino para los Estados Unidos en especial. Veamos por tanto en forma objetiva un caso de esta estrategia de fuerza indiscriminada por parte de Israel, que afecta la estabilidad en el Medio Oriente y el resto del mundo en general.

La raíz de conflicto actual entre Israel y Siria radica en los territorios del Alto del Golán que Israel tomó de Siria en la guerra de 1967 y que de hecho anexó al hacer extensiva la ley israelí sobre los mencionados territorios. Cerca de ochenta mil ciudadanos sirios fueron arrojados de sus casas, y más de dieciocho mil colonos judíos viven actualmente en treinta y dos asentamientos y en una ciudad [4] en Siria. A este punto es imprescindible identificar las raíces de esta conflagración llamada la Guerra de los Seis Días.

Maoz señala: “Las raíces de la Guerra de los seis días se encuentran tanto en eventos estratégicos como políticos que tomaron parte en Israel al final de los años 50 y al principio de los 60[5]”, y no a la ‘amenaza’ de exterminio del pueblo israelí, tal como siempre es presentada. En primer lugar, esta guerra se ajustaba a la doctrina bélica israelí de expansión territorial, y segundo, con el fin de desviar la atención de los problemas internos, el liderazgo israelí hizo uso de la teoría de distracción de la guerra. Era evidente que la economía israelí se había estancado, (la tasa media de crecimiento iba en claro descenso, del 6 por ciento anual en la década de 1960, a 2 por ciento en 1966, y 0 por ciento en 1967[6]) que generaba visibles descontentos en la población; segundo, la decisión de Israel de embarcarse en un proyecto de fabricación de armas nucleares que absorbía ingentes recursos nacionales en un momento de estagnación nacional; tercero, el proyecto sirio de desviación de las aguas del río Hatzsbani que el gobierno israelí no estaba en disposición de discutir a través del ejercicio diplomático internacional; y, finalmente, los cambios políticos al interior de Israel por la decisión de Ben Gurión de retirarse como primer ministro, ocasionando cierto vació, desconcierto, y roce político interno.[7]

Siria nunca ha sido, ni es, una seria amenaza militar a los EE.UU. o a Israel, Una simple razón: su presupuesto de guerra ha sido siempre ínfimo comparado al de Israel. Además, Siria entendía que el único perdedor en una continua confrontación bélica (contra los Estados Unidos o Israel) era Siria misma. Assad estaba más preocupado por cierta inestabilidad política interna generada en gran parte por bin Laden, que con Israel. Siria y al Qaeda son acérrimos enemigos mayormente porque su fenecido líder Osama bin Laden y sus seguidores son Sunni fundamentalistas islámicos, mientras Assad era el líder Shia de un estado laico. Es más, la fracción Siria del Muslim Brotherhood [8] ha estado combatiendo a este gobierno secular Ba’thista por más de veinte años. Dicho esto, fácil es entender que tanto Damasco como Washington compartían o comparten un común enemigo en al Qaeda; por esto, a raíz del ataque 9/11 en los EE.UU., Siria empezaría a proveer inteligencia acerca de la organización al Qaeda.

Se podría argüir, como efectivamente muchos lo hacen, que Siria apoyaba (o apoya) a los insurgentes en Irak. Hay sin embargo muy poca evidencia que soporte esta afirmación por ello la administración Bush no levantó cargos contra Siria, mas si contra Irán por su apoyo a los rebeldes en Irak. Aunque Bush no incluía a Siria en su ya famoso “ejes del mal,” si la definió, bajo presiones del gobierno israelí y el lobby pro israelí, como un“rogue country” (en el sentido de un país o estado manejado por un régimen autoritario que restringe severamente los DDHHs, que promueve el terrorismo, y que busca la obtención de armas de destrucción masiva). Esta definición de Siria por parte de los EE.UU., apuntaba, lamentablemente a no otra cosa que lastimar cualquier posibilidad de una relación menos beligerante entre ellos. Assad, padre del presidente sirio actual, no deseaba convertirse en enemigo de los EE.UU. pues tal como Flynt Leverett, ex funcionario de la administración Bush sostenía correctamente: “la mejora de la relaciones con los Estados Unidos e Israel eran críticas [para Assad] de cara a sus ambiciones de reformas internas a largo plazo”[9]. Razón por la cual Assad desde al año 1990 estuvo activamente buscando un acuerdo de paz con Israel. En 1994 este acuerdo se vio a punto de materializarse con el primer ministro israelí Yitzhak Rabin, quien aceptaría en principio la devolución de todo los Altos de Golan a Siria como reciprocidad por una total normalización de las relaciones entre estos dos países.

Desgraciadamente Rabin moriría asesinado a manos de un fundamentalista judío en Israel y los sucesivos primeros ministros estuvieron cada vez menos interesados en la devolución de estos territorios y en la consecución de una paz justa y duradera, especialmente Sharon, Barak, Olmert, y Netanyahu. Esta actitud de Israel cambió para peor la relación sirio-israelí y a su vez minó severamente la de los Estados Unidos con Siria, en un tiempo en que el gobierno americano se abocaba en la detención y eliminación de Osama bin Laden y necesitaba aún de Siria para su ubicación, si no además, porque necesitaba de aquel país para ayudarlo en su conflicto con Irak.

De haberse concretado la paz sirio-israelí, Siria se habría visto en la necesidad contractual de cortar su apoyo a las organizaciones que los mismos Estados Unidos e Israel denominaban extremistas: Hezbolah, Hamas y los islamistas Jihad. En el caso específico de Hezbolah, éstos al perder el apoyo de Siria habrían tenido mucho más problemas para ser abastecidos de armas por Irán. La CIA y el Departamento de Estado habían sido vocales en su oposición a una confrontación con Siria a la que calificaban de estratégicamente imprudente. Israel y el lobby tomaron una posición totalmente opuesta y ganaron, Bush no pudo apresar a bin Laden y el nivel de violencia aumento drásticamente. Los EE.UU. perdieron, e Israel ganó los Altos de Golán (temporalmente).

Vale la pena acotar que varias figuras importantes del lobby ya habían puesto la mirada en Siria mucho antes del ataque a las Torres Gemelas de Nueva York. Daniel Pipes y Ziad Abdelnour[10] fueron co-autores de un reporte en mayo del 2000 que pedía a los EE.UU. hacer uso de fuerza militar para forzar a Siria a remover sus tropas del Líbano, a deponer sus armas de destrucción masiva (WMD) y obligarlo a detener su apoyo al terrorismo[11]. Esta demanda de intervención bélica recibió el apoyo directo de numerosos neoconservadores como Elliot Abrams, Douglas Feith, Richard Perle, además de un gran número de legisladores norteamericanos. Lamentablemente, la mayoría de lo que el lobby y el grupo neoconservador aspiraban lograr, hubiera podido conseguirse con el ejercicio de la diplomacia y el objetivo de la paz, de haberse consumado el tipo propuesta de paz que el primer ministro israelí Rabin y el presidente Assad estaban dispuestos a firmar: sin disparar un solo tiro, sin arriesgar la vida de civiles y militares, y sin hacer uso de los recursos del Tesoro americano (y sirio). Además, probablemente, las tensiones internas (y externas) que actualmente experimenta Siria no se habrían manifestado, amén de un mayor grado de seguridad nacional para Israel y los intereses norteamericanos.

En la ausencia, ya histórica, de una firme intención de solución política negociada por parte de Israel y de los EE.UU. en la consecución de la paz en la región del Medio Oriente, se ha facilitado la radicalización y polarización de las fuerzas islamistas a las que aquellos han estado combatiendo. Los tradicionales grupos llamados terroristas, las fronteras y los intereses nacionalistas tienden en la actualidad a disolverse e integrarse en un fenómeno político mayor y más complicado para todos.

Al respecto, un nuevo grupo de militantes islamistas ha hecho recientemente su aparición en la región, la sigla con las que se le conoce es: ISIS —Islamic State of Iraq and Greater Syria. Michael Crowley en la revista Time en su número de junio 20 del 2014 en su artículo titulado “Iraq’s Eternal War” explica que este grupo que sigue una corriente Sunni del Islam mucho más radical, ha venido arrasando durante el mes de junio el norte de Irak. Crowley añade que ISIS ha tenido una marcha veloz desde Siria (en la que combatía las fuerzas gubernamentales de Assad) hacia Irak –lugar donde se perdieron 4,500 vidas y se gastaron cerca de un billón (trillón en inglés) de dólares en el vano deseo de establecer un estable gobierno democrático simpatético a los intereses occidentales (e israelí.) Crowley explica que ISIS intenta establecer un califato islamista basado en el reinado del profeta Mohammed o Mahoma. ISIS, Crowley continúa, es al momento el más peligroso grupo islamista pues ha influenciado una ‘guerra santa’ que se extiende de Pakistán pasando a través del Medio Oriente en su marcha hacia el norte de África.

Oportuno es mencionar que al principio del año en curso diversos comentaristas e intelectuales neoconservadores, medios de prensa, y políticos conservadores irrestrictos defensores de Israel (Dick Cheney, John McCain entre otros) criticaban duramente al presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, por su oposición a involucrase directamente en el conflicto interno de Siria, y por su renuencia a armar a los rebeldes, ahora identificados principalmente como pertenecientes al ISIS. Estos políticos, al igual que el lobby e Israel, esperaban que los EE.UU. desarrollara una (nueva) guerra por encargo contra Siria a favor de Israel, aún en contra de los intereses norteamericanos. El lobby, recordemos, esperaba, casi demandaba, que los Estados Unido, en vista de los trágicos momentos de la Torres Gemelas, se enfrentara bélicamente no solamente a Siria, sino igualmente a Libia, e Irán al término de su ‘veloz victoria’ en Irak.

La negativa histórica de Israel a establecer convenios de paz justos y duraderos en la región, el soporte irrestricto de parte del lobby y los grupos neoconservadores, los diversos gobiernos norteamericanos –democráticos y republicanos por igual– por mantener el status quo y la guerra permanente que Israel lleva a cabo en la región (además claro está la obstinada miopía e incapacidad política de muchos líderes árabes y musulmanes), han creado las condiciones de una complicadísima situación política que erosiona la estabilización regional y afecta la seguridad y los intereses norteamericanos e israelíes por igual. De un conflicto entre países, se estaría pasando a lo que Reza Aslan denomina una “guerra cósmica” o religiosa en la cual se cree Dios se alinea a favor de un lado sobre el otro.[12] Se puede vencer físicamente a un país, pero es imposible, sin embargo, derrotar pasiones ideológicas o religiosas con las armas.

Más adelante se intentará un análisis, aún incipiente, del papel que las iglesias cristianas fundamentalistas prestan al discurso político de los EE.UU. cuando agitan obstinadamente las banderas de la guerra cósmica contra el mundo musulmán. Probablemente esta actitud es inconsciente, pero en todo caso está muy alejada del fundamento cristiano, de justicia, paz y amor presentes en los mismos evangelios que estas iglesias manifiestan seguir, pero se alinea muy cerca a la agresiva actitud bélica de Israel. Por el momento echemos un vistazo algo rápido al papel preponderante que el lobby pro Israel juega en el manejo de la política exterior de los Estados Unidos de Norteamérica.

En la búsqueda de investigaciones independientes y científicamente serias sobre el papel que el lobby desempeña en los procesos de construcción y toma de decisiones políticas del gobierno norteamericano, me encontré con una orfandad alarmante de relevante material investigativo, independiente de pasiones ideológicas. Sin embargo, existen cuatro o hasta seis serias investigaciones que se erigen sobre la gran cantidad de material seudo científico o propagandístico a favor o en contra del papel del lobby, de Israel o Palestina. En algunos casos, ciertos investigadores político-sociales se limitan al estudio del caso de Israel y su relación con los países o pueblos con los que éste se ve involucrado, mencionando de manera muy tangencial al lobby, o simplemente no lo hacen en absoluto. Por otro lado, aquellos investigadores que logran publicar sus investigaciones criticando al gobierno norteamericano, israelí, o al lobby mismo son dura e injustamente criticados, además de ser acosados incansablemente, como lo fue con el ex-presidente Carter por su libro “Peace Not Appartheid” ; Edward Seid, de reconocida trayectoria literaria y que fuera profesor en la Universidad de Columbia hasta su temprana muerte, por sus múltiples artículos y ensayos, especialmente por su libro “From Oslo to Iraq, and the Road Map”; Zeev Maoz, profesor de ciencias políticas de la Universidad de California en Davis, además de ex jefe de la Escuela de Postgrado de Gobierno y Políticas del Centro Jaffee de Estudios Estratégicos de la Universidad de Tel Aviv, y ex director del Programa de Maestría en la Universidad de Defensa Nacional de la Fuerza Armada de Israel, por su libro “Defending the Holly Land, a Critical Análisis of Israel’s Security & Foreign Policy”; John J. Mearsheimer, acreedor de la honorífica distinción R. Harrison por servicios distinguidos como profesor de Ciencias Políticas y codirector del Programa sobre Política de Seguridad Internacional en la Universidad de Chicago, coautor del libro The Israel Lobby and U.S. Foreign Policy” con Stephen M. Walt quien es Profesor de Relaciones Internacionales de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard, entre los más destacados.

Dadas sus distinguidas participaciones en política (Carter), y en importantes centros académicos de investigación, estos pensadores e investigadores no pudieron ser silenciados aunque no escaparon a las durísimas críticas e insultos por parte de los neoconservadores, el lobby, y autoridades israelíes, hasta el punto de ser calificada como abierta persecución política y profesional (el lobby, por ejemplo, buscó incansablemente que la cátedra de Edward Seid le fuera revocada, los estudiantes lucharon en su favor y prevalecieron.) Otros estudiosos menos conocidos no pueden lograr que sus investigaciones vean la luz pues las casas editoriales no desean verse acosadas por las efectivas fuerzas de amordazamiento que aplica el lobby y los neoconservadores.

Al respecto, haciendo una revisión del contenido de los noticiarios, programas políticos (llamado correctamente “shows”), mesas redondas etc. de la televisión norteamericana por cable –CNN, ABC, NBC, MSNBC, Fox, etc., y la radio — durante los últimos veinte años, no se puede encontrar algún espacio dedicado a la discusión seria, independiente y abierta del lobby o de la política israelí en relación al conflicto palestino. Si el problema israelí-palestino o árabe-israelí debe ser citado, producto de una necesidad coyuntural concreta, siempre es a través del ángulo que el lobby y los líderes neoconservadores han avanzado y hecho público. Cualquier desviación de este guión a manos de comentaristas políticos, políticos de cualquier bancada, o miembros del gobierno en turno, activa de inmediato al lobby a ‘convencer’ al individuo de su ‘error interpretativo’, o de su falta de ‘hechos concretos’ para analizar ‘imparcialmente’ el hecho en cuestión, resultando finalmente en una ‘rectificación’ o clarificación al comentario u opinión recientemente vertida.

Veamos un ejemplo, el congresista demócrata por Maryland, Christopher Van Hollen segundo en comando después de Nancy Pelosi, jefa de la minoría de la Casa de Representantes, escribió una larga carta el 30 de julio del 2006 a la de entonces secretaria de estado Condoleezza Rice, a raíz de la segunda guerra que Israel libraba contra Líbano, urgiéndola a que llamara a un alto inmediato al fuego a las partes, seguido por una rápido desplazamiento de una fuerza internacional en el sur del Líbano. Fundaba sus razones, entre otras, en lo siguiente: “La respuesta [bélica] de Israel….ha ido más allá del aniquilamiento de las posiciones militares de Hezbollah, creando una inmensa destrucción de la infraestructura civil libanesa…Como resultado del bombardeo israelí, con el apoyo de los EE.UU., se ha transformado la cólera que el pueblo libanés habría tenido contra Hezbollah en una creciente hostilidad hacia Israel y los Estados Unidos…”[13]

El lobby se puso furioso con Van Hollen por haberse atrevido a criticar a Israel. Se movieron inmediatamente para manifestarle que nunca debió haber escrito dicha carta. Van Hollen se reunió con varios organizaciones judías, entre ellas el AIPAC (el más fuerte lobby pro israelí) y el congresista inmediatamente se disculpó públicamente, diciendo: “Lo siento si mi fuerte crítica a la administración Bush ha sido interpretada como una crítica a la conducta de Israel en la presente crisis, ciertamente esa no fue mi intención”[14] después de esta disculpa pública, el congresista realizaría un viaje (de contrición) a Israel por cinco días acompañado por empleados del AIPAC en la que reiteraría su inquebrantable apoyo a Israel. El objetivo, por supuesto, no fue solamente castigar a Van Hollen, si no además recordar a otros miembros del Congreso el costo de salirse de la línea en estos asuntos.

La ingerencia del lobby en el ejemplo citado, es directa e incuestionable. Sin embargo, su capacidad de amordazar o influenciar a priori cualquier investigación o discusión referente a la tremenda influencia que Israel, el lobby o los grupos neoconservadores tienen en el quehacer del gobierno norteamericano en términos de su política externa, no es despreciable. Rachel Maddow[15] en su programa “Rachel Maddow Show” de la cadena (no conservadora) MSNBC, sacó al aire en el año 2013, en una edición especial de su programa regular, un estudio que buscaba analizar el porqué de la guerra en Irak, lo tituló “Why We Did It.” (Por qué lo hicimos.) Su conclusión fue que los EE.UU. invadió Irak para asegurar principalmente la libre circulación del petróleo del Medio Oriente, y para permitir que los ricos y abundantes depósitos petroleros de Irak pasaran a manos, principalmente, de los Estados Unidos, Gran Bretaña, y Canadá entre otros, (Dick Cheney, y George W. Bush, vice presidente y presidente respectivamente de los EE.UU., previo a la jura de sus cargos, habían trabajado para la industria petrolera, manteniendo aún fuertes lazos con la industria.) La diferencia de enfoque de Mador con otros comentaristas sobre el papel que el petróleo jugaría en la guerra con Irak se centra más en la preservación de la libre circulación del flujo de hidrocarburos que en la preservación física, aunque no la desestima, de la capacidad petrolera de Irak en favor de los EE.UU. y otros países de su círculo de influencia.

Llama la atención, sin embargo, que Maddow, una comentarista política liberal e independiente, conocida por sus agudos y bien informados análisis políticos, no haya tomado en cuenta el papel jugado, tanto por el lobby, como el grupo de neoconservadores e Israel en la materialización de la segunda guerra de Irak. Mearsheimer y Walt, sostienen que el lobby israelí, y el grupo de neoconservadores habían estado ‘empujando’ a los Estados Unidos hacia una guerra con Irak mucho antes de los acontecimientos del 9/11,[16] pues el derribo de Saddam, sostenían, facilitaría la transformación de la región y la posición estratégica de Israel. El vice presidente Cheney mantuvo durante la década de 1990, que la conquista de Irak sería un importante error estratégico y no firmó una carta que los neoconservadores y el lobby enviaran al presidente Clinton urgiéndolo a actuar en contra del gobierno iraquí. Bush, además, en una entrevista a con Bob Woodward expresó que él no estaba interesado, antes del 9/11, en una guerra con Irak[17]. Sin embargo, Paul Wolfowitz, un neoconservador a ultranza y parte del equipo asesor de Cheney, favorecía atacar Irak antes que Afganistán aún cuando no existían pruebas que inculparan a Saddam en el ataque de las Torres Gemelas. En una reunión de trabajo con Bush y Cheney en Camp David el 15 de setiembre del 2001,Wolfowitz persistió en que los Estados Unidos atacasen a Irak antes que a Afganistán. Bush rechazó el consejo de Wolfowitz, y se decidió por Afganistán; pero la guerra con Irak fue tomada como una seria posibilidad al punto que en una reunión posterior con sus consejeros militares, Bush ordenó que desarrollaran planes concretos para una confrontación con Irak.

Llama pues la atención que evidencias, fáciles de hallar, de la intromisión de Israel y el lobby en las decisiones de política internacional de los EE.UU., no aparezcan en el estudio de Maddow sobre la guerra en Irak. No sugiero, en medida alguna, que Rachel Maddow sea parte del grupo pro israelita que desea el mantenimiento del status quo. En todas sus presentaciones no he podido notar algún comentario ligeramente sectario pro o en contra de Israel o de los intereses americanos. Sin embargo su silencio (y el de otros comentaristas y analistas liberales e independientes) al respecto, requiere una explicación por el bien de la independencia intelectual de estos profesionales y la transparencia política del país.

Es importante señalar que las actividades pro-israelí que ejerce el lobby en los EE.UU. no responden a ninguna clase de conspiración. Sus acciones son legales como las son, por poner algunos ejemplos, las que la Asociación Nacional del Rifle (NRA), el Instituto Americano del Petróleo –el lobby petrolero–, o el AARP[18] ejecutan para promover e influenciar legislación del Congreso y prioridades presidenciales. Las acciones del lobby israelí pueden ser legales, pero lo que no lo es, son sus campañas de intimidación y coerción a la crítica honesta. Su influencia política sobrepasa largamente a la de cualquier otro grupo de interés. Un ejemplo: durante los primeros meses del año 1995, Irán en su intención de evitar una confrontación y de mejorar su relación con los EE.UU., escogió a la empresa petrolera norteamericana Conoco, sobre otras, para que desarrollara los campos petroleros en la zona llamada Sirri. El lobby e Israel se movilizaron y el presidente Clinton firmó una orden ejecutiva prohibiendo a las empresas estadounidenses ayudar a Irán a desarrollar sus campos petroleros. El lobby petrolero y la empresa en cuestión reclamaron en vano. Irónicamente, sin embargo, Israel no aprobó ninguna ley que prohibiera el comercio con Irán, sus ciudadanos continuaron la adquisición legal de bienes a través de terceros. Estados Unidos volvió a perder a manos de su especial socio.

Si se observa que desde la Segunda Guerra Mundial, Israel es el mayor receptor acumulativo de ayuda exterior por parte de los EE.UU. –si bien la ayuda a Israel se inició en 1949 con un préstamo bancario de $ 100 millones– la gran escala de la asistencia de EE.UU. a Israel se vio aumentada dramáticamente durante el transcurso de todas las guerras árabe-israelí, guerras que como ya se señaló eran perfectamente evitables. Para el año 2012, según el informe del Servicio de Investigación del Congreso los Estados Unidos, EE.UU. había provisto a Israel $115 mil millones en asistencia bilateral, convirtiéndose en el mayor receptor de ayuda a nivel mundial. Para el año fiscal 2013 la solicitud de presupuesto incluía $ 3,1 mil millones en Financiación Militar Extranjera [FMF] para Israel y $ 15 millones para el reasentamiento de refugiados. Además dentro del Departamento de Defensa de EE.UU. del año fiscal 2013, la solicitud de presupuesto de la Agencia de Defensa de Misiles de EE.UU. incluía $ 99.8 millones en co-desarrollo conjunto israelí-estadounidense de defensa antimisiles.[19] Fuera del espectro defensivo-militar, Israel recibe otra clase ayuda y tratamiento especial, reservado generalmente para los estados de la unión americana. Según el informe en cuestión, en ayuda no militar, entre 1973 y 1991, los Estados Unidos otorgó a Israel $ 460 millones para el reasentamiento de refugiados judíos en Israel. Cada año esta cifra ha sido de entre $ 12 millones y $ 80 millones. Además, el gobierno israelí logra préstamos financieros especialmente blandos y se las arregla para que algunos de ellos le sean condonados los bajos intereses. Toda esta masiva ayuda financiera es aprobada por el Congreso sin obstáculos, y supera a la que recibe cualquier estado de la Unión Americana –que sí aporta al erario nacional con los impuestos federales. Ni aún por razones de catástrofe natural el Congreso facilita ni expedita fondos de ayuda de reconstrucción. Esta situación de privilegio que Israel experimenta no es ajena al común del ciudadano americano, pero no es cuestionada públicamente. Algunos lo llaman el súper privilegiado 51° estado americano.

Me atrevo a señalar que esta especial relación entre los EE.UU.. e Israel se inicia como una manera de ‘compensar’ al pueblo judío por los horrores del Holocausto. Una marca negra en nuestra historia mundial, pero que los Estados Unidos no cometieron, y que el liderazgo político militar supo aprovechar. Al respecto, el rabino Arnold Jacob Wolf, director de la Fundación Académica Hillel de la Universidad de Yale escribía:[20] “Me da la impresión de que en lugar de dar clases sobre el Holocausto, lo que se hace es venderlo.” El Holocausto, además, no afecto sólo a los judíos, si no también a otro grupos raciales, pero era necesario para propósitos de estrategia política, calificar el sufrimiento judío de excepcional y el de los no judíos como accidental.[21] Si bien en la actualidad el uso del vocablo Holocausto no es explícito en el discurso político, si lo es la idea de que Israel se encuentra rodeado de fuerzas abrumadoramente mayores. Israel es el David enfrentando al gigante bíblico, pero vis-a-vis al mundo Árabe y/o Musulmán, Israel nunca estuvo en condiciones (efectivas y cualitativas) inferiores, ni siquiera si hubiese tenido que enfrentarlos a todos juntos en un frente monolíticamente centralizado. Pero el concepto ha servido, política y estratégicamente, al gobierno de Israel, especialmente a partir de la Guerra de los seis días, guerra que terminó con una abrumadora victoria militar en favor de Israel sobre los árabes o musulmanes. El ratio de victimas fatales fue casi de veinte a uno a favor de Israel, el ratio de muertes producto de las divisiones blindadas y aviones fue de diez a uno (Dupuy 1978), además, fortaleció la doctrina de fuerza, Israel terminó en control de la Franja de Gaza, el West Band, los Altos del Golán, la península del Sinaí. Al respecto, a diferencia de la Guerra del Sinaí de 1956, donde la comunidad internacional forzó a Israel a retirarse de la península, Israel fue capaz de mantener los territorios que ya tenía ocupados por largo tiempo. Finalmente, y quizá más importante, la guerra causó un fortalecimiento de la relación de Israel con los EE.UU., convirtiendo a los Estados Unidos el principal proveedor de armas a Israel (Maoz p 112).

Todo lo dicho no alcanza, sin embargo, para terminar de explicar el mecanismo que hace de Israel una nación extremadamente privilegiada en Norteamérica. Las iglesias cristianas en todas sus modalidades tienen la convicción de que Israel es especial porque, según las Escrituras, fue escogido por Dios como su pueblo, y por tanto algunas no se sienten muy dispuestas o seguras en emitir crítica alguna contra Israel; otras iglesias van más allá: “predican una vuelta a los fundamentos de la fe cristiana. Siendo el más importante de estos principios, una creencia inflexible en la naturaleza infalible, inerrante, y absolutamente literal de la Biblia[22] Y esta adherencia absoluta a la Biblia, “no es simplemente una cuestión de dogma, es una prueba de lealtad cristiana, es una forma de diferenciarse de otros cristianos,”[23] Por tanto, inequívocamente salen en defensa cerrada del Israel bíblico de la Tierra Santa, el Israel de la Tora. De Israel en toda Palestina.

En la Biblia, (Deut. 15:3) se habla de un Dios fuerte y aguerrido “Un guerrero Yahvé, Yahvé es su nombre!” [24] Resulta difícil reconciliar, sin embargo, esa sed de sangre sin límites que aparece tan a menudo en la Biblia, con los mandamientos de Jesús de: “ama a tu enemigo” o “pon la otra mejilla.” La razón, como sostiene R. Aslan, es que el concepto cristiano de guerra cósmica se deriva no del Nuevo Testamento, sino del Antiguo Testamento (Biblia hebrea.) La arenga que Ben Gurion diera a sus hombres al inicio de la guerra de la independencia: “En cada ataque [contra los árabes] es necesario darles un golpe decisivo, arruinar el lugar, y arrojar a sus habitantes” parece un calco del verso (1 Sam, 15:3): “Ahora, vete y castiga a Amalec, consagrándolo al anatema con todo lo que posee, no tengas compasión de él, mata hombres y mujeres, niños y lactantes, bueyes y ovejas, camellos y asnos.” Resulta de alguna manera comprensible que ataques masivos de las fuerza israelitas (IDF) en La Franja de Gaza, o en Líbano, para poner unos ejemplos, sean si no completamente aceptados, comprendidos y hasta olvidados por aquellos cristianos fundamentalistas. Además, en su doctrina, la consolidación de Israel en toda la “Tierra Prometida”, presupone la Segunda Venida de Cristo.

El fundamentalismo cristiano afecta negativamente la percepción de los hechos en forma realmente alarmante. Cuando Pat Robertson, quizá el principal predicador evangélico de Estados Unidos, supo del asesinato de Yitzhak Rabin a manos de Yigal Amir un judío radical, (por la firma del Acuerdo de Oslo y su promesa de retornar a los palestinos las tierras tomadas en 1967 –recordemos que también había prometido la devolución de los Altos del Golán– al que llamó traidor y apóstata), Robertson expresó, “que aquello había sido parte del plan maestro de Dios para la región.” “Esta es la tierra de Dios,” enfatizó Robertson, “y Dios tiene palabras fuertes para aquel que pretenda dividir Su tierra.” (Aslan p.84). Con este comentario de Robertson se nos revela la unidad simbiótica de dos fundamentalismos religiosos. Por un lado está el fundamentalismo judío, basado en la posesión indisputable de la totalidad de la tierra Palestina, y por el otro, el fundamentalismo cristiano basado en la doctrina total y absoluta de la Biblia. Esta ‘alianza simbiótica’ acarrea, no obstante, la semilla de un conflicto aún no expuesto en toda su dimensión: la cristianización del pueblo judío por los cristianos fundamentalistas.

Si bien los cristianos fundamentalistas constituyen una porción relativamente pequeña de toda la comunidad cristiana en los EE.UU., son sin embargo, los más activos en términos políticos, y su estrecha relación con los grupos neoconservadores y el lobby, los constituye en un serio impedimento político de cambio. En esta medida es imperativo, que líderes religiosos de todas las tiendas salgan a la palestra en defensa de la paz, la seguridad, y la justicia regional y mundial. Es necesario disolver las barreras del radicalismo y el dogmatismo religioso con las armas imparciales de la investigación científica, la difusión de la verdad, la discusión, y el debate de las ideas en libertad (DDD), si es que realmente entendemos y creemos en la paz, la justicia y buscamos la verdad. Quizá deberíamos recordar los siguientes versículos: “El amor… no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad…” (Cor.13:4-8). “Si vosotros permaneciereis en mi palabra…conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32). Es alentador que el Papa, líder de una inmensa masa de creyentes cristianos, haya llamado, en Jerusalén, por la formación y reconocimiento del estado Palestino.

La base de una solución justa al conflicto palestino-israelí, radica en primera instancia en los Estados Unidos, y en segundo lugar, en Israel y Palestina. EE.UU.,debe tomar la decisión política de exigir a Israel que cumpla con todo lo dictaminado en las diversas resoluciones que la Naciones Unidas ha emitido –la misma comunidad que permitió la creación legal de Israel en 1948. En segundo lugar, Israel tiene terminar por aceptar que hay límites para cualquier ambición política; además, los líderes palestinos, por su parte, tienen que reconocer y aceptar, explícitamente, la existencia de Israel como tal.

Restringir el poder del lobby a través de las leyes es, desgraciadamente, una meta ideal pero irrealista a corto plazo (o mediano plazo). La alternativa está en la promoción y difusión de la libre discusión política del conflicto israelí-palestino; en la exposición y crítica de los objetivos y metodología del lobby y los grupos neoconservadores vis-a-vis los intereses norteamericanos. Intereses que no deben ser superpuestos por los de Israel o el lobby.

El ciudadano americano enterado puede y debe forzar el cambio de actitud política de los Estados Unidos hacia Israel a través de la movilización social y el voto democrático. Es imperativa la elección de líderes independientes de la influencia del lobby. Los aspirantes a la presidencia deben explicar el porqué de sus fuertes apoyo a Israel. Declarar públicamente si favorecen la creación del estado palestino y, una vez elegidos, cuanto esfuerzo, capital político y tiempo están dispuestos a emplear para que ello se haga realidad. Adicionalmente, deben responder si una política nacional más condicionada a la consecución de la paz es apropiada para los EE.UU. e Israel. Finalmente, los candidatos deben responder inequívocamente si sus opiniones han sido influenciadas por contribuciones hechas a sus campañas electorales de parte del lobby israelí[25] (o de cualquier lobby.)

Lorenzo Orrego,

Santa Clara, California

Julio del 2014

[1] D. Ben Gurión “Diary of War” anotación día 10 de noviembre de 1948 (Hebreo)

[2] Carta de Ben Gurión a su esposa Paula citada in A. Shlaim, “Collusion Across the Jordan” (Oxford, 1988)

[3] “Defending the Holly Land” Zeev Maoz, 521

[4]The Israel Lobby and U, S, Foreign Policy” page 311 John J. Mearsheimer and Stephen M. Walt,

[5]Defending the Holly Land”, Zeev Maoz, p.99

[6]Defending the Holly Land”, Zeev Maoz, p.85

[7] Defending the Holly Land”, Zeev Maoz, p.99

[8] Una organización política religiosa Sunni fundada en Egipto en 1928, contraria a la influencia occidental, y dedicada a la creación, a menudo por la violencia, de una nación basada en los principios islámicos, y la promoción de una estricta disciplina moral.

[9] Leverett, “Inheriting Syria”,134

[10] Ziad Abdelnour era cabeza del U.S Committee for a Free Lebanon (USCFL) la misma que es un ‘primo muy cercano’ del lobby

[11] “Ending Syria’s Occupation of Lebanon: The U.S Report” report of the Middle East Study Group, May 2004

[12] “How to Win a Cosmic War, Confronting Radical Religion” Reza Aslan

[13] Letter from Congressman Chris Van Hollen to Secretary of State Condoleezza Rice, July 30, 2006 http://www.buzzflash.com/articles/releases/6

[14] Citado en Eric Fingerhut “At Odds”, Washington Jewish Week (online) 10 de agosto 2006

[15] Rachael Maddow dirige diariamente un prestigioso programa político, ganador del premio Emma, en la cadena MSNBC, “Rachel Maddow Show” desde el 2008. Rachel es graduada de Stanford y obtuvo su doctorado en estudios de política pública en Oxford.

[16] The Israel Lobby and U, S. Foreing Policy.” Mearsheimer y Walt, p. 230

[17] Bob Woodward, “Plan of Attack” (New York; Simon & Shuster, 2004), 12

[18] AARP es una organización que busca el cambio social en favor de las personas de 50 años o más a través de información, apoyo y servicio.

[19] Ayuda exterior de EE.UU. a Israel: informe del Congreso de 2012.

[20] Michael Berenbaun, “After Tragedy and Triumph”, Cambridge , 1990, p 45

[21] Norman G. Finkelstein “La Industria del Holocausto”, p. 81

[22] Reza Aslan, “How to Win a Cosmic War, Confronting Radical Religion”, p 91

[23] Reza Aslan, “How to Win a Cosmic War, Confronting Radical Religion”, p 93

 

[24] “Biblia de Jerusalén” Desclee de Brouwer, Bilbao

[25] The Israel Lobby and U, S. Foreign Policy.” Mearsheimer y Walt, p. 351-352

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