Economía y política en los Estados Unidos: Reflexiones.

El panorama post-electoral de los Estados Unidos y los primeros días de la presente administración Trump[1] brindan una excelente oportunidad para analizar el carácter dominante del sistema político norteamericano– su naturaleza económica neoliberal, poniendo especial atención en la “cosificación” mercantil de su democracia, la fracturación y el control social dentro de su dinámica TRUMP-1.jpgpendular. Además de permitir la identificación objetiva de esta administración con el extremo nacionalismo de la derecha (en todas sus manifestaciones), y la pertinente respuesta popular. Sin embargo, no es objetivo  de este artículo el estudio de la administración Trump como tal, deseamos, sin embargo, proveer algunos elementos analíticos para la discusión del sistema neoliberal que lo viabilizó.

1.    Introducción.

Al respecto, Chomsky sostiene correctamente que la doctrina central del neoliberalismo es la liberalización financiera, y dice: “La ‘financialización’ [permítanos la palabra] de la economía tiene un efecto directo sobre el desmantelamiento del sector manufacturero”, posibilitando, entre otras cosas, que los “diferentes acuerdos multinacionales pongan a trabajadores manufactureros norteamericanos en brutal competencia con trabajadores de otros lugares de bajos salarios sin beneficios y protecciones laborales”[2], que no significa otra cosa que la explotación es ‘legal’ en el sistema político. Dentro de este marco conceptual del capitalismo norteamericano, todo es susceptible de ser comercializado desde los planes y acciones de gobierno, los puestos políticos y judiciales, las acciones y propiedad del Estado, hasta los servicios seculares y religiosos. Evidentemente, las corporaciones con sus enormes capacidades financieras en todas las áreas controlan los procesos democráticos. Sería, sin embargo, incompleto y hasta errado analizar el presente gobierno de Donald Trump fuera de la dinámica de la historia económica norteamericana.

2.    El carácter cíclico antagónico de la historia económica norteamericana.

Un simple pero serio análisis de los hechos históricos debe permitir comprender la naturaleza cíclica-determinista de la economía, y por tanto de la política americana, reconociendo que estas categorías, economía y política, más que cíclicas o pendulares, gravitan helicoide y cónicamente hacia la intensión y posesión ilimitada–por muy pocos–de la riqueza, vale decir del excedente nacional y mundial–núcleo y eje de todo el sistema llamado democracia capitalista norteamericana. El modelo como tal, tiene sus mecanismos de control social y sus conflictos.

El descontento popular, como uno de los conflictos,  logra ciertos cambios progresistas (o socialistas) en el sistema cuando las enormes diferencias económico-sociales y la crisis del momento facilitan el rompimiento de las ataduras del control popular. Sin embargo, una vez estabilizada la economía es decir la crisis, el péndulo del mecanismo del retorno político y de control es puesto en marcha. La oligarquía se organiza para ‘recuperar’ lo que hubiera perdido, y más, en las negociaciones del rescate económico nacional (a la que se vió obligada a participar).  e igualmente, para articular una retórica que le permita controlar mejor a los individuos y al estado. El control social es vital al sistema y merece una revisión.

3.    Control social.

Edward Bernays, un eminente sicólogo social, seguidor del pensamiento político del demócrata  Woodrow Wilson[3], escribía en su famoso manual de relaciones públicas industriales: “La manipulación consciente e inteligente de los hábitos organizados y de las opiniones de las masas es un elemento importante en una sociedad democrática, pero son las minorías inteligentes las que deben hacer uso de la propaganda …una pequeña fracción que entiende el proceso mental y los patrones sociales de las masas … para tirar de los cables que controlan al público”, y continúa, ”[r]eglamentando la mente pública tanto como un ejército lo hace con sus soldados’’. Es más, Harold Lasswell ,  uno de los fundadores de la ciencia política moderna en su Encyclopedia of the Social Science advertía que los pocos inteligentes deben reconocer ‘’la ignorancia y la estupidez de las masas y no sucumbir al dogmatismo democrático acerca de que los hombres sean los mejores jueces de sus propios intereses[4]”.(Este control, como lo hemos expuesto anteriormente[5], es más complejo, abarca la familia y la religión, específicamente la judeo-cristiana).

Este proceso de “consentimiento de ingeniería”, como lo llama Chomsky, es el método clave del proceso ‘democrático’ capitalista norteamericano que ha empujado a todo el sistema al borde de un gobierno nacionalista nunca experimentado en los EEUU y expresa lo que muchos investigadores sociales sostienen: Los Estados Unidos no son una democracia. El  más importante filósofo social del siglo XIX John Dewe decía que no se podía hablar seriamente de democracia en un régimen de poder privado: “El poder hoy reside en el control de los medios de producción, intercambio, publicidad, transporte y comunicación…Quienquiera que sea dueño de ellos gobierna la vida del país.¨  Urge por tanto entender este control que permite a la oligarquía gracias a los dos partidos, Demócrata y Republicano, esquivar el creciente deterioro económico-social del pueblo americano (del que es responsable) para mantener, sobre cualquier otra consideración, utilidades exponenciales en los imperios privados que el sistema capitalista americano ha creado. El Congreso y las cortes norteamericanas han determinado que “[l]as instituciones del gobierno sirven, de acuerdo con la teoría legal y de la economía actual al mejor interés a largo plazo de la sociedad en su conjunto. Esta es la política de base que el país ha optado seguir”[6]. Los pobres y los débiles están de hecho sometidos a la política social establecida por el Congreso y los tribunales. En este sentido, «la sociedad ha consentido» en conceder «liderazgo y propaganda la autoridad para moldear la mente de las masas, sobre todo cuando el público está llamado a cumplir su tarea periódica de «alinearse como partidario» de uno u otro, de aquellos que entienden “el interés superior” (Chomsky).

En este artículo queremos puntualizar la predictibilidad cíclica de la historia, economía y política de los Estados Unidos; además, entender que la liberalización de la economía ha logrado que se transforme las funciones del estado y las riquezas nacionales en objetos de propiedad privada por lo tanto sujetos a la compra y venta; y finalmente, que gracias a este ‘’consentimiento de ingeniería’’, el derecho a la propiedad se ha transformado en el derecho de la propiedad que prevalece sobre los derechos de los individuos durante gobiernos republicanos y demócratas por igual. (La Corte Suprema norteamericana ha determinado que las empresas son ‘personas’ que si bien no pueden votar directamente,  pueden invertir en la compra de las elecciones que les permite funcionar como colosales imperios privados).

Thomas Fergunson en su libro ‘’Golden Rule: The Investment Theory of Party Competition and the Logic of Money-Driven Political Systems’’ [7]explica la cosificación del proceso partidario y por tanto político nacional de esta manera:  “Las teorías de las inversiones sostienen que las organizaciones políticas son inversiones que aunque necesitan pequeñas cantidades y compromiso de muchas personas, la mayor parte de su respaldo, dinero y atención de los medios vienen como resultado directo de su capacidad de atraer inversores de peso pesado.’’

4.    Algo de historia económica pendular.

Intentaremos, dentro de la compleja dinámica de la historia norteamericana, un breve análisis comparativo de sus periódicas crisis ya que en éstas se revelan con claridad las diferentes fuerzas en conflicto: las masas y el capital.

La depresión de la década de 1890 estuvo a la par con la Gran Depresión de los años treinta (en algunos lugares comenzó aún antes de 1890) y fue producto de una profunda crisis agrícola que afectó a las regiones productoras de algodón del sur y de las Grandes Llanuras de los Estados Unidos. El choque golpeó Wall Street y las áreas urbanas en 1893”–todo esto dentro de una masiva crisis económica mundial–. La inmovilidad productiva y comercial provocó que “un cuarto de los ferrocarriles de la nación se declararon en bancarrota. El desempleo entre los trabajadores industriales superaba el 25 por ciento. Desocupados “vagabundos” cruzaban el campo caminando, o escondidos en los trenes de mercancías. Muchos aparecieron en las puertas traseras de las casas de clase media, pidiendo trabajo o comida.

Sin embargo, a pesar de la evidente crisis estructural, muchos estadounidenses culparon a los que no podían encontrar trabajo, acusándolos de pereza o mendicidad” [manipulación, desinformación, control]… “Algunos de los desempleados se culpaban a sí mismos, y las historias de desesperación y suicidio aparecían diariamente en muchos periódicos.[8] La oligarquía a través de la prensa y el gobierno mismo manipularon para redirigir el descontento popular. Las masas estaban divididas y los líderes progresistas se encontraban impotentes o habían sucumbido a la retórica del miedo a una “insurrección de los desempleados”. Excepto Jacob Coxey.

En 1894, el empresario Jacob Coxey de Ohio, organizó el llamado “Ejército Industrial” para protestar contra la inacción del gobierno federal ante la crisis económica. Coxey propuso muchos programas que más tarde ganarían aceptación durante el New Deal, pero que fueron considerados extremadamente radicales en la década de 1890. Lo más notable es que Coxey abogó por la creación de puestos de trabajo gubernamentales a través de los cuales los desempleados “podrían ser utilizados para mejorar los caminos de la nación y otras obras públicas, al mismo tiempo que lograban mantener sus familias”. “Este proyecto, sostenía el empresario, podría financiarse mediante la emisión de bonos del Estado’’. Coxey, fundó el periódico Sound Money, a través del cual daba a conocer una serie de reformas gubernamentales de tipo progresista. Postuló en 1894 para ser representante por el estado de Ohio pero perdió ante un republicano[9]. Sin embargo, a pesar de haber perdido la elección al Congreso su influencia política permaneció hasta el punto que muchos comentaristas asociaban populismo con “Coxeyismo” como hoy se llamaría socialismo a las ideas progresistas de Bernie Sanders.

A raíz de la Gran Depresión de 1930 y el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos deciden reducir el poder y riqueza de las corporaciones así como aumentar significativamente los empleos y salarios de los trabajadores, y apoyar directamente a las mayorías. La Gran Depresión, además, había terminado de generar las condiciones para la creación del Congreso de Organizaciones Industriales (CIO) y con ella la articulación exitosa de millones de trabajadores industriales en sindicatos (unions), los mismos que lograrían con la ayuda de sus líderes transformar al nuevo presidente norteamericano, el centrista y convencional demócrata Franklin D, Roosvelt en un activo promotor de un masivo capitalismo intervencionista de estado. Roosvelt con su “New Deal” puso las bases de este capitalismo de bienestar o welfare state capialism que floreciera entre 1945 a 1970. En virtud de este acuerdo, los trabajadores abandonarían su política revolucionaria anti-capitalista, y el estado por su parte, reconocería y protegería  legalmente la existencia de los sindicatos, proveyendo además, masivos gastos sociales. Gracias a lo último, se estableció el Sistema de Seguridad Social (Social Security System), el Programa de Seguro de Desempleo y la creación, entre 1934 y 1941, de más de doce millones de nuevos empleo federales. Roosevelt advirtió a los capitalistas que de no aceptar un significativo aumento en los impuestos federales para ayudar, en parte, a financiar el gasto en el bienestar social, su gobierno se vería obligado a aceptar un acuerdo menos ventajoso (para los empresarios, se entiende). Los capitalistas se vieron divididos. Con los que aceptaron este acuerdo fue suficiente para que el presidente Roosevelt pudiera obtener el apoyo político necesario para llevar a cabo esta nueva forma de capitalismo.

Este capitalismo intervencionista estatal reemplazaría la relativa economía liberal de finales del siglo XIX limitando los poderes y riqueza de las corporaciones y aumentando los salarios y el apoyo estatal a las masas. Probablemente el lector podrá encontrar paralelos con la gestión del ahora ex presidente Barack Obama, en especial con la creación, aprobación legislativa y legal, y puesta en marcha del seguro médico ACA u ‘’Obamacare ‘’que da cobertura médica por primera vez a 20 millones de ciudadanos, algo que todos los anteriores presidentes demócratas no pudieron siquiera postular pero que se materializa  gracias a la reacción cíclica al gobierno del conservador republicano George W. Bush.

De 1945, con la economía keynesiana como su marco teórico dominante, el capitalismo intervencionista fue la norma; pero desde principios de los sesenta hasta la última crisis de la economía estadunidense del 2007, el modelo a usar fue el capitalismo liberal (o laissez-faire) apoyado por un marco ideológico neoliberal más definido y radical. Esta vez el objetivo político fue controlar y redirigir los descontentos sociales hacia el gobierno no a los empresarios, (como sucediera en los años 1929-30 con el auge del pensamiento socialista y comunista en los EEUU) aplastando en este proceso la capacidad convocatoria de los sindicatos, su prensa y por ende, minimizando su presencia como lobby en favor de los trabajadores. El fin último fue (y es) desarmar el andamiaje socialista obtenido en el llamado “New Deal” de 1930 en el que tanto los trabajadores como la oligarquía acordaron respaldar al gobierno en su esfuerzo por rescatar la economía.

Debemos resaltar que ese sindicalismo industrial independiente surgido durante el New Deal se debe principalmente a un factor: Por primera vez en la historia de Estados Unidos las masas de votantes ordinarios se organizaron y lograron reunir recursos para convertirse en grandes inversores independientes en el sistema de partidos. Un gran avance comparado con la desarticulación ideológica y programática de la crisis de 1980, y una gran lección para los tiempos presentes.

Sin embargo, debido al movimiento pendular, el aumento del poder de los trabajadores se detuvo abruptamente durante, y poco después de la Segunda Guerra Mundial una campaña masiva dirigida por la Asociación Nacional de Manufacturas impulsó, a través de la Ley Taft-Hartley durante la administración Truman, la primera de varias investigaciones de seguridad nacional de la izquierda del partido Demócrata, marcando como un estigma la palabra socialismo o comunismo en el discurso político, que perdura hasta la actualidad. Recordemos que estos términos fueron usados efectiva y ferozmente por los grupos conservadores y el partido Republicano, para obstaculizar, adoctrinar y finalmente con esta nueva administración, desactivar el programa “Obamacare”.

Este ataque al programa médico ACA [10] es el resultado de la ‘inversión’ de más de un mil millones de dólares (del lobby) hecho por las corporaciones de la industria de la salud que permitió, en primera instancia, bajo la compra y manipulación de la ‘’estupidez de las masas’’, controlar la decisión política de establecer un sistema de salud nacional o “single payer”. (Los líderes del partido Demócrata en control de las dos cámaras del Congreso rechazaron la opción del Seguro del Gobierno o “single payer” en la reforma de salud propuesta por el presidente demócrata Barack Obama y respaldada por una considerable mayoría de la población); en segundo lugar, porque aún permite financiar (comprar) la mayoría del Congreso, el Presidente, los medios de comunicación, entre otros, en la derogación del programa ACA y su reemplazo por uno que permita el usufructuó  y enriquecimiento de las corporaciones de la salud.

Casi todos los elementos de la economía neoliberal son un ataque a la democracia pues apuestan por la privatización masiva y general del sistema. La privatización transfiere las acciones, empresas y propiedades del ámbito público al dominio privado. Pero el dominio privado es virtualmente inmune a la supervisión y control público, excepto por un mecanismo regulador que es bastante débil llamado los electores. El ataque más severo e inmediato a la democracia es la privatización de los servicios porque afecta, más allá de la ideología, directamente la vida y bienestar de las personas y hoy el pueblo norteamericano lo entiende claramente por ello las masivas movilizaciones en contra de una vuelta al sistema médico pre-Obama.

5.    La continuidad del capitalismo de estado norteamericano y la cosificación del sistema.

En estas pasadas elecciones, la oligarquía perdió su juego tradicional de poder. Apostó en absoluta unicidad por Hillary Clinton y por casi todos los candidatos republicanos y perdió. Invirtió en ellos fondos sin precedentes tanto en los comicios de sus respectivas primarias como en la campaña presidencial final[11].. Los candidatos para la presidencia captaron en total vía sus respectivos comités  1.3 mil millones de dólares, además de  613 millones de dólares para sus diferentes PAC[12]s De esos totales, H. Clinton obtiene para su comité $564 millones y $206 millones a través de sus PACs; D. Trump, por su lado, capta  $333 millones para su campaña y $75 millones para su PAC.  Un claro ejemplo del concepto de cosificación mercantil del proceso democrático. Todos los candidatos, excepto por Bernie Sanders,  fueron financiados fundamentalmente por las corporaciones. El independiente/demócrata, el  socialista  Bernie Sanders optó por no hacer uso del apoyo empresarial directa o indirectamente. Las contribuciones directas de sus seguidores (Sanders fue el único en no tener un su PAC) permitió hacerle frente en las primarias demócratas a una Hillary Clinton con vastos recursos ($564 millones directos y $216 millones para sus PACs vs. un total de $228 millones paramanejo directo de Sanders) demostrando que aún es posible, gracias a la movilización popular, la defensa de la democracia y el derecho social.

Las campañas estuvieron sesgadas hacia los ricos, como siempre, lo que se convirtió en provechoso tema de campaña para estos dos disímiles  populistas: uno socialista, Bernie Sanders y el otro, Donald Trump,  un proto-fascista, e hicieron campañas, desde de sus disimiles y antagónicos puntos de vista político. Ambos supieron leer el descontento popular a pesar de los muchos progresos en las áreas de empleo, salud, el rescate económico, las guerras, etc. del presidente saliente Barack Obama. Sin embargo, el poder adquisitivo de las familias  se había contraído más y los ricos se había hecho aún más ricos. Bernie Sanders abanderó la discusión del aumento del salario mínimo a 15 dólares la hora y literalmente empujó a la demócrata Clinton a proponer 12.50 la hora. Así mismo,  Trump aunque manifestó en campaña favorecer un incremento del salario mínimo, nunca precisó el monto y actualmente se duda de su promesa electoral.

Es bien sabido que las propuestas de gobierno de Bernie Sanders, el  fallido candidato de las primarias demócratas,  responden al pensamiento socialista con el que siempre se le ha conocido al senador. Su estancia, por ejemplo,  del 1% de la población americana que posee el 90% de la riqueza del país, o su esfuerzo por quebrar el poder financiero del Wall Street, entre otras, lo hicieron el enemigo natural de las corporaciones y el reverenciado líder de los progresistas. Es particularmente difícil sino imposible, precisar cuáles son los planteamientos políticos del triunfante Donald Trump pues éste ha sido particular e persistentemente impreciso en casi todos los aspectos de gobierno. Se espera, sin embargo, que sean de provecho personal y a favor de las grandes corporaciones petroleras y financieras (los mismos que lo subestimaron, recelaron y aún lo menospreciaron), la gran industria armamentista y nuclear, En otras palabras, los imperios privados. La oligarquía perdió  con su candidata final y se ve obligada a realinearse para poder sacar provecho de las nuevas circunstancias.

Cabría recordar las palabras del editorial del Wall Street Journal  poco tiempo después que Bill Clinton, esposo de Hillary Clinton, asumiera en 1996 nuevamente el poder. El título del artículo lo dice todo: “Cortejando, y sobre todo complaciente con los líderes de las grandes empresas.” El Journal no escondía su felicidad: “En asunto tras asunto, [Bill] Clinton y su administración caen en el mismo lado que la América corporativa” y añade, “Clinton tiende a apelar más a las grandes corporaciones que a legiones de propietarios de pequeñas empresas. Para la clase financiera y corporativa la candidata Hillary Clinton significaba una continuidad frente al errático y extremista Donald Trump.

Las empresas esperan predictibilidad, orden social, control político (y porque no militar) pero sobre todo grandes utilidades. Son las utilidades y su dinámica las que dictan el curso de la historia, no los acuerdos, tratados o prohibiciones. Ni siquiera lo es la preservación de la vida o el planeta. Veamos un ejemplo al respecto: El desarrollo de las armas nucleares en el mundo.

Virtualmente cada nación occidental que vendió armas y tecnología armamentista sabía desde el principio que gran cantidad de esta esta tecnología era para el desarrollo nuclear de Iraq, Pakistán, Israel, Corea del Norte, India–entre los más notables. Burrows y Windrem en su libro “Critical Mass” dicen: “A través de la década de 1980, Estados Unidos observó con creciente temor a medida que la aceleración generalizada de las súper armas atómicas se acrecentaba. En consecuencia, comenzó a instar a sus aliados a reducir la exportación de súper armas… y se les amonestó a abandonar sus prósperos negocios en favor de acuerdos internacionales de limitación de armas tales como como: el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) y  el Régimen de Control de la Tecnología de los Misiles (MTCR). Los países europeos reaccionaron y discretamente los ignoraron”[13] y aún los mismos Estados Unidos (es conocido pero no denunciado las luchas internas entre el Departamento de Estado y Comercio respecto de la promoción de la manufactura americana[14]). Debemos ser enfáticos, han sido los súper poderes, no el llamado Tercer Mundo, los que introdujeron los misiles balísticos intercontinentales y las bombas nucleares en todo el mundo, todo en aras de una presente utilidad corporativa. Hoy el prospecto de una nueva carrera armamentista nuclear y balística se alza pero ahora con la abierta complacencia del gobierno de Donald Trump.

Este es un tiempo en que prima la pasión sobre la razón, y ve el alumbramiento de un nuevo escenario político, más nacionalista y religioso, más militarista, monetarista y oportunista, más ahistórico y por tanto imprevisto y mucho más peligroso. Pero es, especialmente, un tiempo de definición (y acción) política de los individuos y la sociedad organizada. La historia nos da la razón, La derecha no tiene partido tiene poder e individuos que manejan la injusticia de millones de ciudadanos y este es el tema de este artículo.

 

Lorenzo Orrego

Abril 15 del 2017

Santa Clara

[1] https://www.facebook.com/ArtofMarkBryan/photos/a.431365396907029.96266.197632233613681/1254070807969813/?type=3&theater
[2]Noam Chomsky “Hopes and Prospect”, Haymarket books.
[3] Thomas Woodrow Wilson fue un político y académico demócrata que sirvió como el 28 ° presidente de los EEUU. La plataforma de Nueva Libertad de Wilson favoreció a las pequeñas empresas y a los agricultores: siguió lo que él llamó el “Triple Muro del Privilegio” Concretó en 1913, la Ley Underwood-Simmons, que redujo las tasas impositivas que anteriormente habían favorecido a los industriales sobre las pequeñas empresas; aprobó la Ley de la Reserva Federal, haciendo préstamos más accesibles para el estadounidense promedio. También hizo cumplir la legislación antimonopolio en 1914 con la Clayton Antitrust Act, que apoyaba a los sindicatos, permitiendo huelgas, boicots y piquetes pacíficos.
[4]Noam Chomsky “masters of mankind, essays and lectures, 1969-2013’, Haymarket Books, pg86.
[5]  https://lorenzoorrego.wordpress.com/2016/05/12/donald-trump-hilary-clinton-bernie-sanders-y-la-realidad-poltica-norteamericana/
[6] Allen vs Diebold, Inc.,33 F. 33d (United States Court of Appeals, Sixth Circuit, September 6, 1994).
[7] Thomas Fergunson, ‘’Golden Rule: The Investment Theory of Party Competition and the Logic of Money-Driven Political Systems’’   The university of Chicago Press pg. 35
[8] http://projects.vassar.edu/1896/depression.htm
[9] idem
[10] La Ley de Protección al Paciente y Asistencia Asequible (PPACA, por sus siglas en inglés), comúnmente conocida como la Ley del Cuidado de Salud a Bajo Precio (ACA, por sus siglas en inglés) y apodada Obamacare, es un estatuto federal estadounidense promulgado por el presidente Barack Obama el 23 de marzo de 2010.
[11] https://www.opensecrets.org/pres16
[12] Un comité de acción política (PAC, por sus siglas en inglés) es un tipo de organización que agrupa las contribuciones de campaña de los miembros y los dona para hacer campaña a favor(o en contra) de los candidatos, las iniciativas electorales o legislación en este caso el ACA.
[13] William E. Burrows & Robert Windrem, “Critical Mass”, Simon & Schuster, 1994.pg. 113
[14] Idem capítulo 6, “‘Looting the Storehouse and Knowledge.”

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El fenómeno Trump.

El nuevo presidente electo, el republicano Donald Trump, logró después de una intensa campaña política para la nominación de su partido y la presidencia de los Estados Unidos, ‘convencer’ a un gran sector de la población norteamericana que imageel seguro médico que posee a través del llamado “Obamacare” sería cancelado por su carácter ‘anti-empresarial’ y lo aceptaron. Más de 11 millones de ciudadanos–muchos de ellos por primera vez con cobertura médica– pondrían sus vidas en riesgo de llegar a abolirse la cobertura médica del mencionado programa. Salvo las declaraciones de los  líderes del partido Demócrata, de independientes y del presidente mismo, no han habido protestas masivas, espontáneas u organizadas, como cabría esperar cuando los derechos e intereses de los individuos son vulnerados y los líderes políticos asumen su responsabilidad.

El  programa ACA[1]“Obamamacare” como se le conoce está dando cobertura médica a los norteamericanos  que no la pueden obtener a través de los beneficios que da el empleo (a tiempo completo) en empresas privadas o en el estado (además algunas pequeñas empresas simplemente no pueden ofrecer este servicio a sus empleados o a sus mismos dueños). Millones de ciudadanos sólo conocían los servicios médicos a través de las emergencias, sin uso en forma regular de la medicina preventiva que las economías más avanzadas ofrecen a sus ciudadanos. Por ello el principal objetivo de la Ley de Cuidados de la Salud Asequibles, ACA (Affordable Care Act), es dar a más americanos acceso a cuidados de salud asequible, como su nombre lo indica, mejorando además la calidad de los mismos, regulando la industria de los seguros médicos y reduciendo el gasto en cuidados de la salud en los E.E.U.U. Esta ley  establece protecciones a los consumidores, provee subsidios y favorece intercambios de seguros y otras reformas.

Aunque es innegable que algunos suscritos han visto aumentos significativos en sus tarifas personales o “copayments” bajo el programa ACA, 7 de cada 10 clientes del “marketplace” tienen un plan por menos de $ 75 dólares y 8 de cada 10 suscritos menos de US $ 100 mensuales–debido principalmente a que la asistencia o subsidio de costos se basa en los ingreso de los individuos. Los adultos jóvenes, además, pueden permanecer en el seguro de sus padres hasta los 26 años, incluso si están casados, trabajando y viviendo solos. Es de resaltar, adicionalmente, un importante beneficio que afecta positivamente a todos los estratos sociales da la nación: Ninguna persona puede ser excluída del seguro médico por tener una condición preexistente, o pagar más por los servicios que alguien sano y de la misma edad pagaría. ¿Cómo negar al programa de cobertura médica su aporte al bienestar del individuo y su familia? Sin embargo, aún así, sale elegido Trump el mismo que prometiera fieramente abolir en su primer día como presidente el programa “Obamacare”.

Se prefirió a Donald Trump sobre Hillary Clinton. ¿Cuál es la racionalidad para esta conducta de auto-daño que supera el instinto de supervivencia del individuo? La única respuesta posible es la ciega ideología anti-comunista que todavía es parte intrínseca del ADN político de muchos. El hecho en realidad es económico empresarial. Las poderosas empresas de seguro médico y políticos conservadores a su servicio reconocen al “Obamacare” como una amenaza al de-facto control absoluto de éstas al comercio de la salud de la nación americana. El derecho a la salud no es un derecho, arguyen, tampoco un argumento (inclusivo) de seguridad y fortaleza nacional[2], sólo un medio de maximización de utilidades por lo que atizar el obsoleto concepto anti comunista/socialista del siglo pasado sirve a sus intereses empresariales.

Tabla 1

Clinton (D)

Trump (R)

cambio

Otros

Clinton %

Trump %

Otros %

U.S. Total por canddato

65,844,594

62,979,616

2,864,978

7,804,203

48.20%

46.10%

5.70%

13 Swing States

21,433,214

22,249,342

-816,128

2,348,069

46.60%

48.30%

5.10%

Non-Swing States

44,411,380

40,730,274

3,681,106

5,456,134

49.00%

45.00%

6.00%

US Total

136,628,413

Tabla 2

Dem 2012 Margen

Dem 2016 Margen

Porcentaje de cambio

Total ’12 Votos

Total ’16 Votos

Cambio ‘16 vs. ’12

U.S. Total por candidato

3.90%

2.10%

-1.80%

129,075,630

136,628,413

5.90%

13 Swing States

3.60%

-1.80%

-5.40%

43,939,918

46,030,625

4.80%

Non-Swing States

4.00%

4.10%

0.10%

85,135,712

90,597,788

6.40%

Fuente: http://cookpolitical.com/story/10174

De los 231,556,622 estadounidenses elegibles para votar en estas pasadas elecciones, sólo 136,628,413 lo hicieron. Es decir, aproximadamente un 42 por ciento no votó y los que sí lo hicieron favorecieron a la demócrata Hillary Clinton por un margen 2.1%, ver tablas 1 y 2, (un decrecimiento si se compara con la diferencia a favor, 3.9%, que obtuviera Obama en el 2012 sobre el republicano Mitt Rommey). En otras palabras cerca de tres millones de votos más a nivel nacional (2,864,978 para ser exactos) prefirieron a la demócrata Clinton sobre el republicano Trump, resultados sin embargo que no se ven reflejados en el total que otorga el Colegio de Electores[3] pues el sistema confiere 306 votos electorales a Trump y 232 a Clinton (siendo necesario 270 para obtenerla la presidencia).

Donald Trump a pesar de perder el voto popular por cerca de 3 millones de electores y gracias a los llamados “swing states.”[4]  logra la presidencia ya que gracias a estos estados Trump logra superar a Clinton 48.35% vs 46.6% (cuadro 1) lo que le da la ventaja definitiva en los votos del Colegio Electoral. Básicamente 13 estados prevalecen sobre los 37 restantes de la Unión y sobre el conteo popular. De hecho un proceso no muy democrático.

Discutíamos en nuestros recientes artículos tres conceptos importantes del milieu político americano que arrojan luces sobre el tema: racismo y misoginia como elementos de control político de la derecha, y religión como uno de los medios más importantes de internalización y difusión doctrinal masiva. La tabla 3 muestra que clip_image002[6]no sólo más hombres (53%) votaron por Trump sino que un porcentaje importante (42%) de mujeres lo hicieron también, a pesar de su conducta que lo califican como un depredador  sexual, alguien que se expresa en términos sexualmente ofensivos de su propia mujer e hija–y aún así el 42 por ciento del total de las mujeres republicanas votaron por él. ¿Cómo explicarse esta conducta en las mujeres–demócratas y republicanas–pues sólo el 54 por ciento rechazó a Trump?     Además, basta echar una mirada a las redes sociales para descubrir que fuera de los Estados Unidos esta ideología/teología permite que un gran número de hombres y mujeres considera que Trump “ha sido levantado por el Señor para hacer su obra” y llama a “oración” para que pueda cumplir con la ‘obra de Dios’ que se resume en sólo dos aspectos: rechazo del aborto y la ilegalización del matrimonio entre homosexuales. Además, sorprendentemente, cerca de un tercio de las minorías raciales a excepción de los negros, apoyaron a Trump. ¿Cómo explicar aquello de votar en contra de su género y raza? La respuesta una vez más es la ideología con tintes religiosos que ha permeado la estructura social americana.

Es claro que el nivel de educación no facilita la radicalización del individuo. A mayor nivel de instrucción menor es el ciego adoctrinamieclip_image003nto político del individuo. Como se aprecia en la tabla[5] 4, son los blancos sin grado académico los que votaron por Trump en un asombroso 67 por ciento, y aún aquellos blancos que detentan algún grado académico votaron por él en un 49 por ciento, por ello no debe extrañar el ataque frontal a la ciencia en favor de postulados bíblicos, mitos y leyendas que no tienen mayormente nada que ver con la verdadera vida espiritual del creyente.

clip_image002[8]Es evidente como lo muestra la tabla 5 que la mayoría de los creyentes cristianos apoyan al partido Republicano y que si bien históricamete los católicos hispanos  se han inclinado por los candidatos demócratas, un porcentaje importante de ellos, cerca de un cuarto, lo ha hecho persistentemente en favor de candidatos republicanos–inclusive a pesar de la retórica xenofóbica y racista del presidente electo Donald Trump. Puede que esta actitud responda al llamado síndrome de la identificación que hace que el individuo busque identificarse, valga la redundancia, con las fuerzas discriminatorias  xenofóbicas, racistas y sexistas que lo afectan para coronar su asimilación al sistema dominante.  Estas narrativa no es discutida ni purgada convenientemente por los diferentes lideres  religiosos (y cívicos)– aunque el actual Papa se haya manifestado en contra.

Discutíamos en nuestros recientes artículos[6] que la fracturación de la masa electoral es un instrumento de supremacía deimagel grupo dominate. En este sentido vale recordar lo siguiente:  “La reacción política nacional contra la inmigración ilegal ha creado nuevas divisiones entre los latinos y ha aumentado su preocupación por la discriminación contra miembros de su grupo étnico, incluídos aquellos que nacieron en los Estados Unidos o inmigraron legalmente”[7], señalan Mark Lopez, Rich Morin y Paul Taylor[8] y añaden, “Los hispanos también están divididos sobre el impacto de la inmigración ilegal en los hispanos que ya viven en Estados Unidos Aproximadamente, y en partes iguales, dicen que el impacto ha sido positivo (29%), negativo (31%) o no hizo diferencia (30%). Este juicio mixto contrasta fuertemente con las opiniones expresadas por los latinos sobre este tema en 2007. En ese entonces, la mitad (50%) de los latinos dijeron que el impacto fue positivo, mientras que sólo el 20% dijo que era negativo.”

La victoria de Donald Trump no es un fenómeno aislado, es simplemente el epítome de un largo proceso de dominación eonómico-racial en los Estados Unidos. Es además, la manifestación de un imperialismo empresarial que le permite relaciones con gobiernos que benefician expresamente a sus gobernates, como el primer minisitro ruso Vladimir Putin, considerado el hombre más rico del mundo, con una fortuna de 85 mil millones de dólares. En palabras de un comentarista político, estos individuos pertenecen a la nueva clase dirigente llamada correctamente “cleptocracia”. 

 

Lorenzo Orrego

Diciembre 17, 2016

Santa Clara.


[1] La Ley de Protección al Paciente y Asistencia Asequible (PPACA, por sus siglas en inglés), comúnmente conocida como la Ley del Cuidado de Salud a Bajo Precio (ACA, por sus siglas en inglés) o Obamacare, es una ley federal estadounidense promulgada por el presidente Barack Obama el 23 de marzo de 2010.

[2] “La Economía de Mercado Social suele contrastarse con el modelo capitalista anglosajón. Si bien el término “economía social de mercado” (soziale Marktwirtschaft) en su sentido original se utiliza principalmente en Alemania y Austria, en Europa, encontramos una serie de enfoques diferentes de las políticas sociales y sanitarias, con repercusiones muy diferentes en el gasto público, las contribuciones a la seguridad y las tasas impositivas, así como por el papel y las responsabilidades del sector público, el sector privado y el individuo.

Lo que estos modelos tienen en común es una visión básica de lo que se necesita para la cohesión social. Todos ellos tratan de proporcionar una cobertura completa a toda la población contra un conjunto estándar de riesgos, que incluyen el desempleo, la pobreza, la enfermedad y la discapacidad, así como la vejez… [E]n un sentido más amplio, esta ambición también incluye la igualdad en el acceso a una educación de buena calidad.” Ludwig Erhard, (uno de los fundadores  de la economía  social de mercado), http://oecdinsights.org/2014/02/25/the-social-market-economy-in-a-globalised-world/

[3] En Estados Unidos el voto popular directo no elige el presidente. Esa función recae sobre un colegio electoral de 538 electores provenientes de los 50 estados y el Distrito de Columbia (la capital) que depositan los votos por el candidato que haya ganado en su estado. Quien acumule 270 o más votos electorales, gana la presidencia.

[4] En la política estadounidense, el término “swing state”  se refiere a cualquier estado que razonablemente pude ser ganado por el candidato presidencial demócrata o republicano. Estos estados suelen ser blanco de las campañas de los partidos mayoritarios, especialmente en elecciones competitivas. 13 son los estados en mención: Arizona, Colorado, Iowa, Maine, Michigan, Minnesota, Nevada, New Hampshire, North Carolina, Ohio.  Pennsylvania, y Wisconsin 

 

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La agudización de la derecha, los hispanos y el papel de la religión.

En nuestro anterior artículo[1] argumentábamos sobre el dominio que el sistema norteamericano impone a las mujeres y el rol que éste juega en la agudización de la derecha, en especial cuando se refiere a las minorías étnicas o raciales. A simple vista, sin embargo, parecería que esta aversión por la mujer no tuviera correlación con las evidencias de racismo y xenofobia–condición sine qua non de los movimientos nacionalistas que exhiben los miembros del llamado Tea Party y el partido Republicano. Pero existe y se percibe en las prácticas y expresiones con que interpretan y pretenden manejar la administración de la nación, asumiendo valores religiosos absolutos con fines estrictamente políticos y demográficos.

En primer lugar, al obligar a la mujer a reproducirse en contra de sus posibilidades o deseos, se le está en la práctica determinando cuál será su quehacer, es decir, el uso de sus talentos y tiempo. En otras palabras, se le restringe su participación en la vida privada, profesional y social, además de la actividad política los que en conjunto constituyen uno de los objetivos del sistema: el control. Una segunda finalidad, consecuencia directa del primero, es el uso estratégico, por el sistema obviamente, de ese dominio: Al forzar a la mujer (blanca preferentemente) a reproducirse, se proporciona a la clase dominante la condición numérica de permanecer como mayoría étnica en un país que tiende hacerse más diverso demográfica y socialmente.

Para empezar, la tasa de nacimiento de la población norteamericana muestra un permanente decrecimiento. En 1960[2] fue de 23.7% mientras que en el 2014 el índice llegó a apenas al 12.5% (ver figura 1). Esta sistemática disminución en el número de nacimientos se ve especialmente evidenciada en la población de ascendencia europea o blanca. La Oficina del Censo proyecta que los blancos no hispanos dejarán de ser el grupo mayoritario en los Estados Unidos en el año 2044.

La Revista “Opinión”[3] señala: “Desde 1960, la población latina ha aumentado casi nueve veces y la Oficina del Censo cree que haclip_image002[15]bría 119 millones de habitantes de ascendencia latina para el año 2060. Entonces serían el 29% de los residentes.” Por otro lado, la revista “Primera Hora” en su artículo del 5 de junio del presente explica que el crecimiento porcentual de los hispanos bajó de 4,2% en 2001 a 2,5% el año pasado [2015]. Este crecimiento habría sido incluso menor–sostiene la revista– si no fuese por la tasa de natalidad relativamente alta de los hispanos: siete nacimientos por cada deceso. Adicionalmente, las dificultades que los indocumentados padecieron para conseguir trabajo mientras los EEUU experimentaban su más grande crisis económica, después de la Gran Depresión de 1930, agravó este magro crecimiento del 2,5%. Al cerrarse por la crisis la oferta de trabajo, se frenó el flujo de inmigrantes indocumentados hacia los EEUU. Adicionalmente, el número de inmigrantes indocumentados (Figura 2) deportados fue en aumento clip_image002[7]alcanzando cifras records durante el gobierno del presidente Barack Obama. A pesar de lo mencionado, la población creció ganando además, importante poder económico como lo veremos más adelante.

Un segundo elemento a discurrir es el aborto y el control de la natalidad pero por razones diferentes a las religiosas. El aborto, considerado hasta hace unos 20 años como una “cuestión católica,” un mandato para su feligresía–raramente discutido en el entorno evangélico, tiene un papel singular en el juego político de la derecha. Cabría esperar, dado que los inmigrantes latinos son en su gran mayoría católicos, que estos acatarían el mandato del Vaticano. La realidad es otra.

Los latinos son proporcionalmente (juntamente con los afro-americanos) los que más hicieron uso del aborto (tabla 1). La razón, como lo señala el Instituto Pew Center[4], se debería a que: “Entre más educación tenga la madre, menos será en promedio los hijos que tenga” (un hecho cierto en todas las razas y etnias del tejido social americano). Sin embargo una vez logrado un determinado nivel socio-económico e independencia, y alrededor de los 40 años de edad, son las latinas las que más hijos tienen.

  

 

Raza

 Tabla 1

Población

 

Abortos

Blanca

62%

34%              

Negra

12%

37%

Hispana

24%

22%

En palabras del Instituto Pew Center: “Entre las madres de 40 y 44 años de edad, las hispanas son las menos propensas a tener un sólo hijo –únicamente el 17%. En contraste, el 25% de madres afro-americanas y 23% de madres anglos tienen un hijo.” Al mismo tiempo–continúa Pew Center– lo que era hace unas décadas, en lugar de los tres o cuatro hijos que una mujer por lo general habría tenido cuando llegaba a los cuarenta años, hoy lo más seguro es que sólo tenga dos hijos. La excepción, sin embargo, son las mujeres latinas” que llegan a tener 3 ó 4 hijos. Los datos del Censo indican que los latinos fueron responsables del crecimiento poblacional de los Estados Unidos entre el 2000 y el 2012.

Los aproimageximadamente 55 millones de hispanos que significan el 17% de la nación americana, ya en el año 2015 logran el control– explica la revista Time[5]– de US $1.3 billones de dólares (o trillones en inglés) de capacidad de compra, equivalente al PBI combinado de México, República Dominicana, El Salvador y Guatemala. Además, del 2007 al 2012, los hispanos tuvieron un crecimiento en la creación de medianas y pequeñas empresas del orden del 47% el mismo que se tradujo en un ratio de 60 veces mayor comparado con los no-latinos.

Estos indicadores preocupan a los diversos grupos nacionalistas ultra conservadores en los EEUU. La extrema derecha tiene bien claro no sólo este avance numérico de la minoría hispana en la composición porcentual poblacional del país, sino además, entiende que los latinos impulsan el crecimiento económico de Estados Unidos lo que de hecho le proporciona poder político, por lo que deciden tomar acción. Entre el 2008 y 2011 el número de clínicas que ofrecen servicios de atención a la mujer se vio reducida en 1% en todo el país, con tasas de declive mucho más altas en Arkansas, Idaho, Kansas, Oklahoma y Vermont.

Este poder electoral y económico requiere que la inmigración (legal o no) de los latinos sea controlada al máximo, pero además, exige incrementar la población blanca, por ello la conculcación del derecho de la mujer (blanca especialmente) a controlar su función reproductiva. El presidente electo Donald Trump en una reciente entrevista como candidato dijo que las mujeres que hacen uso del aborto deben tener “alguna clase de castigo” aun cuando este se encuentra protegido por la Constitución. La cuestión es cómo la mujer logra aceptar este tipo de dominio e injerencia sobre su sistema reproductivo. La respuesta está en la ideología que se promueve.

Chris Hedges en su libro “American Fascists, The Christian Right and the War on Amerca” [6] explica, “La derecha radical cristiana ha pasado de la franja de la sociedad al poder ejecutivo, a la Cámara de Representantes, al Senado y a los tribunales. El movimiento ha tomado el control del Partido Republicano” refiriéndose no proféticamente al nuevo gobierno del presidente electo Donald Trump (que bastante bien lo tipifica) sino al de George W. Bush. Los ocho años de la administración saliente de Obama parecieran ser entonces un paréntesis en el ascenso de esta derecha que ha reconfigurado la batalla contra el comunismo como antítesis de lo correcto y santo vale decir Satanás. En palabras de Hedges: “El asiento de Satanás ya no está en el Kremlin. Ha sido asumido por individuos e instituciones que promueven una religión rival llamada “humanismo secular”, el pensamiento crítico y científico.

Este cristianismo radical que Hedges llama “domionionist” o de dominio absoluto manipula el cristianismo y a millones de sinceros creyentes construyendo “un espeluznante movimiento político de masas con muchas similitudes con otros movimientos desde el fascismo al comunismo hasta los partidos nacionalistas étnicos.”[7] La libertad al miedo, especialmente el miedo a la muerte eterna, requiere obediencia, sumisión y ausencia de crítica, las mismas que se convierten en una poderosa arma política en manos de tiranías y el presidente Vladimir Putin de Rusia[8] es unimage excelente ejemplo. En palabras de Putin: “En primer lugar, debemos ser gobernados por el sentido común. Pero el sentido común debe basarse primero en los principios morales. Y hoy no es posible separar la moral de los valores religiosos.” Putin convertido en un fanático religioso parece querer establecer una combinación pre-soviética de iglesia y estado. Las motivaciones del gobierno de Moscú no son piadosas sino estrictamente políticas. En el 2012 cuando el presidente Putin enfrentaba serias masivas manifestaciones populares en contra de sus políticas, él, un confeso ateo, abrazó la religión cristiana ortodoxa, enarbolando primero las banderas de la homofobia-una ofrenda de bajo costo político (para una sociedad machista) a la iglesia ortodoxa-aceptando además, prohibir el aborto. Hoy en día Putin tiene una aceptación del 80% aun cuando las condiciones económicas se han agravado especialmente dado la baja de precio del petróleo en el mercado mundial–el principal rubro de exportación ruso– y las sanciones económicas impuestas por occidente a Rusia.

En los Estados unidos, en 40 años transcurridos desde Roe v. Wade[9], ha cambiado bastante el debate sobre el aborto. Está claro que durante la mayor parte de las primeras décadas después de Roe, la gran mayoría de los pacientes abortistas eran blancos. Los evangélicos han tomado el timón del movimiento “anti-elección”, una vez dominado por los católicos. El movimiento ha cambiado las estrategias repetidamente: de alimentar la indignación moral y bloquear las clínicas de aborto a fingir preocupación por la salud de las mujeres y, más recientemente, aprobar reglamentos de construcción costosos e inofensivos para eliminar el acceso a las instituciones que prestan servicios a la mujer. Aunque ha habido algunos esfuerzos recientes por parte de “anti-choicers” para enfocarse en las mujeres de color, tienen todas las razones para atenerse a una narrativa que se centra en las mujeres blancas jóvenes como pacientes de aborto: Permanecer como mayoría racial. Paul Ryan, el “Speaker” o presidente de la Cámara de Representantes, ha copatrocinado la Ley de Santidad de la Vida Humana, que otorgaría a los fetos los mismos derechos que los seres humanos. La medida también habría tipificado como delito ciertos tipos de control de la natalidad. Ryan, que es católico, ha calificado el mandato anticonceptivo de la Ley del Cuidado de Salud a Bajo Precio (llamado corrientemente Obmacare) como una “amenaza” para los estadounidenses pobres, pero en realidad es todo lo contrario.

La derecha acaba de obtener una gran victoria, y Noam Chomsky[10] nos dice: “Este 8 de noviembre el país más poderoso de la historia mundial, que marcará su sello en lo que viene después, tuvo elecciones. El resultado puso el control total del gobierno–el ejecutivo, el Congreso, el Tribunal Supremo–en manos del Partido Republicano, que se ha convertido en la organización más peligrosa de la historia mundial.”

Lorenzo E. Orrego

Noviembre 15, 2016

Santa Clara


[1] La agudización de la derecha y el papel de la mujer, ttps://lorenzoorrego.wordpress.com/2016/10/16/la-agudizacin-de-la-derecha-y-el-papel-de-la-mujer/

[2] http://es.theglobaleconomy.com/USA/Birth_rate/

[3] http://laopinion.com/2016/07/14/bebes-de-minorias-son-ahora-la-mayoria-en-eeuu/

[4] http://www.telemundo.com/noticias/2015/05/07/mujeres-latinas-tienen-mas-hijos-que-madres-de-otras-razas-y-etnias-segun

[5][5] Time magazine, edición del 26 de setiembre del 2106, pg.33

[6] Chris Hedges, “American Fascistas, The Christian Right and the War on Amerca” pg.22,

[7] Idem, pg.39

[8] http://hollowverse.com/vladimir-putin/

[9] El 22 de enero de 1973, La Corte Suprema de los Estados Unidos, en una sentencia 7-2, afirma la legalidad del derecho de una mujer a tener un aborto bajo la Decimocuarta enmienda a la Constitución.

[10] http://www.truth-out.org/opinion/item/38360-trump-in-the-white-house-an-interview-with-noam-chomsky

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La agudización de la derecha y el papel de la mujer.

El presente proceso electoral en los EE.UU –fuera de lo folclórico (y peligroso) que pueda ser el candidato republicano Donald Trump–permite evidenciar la radicalización ideológica de la derecha. Trump no es el reflejo sino el producto de muchas tendencias negativas y regresivas al interior del partido Republicano. Racismo y xenofobia, para empezar, fueron promovidos abiertamente a la asunción del primer ciudadano afro-americano, Barack Obama, a la presidencia de la nación en el 2008. El liderazgo republicano en el congreso se propuso deslegitimizar al primer presidente negro. Se le ‘acuso’ de musulmán, y de no haber nacido en los Estados Unidos obligando al presidente, gracias a una intensa y sistemática campaña de desprestigio e insultos de parte de los líderes republicanos y Donald Trump, a someter su acta de nacimiento a la inspección pública–como lo hubiera tenido que hacer cualquier afro-americano frente a la autoridad policial. Barack Obama encarna entonces el Otro, el extraño de la retórica nacionalista extrema. Nadie de la derecha se rasgó las vestiduras ante el insulto y vejación de la persona, del símbolo y de la función del presidente en la estructura de poder constitucional americano–aún cuando los republicanos gustan llamarse: los “defensores de la Constitución”.

Por más de siete años se azuzaron los brasas del racismo y en esta mecánica licenciosa de insulto y diatribas se crea, con la ayuda de un grupo de billonarios–los hermanos Koch específicamente–un movimiento político de derecha populista ultra-nacionalista llamado Tea Party. Donald Trump lee correctamente la agitación que este grupo de derecha es capaz de hacer basado en racismo y xenofobia contra Obama y el inmigrante, específicamente, latino. Por ello no es extraño que Donald Trump en su carrera a la presidencia de los Estados Unidos siga el mimo derrotero primero atacando a Obama y luego al inmigrante latino.

Todo lo dicho, sin embargo, es insuficiente para explicar la radicalización nacionalista de la derecha de no reconocer la agudización de las relaciones de dominación y explotación de la mujer en muchas áreas ¿Cómo entender el hecho de que el congreso norteamericano (de mayoría republicana) haya bloqueado sistemáticamente cualquier legislación que dictamine pagar el mismo salario al hombre y la mujer por una idéntica labor? Es sabido que la mujer sólo recibe 75 ctvs. por cada dólar que gana el hombre. El salario no pagado a la mujer más que aumentar las utilidades al empresario disminuye la igualdad de la mujer vis a vis el hombre. Este abuso y explotación se agrava ante el hecho de que muchas mujeres son madres solteras que se ven obligadas a mantener con un incompleto salario a toda una familia, o en el mejor de los casos, coparticipar en el ingreso familiar pero en menor cuantía y por tanto en la determinación de su uso y distribución dentro de la unidad familiar–esto en lo económico. En lo personal y privado, las mismas mujeres se encuentran cada vez más restringidas en el manejo de sus funciones reproductivas mediante píldoras anticonceptivas[1]u otros medios anticonceptivos, e incluso el aborto (definido como un derecho ciudadano por la Corte Suprema norteamericana). La familia crece y las necesidades de la familia también pero el salario no. Es decir el sistema político toma control tanto de la sexualidad femenina, de su aparato reproductivo, de su salud así como de su vida social y la obliga a vivir en opresión. A la mujer se le conculcan sus derechos reproductivos y su vida sexual, al hombre no. Y la pregunta es ¿por qué?

Al margen de lo grave que resulta escuchar los comentarios de Trump sobre las mujeres, (que sigue siendo noticia al tiempo de escribir este artículo), merece analizar con cierto detalle las respuestas que los líderes republicanos dieron a las degradantes palabras de su candidato presidencial. Algunos ejemplos: el Speaker of the House, el republicano Paul Ryan, el tercer hombre más poderoso del gobierno americano dijo: “la mujer ha de ser defendida y reverenciada, no objetivada.” Incluso Mitt Romney, el anterior candidato presidencial republicano, quien había pasado meses argumentando públicamente que Donald Trump no era apto para ser presidente, utiliza un lenguaje similar en su condena: “¿Asaltar sexualmente a mujeres casadas? ¿Conculcar el asalto? Esta vil degradación deshonra a nuestras esposas e hijas y se convierte para el mundo en la corrupta cara de América”. Cualquier persona con un sentido básico de decencia debe estar horrorizado por los comentarios sexistas que Trump emplea sin ningún reparo y deben generar asco a todo el que las leas o escuche, no sólo a los que tienen hijas, esposas o madres.

Sin embargo, las respuestas de los líderes permiten resaltar un hecho importante y es que la derecha, representada por el partido republicano, no considera a las mujeres como inherentemente iguales a los hombres y por tanto dignas de respeto por derecho propio. Los comentarios sexistas de Trump no son propiedad exclusiva del candidato, o un fenómeno exógeno al partido Republicano. Todo lo contrario: sintetizan el pensamiento y la dinámica interna del partido. Misoginia es y ha sido parte de la retórica y la acción política de los regímenes que oprimen sea de derecha o de ‘izquierda’. La sociedad conyugal (legal y no-legal) no fue pensada como asociación igualitaria hasta que la mujer se vio, sin proponérselo, libre del control masculino, productiva y poseedora de un ingreso laboral del que se apropia y controla. Al tiempo de la fundación de los EE.UU. las mujeres no tenían los mismos derechos que los hombres, incluido el derecho al voto. Ratificado el 18 de agosto de 1920, la Enmienda 19 de la Constitución de EE.UU. concede a las mujeres estadounidenses el derecho al sufragio femenino. Controlar a la mujer en todos los aspectos significa dominar el hogar y preservar el sistema, la razón del porqué al dominio masculino.

Probablemente la mayor liberación femenina norteamericana se da en virtud del trabajo que las mujeres desempeñaron durante la Segunda Guerra Mundial. Por primera vez aquellas participan en labores nunca antes disponibles para las mujeres, tales como la construcción, mecánica, pilotaje, etc. y sobresalieron. La experiencia del trabajo mismo fue de hecho un proceso de liberación, de validación personal y desarrollo; la remuneración salarial les otorgó además poder económico y capacidad de adquisición. Hoy en día los matrimonios y asociaciones conyugales son más igualitarios, es decir más socialistas y esto supone un problema muy serio para la continuidad del sistema como tal.

Si se considera que la composición de la nación la constituye primariamente la unidad familiar ¿puede acaso la suma de las partes, es decir de las familias, producir una nación, más liberal y socialista? Probablemente no, pues esta agregación no es directa ni uni-determinista. Requiere en todo caso de una idea política más clara y de organizaciones aún no existentes o suficientemente desarrolladas pero ello no es óbice para que la derecha actué exigiendo se le “devuelva” el país, como rezan los carteles y pancartas del “Tea Party” o para “volver a ser grandes” como los de Donald Trump.

Lorenzo E. Orrego

Octubre 15, 2016

Santa Clara


[1] La derecha encarnada fundamentalmente en el partido Republicano (y algunos demócratas) ha trabajado arduamente no solo para limitar sino eliminar este derecho con logros significativos como lo demuestra la victoria legal que la Corte Suprema otorgó a la empresa Hobby Lobby permitiéndole –por razones de “conciencia religiosa” de sus dueños– bloquear se provea, a través del seguro médico, cualquier medio de control de la natalidad para sus empleadas pero no se opone por las mismas razones ‘morales’ que sus empleados varones pueden tener acceso a través del seguro médico a píldoras como Viagra.

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Homofobia y la ultra alianza en la política nacional e internacional norteamericana.

            En memoria de las inocentes víctimas de Orlando, Florida, cruelmente ultimadas y heridas a manos de la intolerancia y de las armas de guerra como derecho sobre la vida.

La decodificación de la compleja realidad política de un país puede brindar lecturas de patrones, e intensidades ideológicas. Específicamente: la condena del homosexualismo por parte de funcionarios públicos y autoridades eclesiásticas en los Estados Unidos permite entender en primer lugar, que la persistente campaña en contra la comunidad “gay” va más allá de la simple ‘condena’ teológica de ‘la desviada conducta homosexual’: indica que lo ideológico prevalece sobre la explicación racional y científica del homosexualismo; en segundo lugar, que esa percepción metafísica genera políticas de opresión y discriminación en contra de un amplio segmento que es transversal en el tejido social de la nación americana: ricos, pobres, blancos y no blancos, niños, jóvenes, ancianos, educados y no, etc. identificados con algunas de las categorías del homosexualismo, sufren los efectos de dichas medidas y la generación de estereotipos negativos con los que se ven obligados a vivir; tercero, que las campañas anti homosexuales permiten introducir en el discurso político el Otro y el Nosotros que es un instrumento nacionalista por excelencia en el seno mismo de la democracia americana (el gobierno ruso de Putin, o el extremista ISIS, por mencionar dos casos, usan la homofobia como mecanismo de ‘unidad’ y manejo social); y finalmente, que la condena del homosexualismo por parte de políticos y religiosos sirve para ratificar ontológicamente la ‘verdad absoluta” e indivisible de la Biblia, e influenciar el discurso y la acción política, doméstica y foránea de los EEUU ( y el resto del mundo, no cabe la menor duda.) Leemos los mecanismos y vemos su funcionamiento, debemos encontrar no ya los perpetradores, que son conocidos, si no las fuerzas detrás de estos argumentos.

Me opongo vehementemente a la colonización de la tierra palestina a manos del sionismo europeo bajo falsos argumentos religiosos y para provecho exclusivo de un pueblo difícil de definir–el judío. Rechazo enfáticamente el uso de la fe, cualquiera que ésta sea, para justificar la muerte y sufrimiento permanentes de millones de seres humanos, en este caso palestinos, por el sólo ‘delito’ de resistir–como lo garantiza sendas resoluciones de la ONU– el plan neo colonialista israelí cargado de racismo, asentado en un etnocentrismo xenofóbico que intoxica a sus propios ejecutantes–el pueblo sionista israelí. Pero además, contiendo fieramente el intento hegemónico de Israel de convertirse en una potencia imperial en el Medio Oriente, y la ayuda ciega que el pueblo norteamericano brinda gracias a una selectiva, aceptada y alimentada ignorancia, a la manipulación, engaño, y amenazas de diverso orden, brillantemente denunciado por el estudioso judío Israel Shahak[1] que sintetiza lo expuesto en las palabras de Moshe Dayan: “El público estadounidense debe ser engañado con eficacia sobre los objetivos estratégicos reales de Israel.”

Me opongo a la ‘justificación’ bíblica de lo que el fundador de Israel y primer ministro Ben Gurion llama “La Gran Israel”, vale decir, la expansión de Israel hacia otros países limítrofes, e inclinar al mundo a una definición bélica (atómica) sin precedentes. Al respecto Israel Shahak[2] escribe: “Israel se prepara abiertamente en buscar la hegemonía sobre todo el Medio Oriente, la que siempre ha buscado, de forma encubierta, sin dudar en utilizar para el efecto de todos los medios disponibles, incluyendo el nuclear.”

Veamos como el empleo de la retórica y conducta homofóbica basados en no más de seis versículos[3] de la Biblia modifica la propia percepción socio-económica de los ciudadanos de los Estados Unidos y ayuda a Israel a extrapolar la cultivada inhabilidad norteamericana en conceptuar científicamente el homosexualismo hacia sus políticas racistas, xenofóbicas, barbáricas y neo-colonialista que implementa impunemente en el Medio Oriente.

1. Bill Clinton y George W. Bush

La revista Salon[4] en su edición del 12 de febrero del 2004, en su artículo “Bush’s War Over Gay Marriage” escribe lo siguiente:

“Cuando la Corte Suprema de Massachusetts dictaminó este mes [febrero 2004] que las parejas homosexuales tienen el derecho a casarse, se entregó a los partidarios de Bush un arma poderosa para ser usada en la carrera electoral del 2004. Si bien los estadounidenses están ampliamente en favor de los derechos de los homosexuales, el matrimonio homosexual es muy impopular, sobre todo entre los blancos de la clase trabajadora y los afroamericanos, cuyo apoyo es fundamental para los demócratas en noviembre [del 2004].”

En el primer día de su campaña de reelección, George W. Bush atacó al demócrata John Kerry llamándole un ‘pelele’ de Massachusetts por no ser contundente en su oposición al matrimonio “gay”; el presidente anunció al día siguiente, queriendo resaltar su rechazo a la conclusión de la Corte Suprema del estado de Massachusetts, su apoyo a una enmienda constitucional que impediría a los jueces de Boston forzar el matrimonio homosexual a los estadounidenses. El reconocido diario norteamericano, The New York Times[5] en un análisis post-electoral (2008) dice:

“[L]as propuestas de enmiendas constitucionales a nivel estatal que prohíben el matrimonio entre personas del mismo sexo aumentó la participación de los votantes socialmente conservadores en muchos de los 11 estados donde aparecieron estas enmiendas, los analistas políticos dicen que proporcionó asistencia crucial para los candidatos republicanos, incluyendo al presidente Bush en Ohio y al senador Jim Bunning de Kentucky.”

Durante los dos períodos de Bill Clinton se crearon 23 millones de empleos que permitió reducir la tasa de desempleo a su nivel más bajo en 30 años, mientras que con G. W. Bush en sus dos períodos apenas se crearon 2 millones. Además con Clinton, la clase trabajadora vio elevar su nivel de vida gracias, primero, a un sustantivo incremento del salario mínimo del 20 por ciento–pasando de US$ 4.25 a US$ 5,15 por hora–que robusteció efectivamente la economía de 10 millones de estadounidenses; en segundo lugar, se aprobó un crédito tributario por hijos que reduciría el monto impositivo de una familia en US$ 500 por niño elegible lo que se tradujo en beneficios fiscales directos para las familias–entre US$ 16 mil millones y US$ 19 mil millones de dólares al año. Además de los beneficios monetarios tangibles, se aprobó la llamada ley ‘The Family and Medical Leave Act”, la primera que el presidente Clinton firmara y que garantizaba a los padres poder tomar hasta 12 semanas de licencia no pagada para atender a sus bebes recién nacidos o cuidar de algún familiar enfermo. Si a esos beneficios tangibles de la administración Clinton en favor del pueblo americano se contrastan con los pobres resultados económicos de la primera administración Bush, y se añade, además, dos elementos importantes del discurso político del GOP –la deuda nacional y la defensa–las posibilidades de reelección del presidente George W. Bush se veían en serios aprietos.

Respecto del primer elemento: el nivel de la deuda nacional. Cuando éste se le compara contra el PBI (producto bruto interno) debió haber horrorizado a los “responsables fiscales” como suelen llamarse a sí mismos los políticos republicanos Para los años 2001 y 2004, es decir al final del gobierno de Clinton y al final del primer período de Bush, las cifras de los indicadores macroeconómicos eran desalentadoras para la administración republicana. En el 2001 (final del gobierno de Clinton), el monto de la deuda nacional, US$ 144 mil millones de dólares, representaba el 1% del PBI, mientras que para finales del 2004 del primer período de Bush, la deuda nacional pasó a ser de US$ 605 mil millones, que significaba el 5.3% del PBI para el año en mención. Con estos indicadores en contra del gobierno de Bush una pregunta se alza: ¿Por qué el ciudadano norteamericano no contrastó los resultados económicos del republicano Bush y se decidió por un demócrata conservador, un héroe de la guerra de Viet Nam, John Kerry? El New York Times provee la respuesta–o parte de ella: “Las iniciativas de ley [las enmiendas constitucionales en contra del matrimonio de homosexuales] también parecen haber actuado como un imán para miles de votantes socialmente conservadores…que podrían de otro modo no haber votado e inclinaron la balanza [a favor de Bush]”.

El empleo intensivo de la retórica evangélica por parte del presidente Bush tuvo dos consecuencia importantes: primero, convirtió a las iglesias evangélicas conservadoras, en la práctica, en los voceros de la administración en su lucha contra ‘la abominación’ “gay”–trasgrediendo la norma constitucional de separación de gobierno e iglesia–, segundo, permitió el uso casi literal de la Biblia en las decisiones de política nacional e internacional. En otras palabras la religión empieza a funcionar como ideología en un ambiente cada vez más radical y nacionalista.

Recordaremos que George W Bush ya había hecho uso del discurso religioso para movilizar a los conservadores y facilitar su llegada a la gobernación de Texas y posteriormente, a la nominación republicana y su elección como presidente de los Estados Unidos. Doug Wead, amigo de la familia Bush escribió en PBS un artículo titulado “La espiritualidad de George W, Bush”[6] en la que señala, obviamente sin intención, un complejo mesiánico por parte de Bush que las iglesias acogieron y dice: “[George W. Bush] creía que Dios tenía un papel muy claro en su decisión de postularse para la gobernación de Texas, y es bajo esta presencia [en ese contexto mítico-religioso] que las decisiones que tomó como gobernador respecto por ejemplo, a la reforma de responsabilidad civil, o las modificaciones del Sistema de Seguridad Social se explican y justifican. Su religiosidad tuvo una parte muy importante en el enfoque de gobierno”. Wead puntualiza este mesianismo y dice: “Él, [Bush], habría sido designado por Dios para ser el próximo presidente de los EEUU”[7]. En este “milieu” las iglesias evangélicas conservadoras se movilizan permitiendo “inclinar la balanza” como señala el diario The New York Times, y ganar las elecciones del 2000. George W. Bush, hijo, y su compañero de fórmula Dick Cheney un ex congresista y secretario de defensa de EE.UU. durante George H. W. Bush, padre, derrotaron al ex-vicepresidente Al Gore y su compañero de fórmula, el senador estadounidense Joe Lieberman de Connecticut, por un margen de 271 a 266 votos electorales (aunque Gore ganó el voto popular con un 48,4 por ciento respecto a 47,9 por ciento de Bush). La alianza del gobierno con las iglesias ultra conservadoras rendiría su fruto, esto sin dejar de reconocer el aporte de los grupos políticos llamados “ne-cons” cuyo interés no era necesariamente doméstico.

Un segundo e importante elemento que explica la victoria de Bush sobre Al Gore (aparte por cierto de ser este último un indeciso, temeroso y hasta aburrido candidato demócrata) lo da la política exterior de la administración Clinton. Los planes de “contención “de Irak no respondían a la nueva concepción israelitas de reducir Irak a tres particiones semiautónomos y rivales, shiite, sunni y kurdo. Los planes de contención de Irak que implementara Bush padre se transformó con Clinton en el “cambio de régimen” no a través de la guerra si no mediante brutales medidas económicas en la espera de facilitar el levantamiento de un líder pro-occidental en Irak. Madeleine Albright[8], secretaria de estado de la administración Clinton al respecto, expresó con claridad que este modificado plan de “contención” sería el cambio del régimen iraquí. Plan que fue extremadamente cruel e inhumano. La Unicef (The United Nations Childrens’ Fund) reportó en 1999 que 4,000 niños de menos de cinco años morían cada mes a causa de las sanciones económicas a Irak, es decir medio millón de niños muertos en los ocho años que duró el estudio. Las palabras del renunciante sub Secretario General de las Naciones Unidas al periodista John Pielger un año antes de que se hiciera público el mencionado reporte de la Unicef son espeluznantes: “Se me ha instruido poner en práctica una política que satisface la definición de genocidio: una política deliberada que ha efectivamente matado a más de un millón de personas, niños y adultos[9].” La implementación de estas política que en la práctica precluyen el principio universal de respeto a la vida, en especial de niños, ancianos y mujeres por parte de las iglesia evangélicas conservadoras es una grave ofensa a sus propias convicciones en favor de la vida que el liderazgo religioso vergonzosamente calla.

Las medidas de “contención” de Clinton llegaron a su fin en el año 2000. El recientemente reelegido presidente George W. Bush con la ayuda de sus asesores “ultra-hawkish” escalaron la confrontación contra el gobierno de Irak. Es importante mencionar que este grupo conocido además como los neoconservadores o neo-cons, muchos de ellos judíos-americanos, eran (son) abiertos en su simpatía por Israel y su política neo-colonial, se avocaron, de acuerdo al plan diseñado por el gobierno israelí, a inclinar la política exterior estadunidense y la opinión popular hacia una guerra frontal contra Irak y permitir su balcanización.

Para el cambio de la opinión pública norteamericana en favor de la guerra, el gobierno con la ayuda de los neo-cons, y el apoyo de las iglesias cristianas ultra conservadoras, se fusionaron en una alianza extrema. Israel Shahak, el fenecido profesor de química y luchador por antonomasia de los derechos humanos había detectado anticipadamente este tipo de alianza en Israel, (Edward Said llama a Shahak “el úimageltimo profeta”). Shahak afirma que existe una alianza en Israel entre los ultranacionalista (que habían sido seculares) con los grupos ultra-clericales (originalmente indiferentes y hasta opuestos al concepto territorial del sionismo). La experiencia de esta nefasta ultra alianza sería replicada en los EEUU con la ayuda adicional de las grandes empresas petroleras[10]. Se necesitaba por tanto politizar (más) la religión, reafirmando la validez ‘absoluta’ de los principios bíblicos, y por tanto de Israel[11]. En este marco no sólo la guerra contra Irak sería posible terminar con la colonización de toda Palestina y extender Israel hacia los países limítrofes y constituir la llamada Gran Israel que Ben Gurion, fundador de Israel, aspiraba obtener.

La lucha en contra de los derechos humanos, en este caso la de los homosexuales, bisexuales y transexuales, facilitó primero, que el desastre económico de Bush en su primera gestión, y los logros de Clinton pasaran desapercibidos; y en segundo lugar, que se destara, gracias además a los lamentables ataques de setiembre 11, la hasta ahora inacabada guerra contra Irak, la transferencia de los argumentos anti terroristas al conflicto israelí-palestino. Al respecto Jonathan Cook[12] señala, citando fuentes próximas Bush, lo siguiente:” Desde el momento del [ataque] 9/11, Ariel Sharon, primer ministro israelí, había estado trabajando en convencer a Bush de que ambos estaban enfrentando la misma amenaza, ‘Yo estoy peleando tu guerra, terrorismo es terrorismo’ le habría dicho.” La defensa del Israel bíblico se igualaba al combate en contra del Islam.

Más allá de las ‘preocupaciones’ y reservas que algunos votantes puedan tener, en términos religiosos, respecto del matrimonio homosexual, la realidad es que existe una colusión de diversos intereses que define la política exterior (e interior) de los Estados Unidos y la religión juega un papel clave. Asteris Huliaris, profesor asociado de geopolítica de la Universidad Harokopion en Atenas, Grecia, en un artículo titulado: “Evangelists, Oil Companies, and Terrorists: The Bush Administration’s Policy Towards Sudan”[13] explica en detalle como estos tópicos e intereses aparentemente desconectados han permitido definir la política exterior estadounidense a favor de la ultra alianza y el dominio de los recursos petroleros mundiales.

2. Barack Obama y el GOP

Indudablemente el uso de la Biblia para ocultar los logros económicos de la administración demócrata de Clinton y el desastre de la administración republicana de Bush y permitieron su reelección y es un tema a observar ahora con la experiencia del gobierno de Barack Obama, pues ciertos patrones parecieran repetirse.

Gobierno de Obama* 2009 2016
The Dow 6,626 17,990
S&P 500 683 2,117
Desempleo 10% 4.7%
Adultos c/ seguro médico 18% 11.8%
Autos americanos vendidos 10.4m 17.5m
Déficit % del PBI 9.8% 2.8%
Confianza del consumidor 37.7 9.26
*Al 6 de junio del 2016

 

En primer lugar, la comparación de indicadores económicos vis a vis los gobiernos de Bush y Obama evidencia los logros de este último, como se puede apreciar en la tabla que se adjunta; en segundo lugar, la resolución de la Corte Suprema del estado de Massachusetts, como se mencionara al principio de este artículo, se repite pero esta vez con la resolución del 26 de junio del 2105 de la Corte Suprema de los Estados Unidos que legaliza el matrimonio homosexual en todos los estados de la Unión. La respuesta del bloque fundamentalista no se hizo esperar. El presidente del Seminario Teológico Bautista del Sur, Al Mohler, respondió con una llamada a la acción que se resume en[14]: “No podemos estar en silencio, y no podemos ser parte de la revolución moral que está en oposición directa a lo que creemos que el Creador ha diseñado, dado, y destinado para nosotros. No podemos estar en silencio, y no podemos dejar de luchar por el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer“. En tercer lugar, Irán toma el lugar de Irak en el juego político internacional, pero esta vez el gobierno de Obama no cae ante las presiones internas y externas (Israel) para iniciar una guerra con el gobierno persa, como sucediera con Bush y su guerra en Irak, por el contrario, el presidente norteamericano logra con la ayuda de la comunidad internacional, en la que incluye Rusia y China, un acuerdo nuclear que restringe dramáticamente el uso de esta tecnología en Iran.

Estas medidas de contención, sin embargo, no son suficientes para Israel y su búsqueda de la supremacía absoluta e indiscutible en el Medio Oriente. Una nueva guerra en la región no favorece a los intereses americanos y a la seguridad mundial, pero ello no es importante para la ultra alianza e Israel. La ‘promesa’ bíblica de Israel prevalece y está por encima aún de los intereses nacionales. Un ejemplo: Le preguntaron al Dr, Richard D. Land, presidente del Seminario Evangélico del Sur, un seminario bíblico con sede en Charlotte, lo siguiente: “¿Qué se hace cuando el interés nacional fundamental de Estados Unidos e Israel diverge o está en conflicto?” y el Dr. Land respondió: “Dado que las promesas del pacto de Abraham todavía están en vigor, los intereses fundamentales de Estados Unidos e Israel no pueden divergir. Si los estadounidenses quieren que Estados Unidos sea bendecido, deben bendecir a Israel.”[15]

Pat Robertson, el cristiano fundamentalista y homofóbico tele-evangelista, conocido por sus numerosas declaraciones absurdas, ha emitido uno de sus más reveladores y diabólicos comentarios cuando se refiere al reciente trágico tiroteo y masacre en Orlando, Florida (junio 12 del presente) a manos de un musulmán americano probablemente homosexual en un club nocturno preferido por la comunidad LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y personas transgénicas). Las palabras de Robertson frente al macabro resultado de 49 personas inocentes ultimadas (además del perpetrador) y 53 más heridas revelan mucho del carácter y valores de Pat Robertson. Robertson cree que los activistas LGBT y liberales se aliaron con los musulmanes y ahora están cosechando lo que sembraron. Aquí lo que dijo[16]:

“La izquierda está teniendo un dilema de proporciones mayores y creo que para aquellos de nosotros que no estamos de acuerdo con algunas de sus políticas, lo mejor que puede hacerse es ponerse a un lado y dejar que se maten entre ellos [homosexuales y musulmanes].”

Interesante es notar como este agitador bíblico enfatiza el término musulmán o islámico como el Otro, el enemigo, con el mismo sentido que Israel y los grupos ne-cons definen el conflicto en el Medio Oriente: “la lucha contra el terrorismo radical islámico”, expresión que el presidente Barack Obama y el partido demócrata evitan pues tiende a igualar terrorismo con islamismo.

La lucha contra el terrorismo es válida, pero no lo es la pretensión de adscribirla en exclusividad a la doctrina islámica. Samuel P. Huntington en su libro “The Clash of Civilization, and the Remaking of the World Order[17] presenta esta apocalíptica tesis, pulcramente escrita, que Edward Said refuta en su persuasivo y monumental libro “Orientalism.”[18] Es más, Reza Aslam puntualiza el componente político-religioso de esta confrontación de la siguiente manera[19]:

“El éxito nacional de Estados Unidos sirve como confirmación de la bendición de Dios, y que los enemigos de Estados Unidos son los enemigos de Dios … Los evangélicos estadounidenses creen que Dios favorece activamente a los Estados Unidos en los conflictos internacionales … esas guerras no son entre los ejércitos y naciones, son batallas cósmicas entre fuerzas del bien, América, y las fuerzas del mal, representadas por los enemigos de los Estados Unidos. “

Es evidente que Robertson busca correlacionar la defensa de los grupos LGBT con el extremismo de un grupo islámico para así justificar la conquista final de Palestina y la supremacía de Israel en el Medio Oriente, sin entender que el Islam también condena “las prácticas homosexuales”. Pat Robertson ejemplariza lo que Shahak denomina la ultra alianza: ultra conservadores y ultra religiosos.

Oportuno es recordar un viejo e instructivo dicho: “el pueblo que desconoce su historia está condenado a repetirlo.” El ciudadano norteamericano tiene hoy ante sí, la oportunidad y responsabilidad histórica de evaluar críticamente todas las piezas de este aparente rompecabezas político usando las ciencias sociales, y a través de un tipo de “ingeniería inversa” denunciar los parámetros de una ideología racista y absolutista que ha permeado la nación americana en contra del estado de derecho, la democracia secular, sometiéndose a un nacionalismo caduco del siglo XIX y a utopías teocráticas.

Lorenzo E. Orrego

Junio 17, 2016

Santa Clara


[1] “Open Secrets, Israeli Nuclear and Foreign Policies” Israel Shahak, Pluto Press, pg. 40

[2][2] “Open Secrets, Israel Nuclear and Foreign Policies”, Israel Shahak, Pluto Press, pg. 45

[3] La historia de Sodoma y Gomorra (Génesis 19),probablemente la más popular; cuando Dios llama a la homosexualidad una abominación (Levítico 18:22 y 20:13); cuando el pueblo se aleja de Dios (Romanos 1:26-25), y en forma indirecta o en todo caso discutible en Corintias 6:9-10y en 1ra de timoteo 1:10

[4] http://www.salon.com/2004/02/26/gay_marriage_15/

[5] http://www.nytimes.com/2004/11/04/politics/campaign/samesex-marriage-issue-key-to-some-gop-races.html

[6] http://www.pbs.org/wgbh/pages/frontline/shows/jesus/president/spirituality.html

[7][7] Según señala la página oficial de George W. Bush, El sermón de la iglesia del día que ganara la reelección a la gobernación de Texas lo habría ‘inspirado’ El sermón describe el plan de Moisés por Dios para dirigir y rescatar a su pueblo de Egipto. Durante el servicio, la madre de Bush se inclinó hacia él y le dijo: “Él {por Dios} te está hablando.” El sermón concluyó con un mensaje sobre la posibilidad de que cada individuo tiene que encontrar su vocación. Bush sintió, aparentemente, una “seguridad” que estaba pre- destinado a ser el presidente y autorizó Karl Rove para comenzar a prepararse para una campaña nacional.

[8] “Israel and the Clash of Civilisations, Iraq and the plan to Remake the Middle East”, Pluto Press, London, pg. 23

[9] Ídem, pg 23

[10] “Israel and the Clash of Civilisations: Iraq, iran and the Plan to Remake the Middle East”, Jonathan Cook. Pluto Press,

[11] http://thinkprogress.org/world/2015/11/10/3720765/religious-right-israeli-settlements/

[12] “Israel and the Clash of Civilisations, Iraq and the plan to Remake the Middle East”, Pluto Press, London

[12] Idem, pg. 33.

[13] http://faculty.maxwell.syr.edu/hpschmitz/PSC350/PSC350Readings/BushSudanOil.pdf

[14] http://www.christianheadlines.com/blog/evangelical-leaders-respond-to-supreme-court-ruling-on-same-sex-marriage.html

[15] http://www.christianpost.com/news/why-do-so-many-evangelicals-so-strongly-support-israel-136071/

[16] http://newcenturytimes.com/2016/06/14/pat-robertson-thinks-muslims-and-gays-are-allies-so-we-should-let-them-kill-themselves-video/

[17]The Clash of Civilization, and the Remaking of the World Order” Samuel P. Huntington, Simon & Shcuster Paperbacks, chapter 9.

[18] “Orientalism”, Edward W. Said, Vintage books Editions 1979

[19] “How to Win a Cosmic War, Confronting Radical Religion.”, Arrow Books 2010, pg.94

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La segunda vuelta electoral en el Perú

Nos encontramos a pocos días de efectuarse la segunda y definitiva vuelta de las elecciones 2016, la que culminará con la elección de Keiko Fujimori o Pedro Pablo Kuczyinski a la presidencia del Perú. Quien salga elegido debe serlo gracias a un voto diferente, un voto que no sea partidario sino claro, inquisitivo y alerta; es decir, el elegido no solamente asume la presidencia  sino se compromete a cumplir las promesas que postuló durante campaña, entendiendo además–lo más importante, que se someterá al escrutinio popular durante su función ejecutiva no sólo a través del congreso y el poder judicial (aunque corruptos e ineficientes), sino de las organizaciones populares sin ninguna restricción ilegal. La corrupción institucionalizada en todos los estamentos, funciones y funcionarios de la nación demanda de los electores esta tarea.

 

clip_image002[4]Además de la presidencia, las experiencias de los treinta últimos años del congreso peruano señalan que los políticos de todas las bandadas legislaron más para el partido al que pertenecerían (o pertenecen) y básicamente para provecho propio. El resultado es corrupción, apropiación ilícita generalizada, incompetencia, dilapidación no sólo del erario nacional sino de las riquezas nacionales. En simples indicadores, el PBI en los últimos 20 años muestra un gran crecimiento económico. En 1991, el PBI fue de 26,658 millones de soles mientras que en 2011 fue de 495,015 millones de soles[1], un crecimiento de casi 19%  en moneda nacional, que no se refleja en un mejor nivel de vida para la mayoría de los peruanos pero que señala por el contrario la aguda pobreza a la que está sometida.

 

Una inspección rápida de la gráfica del PBI real desde 1950 hasta el 2012, en millones de soles, por presidentes, muestra que el único presidente que decreció el PBI fue Alan García y que el proceso de recuperación de esta fuerte caída se encontró paralizada durante la mitad del primer período de Alberto Fujimori. El motivo de este largo parálisis no está suficientemente ilustrado, pero de haberse empleado este concepto del voto crítico y extendido del ciudadano a través de las organizaciones populares, partidos realmente democráticos, el gobierno del Ing. Fujimori hubiera sido obligado a responder y actuar. Por otro lado, la distribución del ingreso nacional[2] sigue siendo muy desigual. El 10 por ciento de la población controla el 35.4 por ciento de la riqueza del país, mientras que el 10 por ciento más pobre del país sólo 1.6.

 

La publicación 2000 World Development Indicators[3]  señala lo siguiente: “Mientras los barrios ricos han tenido acceso al agua potable, eliminación de residuos, carreteras pavimentadas, y  electricidad durante décadas, estos servicios son nuevos para la mayoría de los barrios pobres. De hecho, sólo en la década de 1990 la mayor parte de Lima recibió electricidad, mientras que el agua para muchas áreas todavía es aún llevada en camiones cisternas”

 

El PBI (producto interno bruclip_image006[4]to) que ha hecho de alguna manera ricos a un sector ínfimo de la población del Perú, es básicamente extractivo (hidrocarburos) y construcción, con muy poco valor agregado[4]. Resultado de la negligencia política de todos los partidos, de los individuos que estando en el poder se desentendieron de la educación—y que ahora postulan a la presidencia. Si bien el nivel de analfabetismo en el Perú es de 6.2%[5], el que se mantuvo casi constante en la última década  lo que preocupa son lo más clip_image004[4]bajos niveles de destrezas y conocimientos en matemáticas, ciencias, y los alarmantes niveles en retención y comprensión de lectura de todo el continente. El diario el Comercio[6] del 3 de diciembre del 2013 dice lo siguiente: “En matemática, ciencia y comprensión lectora la realidad es la misma. “El Perú ocupa el último lugar entre los 65 países que participaron en el Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés) 2012. El examen es elaborado cada tres años por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE)”. y añade en relación con el PBI: “El sector Educación también resaltó que el Perú y Colombia tienen el menor PBI per cápita de la región (US$10.076 y US$10.175, respectivamente).”   

Esta situación es insostenible y demanda no sólo planes económicos y cambios estructurales sino de un compromiso e idea nacionales que ni Keiko Fujimori ni Pedro Pablo Kuczynski han formulado. Los dos candidatos tienen la oportunidad histórica de iniciar el cambio y el pueblo el demandarlo con el compromiso del activismo y la vigilancia políticos.

 

 

 

Lorenzo Orrego

mayo 18 del 2016

Santa Clara

 

 

 

 

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Donald Trump, Hillary Clinton, Bernie Sanders y la realidad política norteamericana

Donald Trump y Bernie Sanders aunque en los extremos del mapa político de la nación americana son, en parte, el resultado de un mismo fenómeno político: el apoyo incondicional a Israel. Donald Trump y Bernie Sanders, el último un judío socialista y el primero un neo-nacionalista, han sufrido las consecuencias de cuestionar las políticas del gobierno israelí (aunque en sentido contrario a lo esperado en Trump). Sería, valga decir, una exageración y una grosera malversación de los elementos históricos argüir que este apoyo o no-apoyo a Israel es la razón fundamental del encumbramiento del primero a la nominación republicana para las elecciones del 2016, y la probable pérdida del segundo a la demócrata, pero cumple tres roles muy importantes. Primero, expone la corriente ultranacionalista en el seno del partido republicano con el poder de escindir o transformar radicalmente al GOP de Abraham Lincoln. Segundo, permite comprender la capacidad de injerencia que intereses foráneos (Israel) tienen en los procesos y planes políticos de los Estados Unidos de América. Tercero, señala, aunque leve, un cambio en la percepción de la nación americana hacia Israel y su política colonialista en el Medio Este.

Donald Trump es consecuencia directa del partido republicano, de las posiciones racista, homofóbica, xenofóbica, misoginia, nacionalista y ultra religiosa con que el partido trató de detener el avance progresista que el gobierno de Barack Obama ofrecía. Oportuno es señalar como la dirigencia republicana con la ayuda invaluable de la corporación Fox y de radios ultra-conservadores empezó a alimentar a sus constituyentes con el más letal alimento –el odio al Otro–, el instrumento típico de los movimientos nacionalistas como el nazismo, el mismo día que el presidente Barack Obama asumía el poder en el año 2008. El GOP había fracasado, previa a las elecciones, en negarle a Obama su declarado cristianismo y como resultado buscó abrir otro frente, creando el paradigma del Otro en la persona de Barack Hussein Obama. Es en este clima que Trump irrumpe en la política con el sólo argumento de la ‘ilegalidad’ constitucional del primer presidente afro-americano. Éste fue su único argumento –el Otro– con que cavaría su espacio (y probablemente su tumba política) dentro del partido republicano y con el que abriría su campaña para la presidencia del 2016 pero esta vez multiplicado por once millones en la forma del mexicano indocumentado, añadiendo después a los musulmanes y árabes en general.

La dirigencia republicana se encontró confundida aunque tomó con cierto entusiasmo y velada preocupación la movilización que Trump provocaba. Los otros dieciséis candidatos republicanos a la nominación buscaron el camino de la “coronación” atacando los logros del presidente Obama sin mucho éxito: ¿Cómo argumentar en contra de los bajos niveles de desempleo, el programa ”Obamacare “ o Affordable Care Act, la economía, la deuda nacional (significativamente reducida en estos dos períodos de Obama), la seguridad etc? Trump sólo habló (aún lo hace) del Otro, obligando a sus contrincantes a definir o redefinir posiciones xenofóbicas que ya habían permeado todo el partido pero que no habían sido articuladas programáticamente. Los únicos ataques de la grilla republicana a la nominación en contra Trump fueron su inexperiencia política, la poca o ninguna especificidad en los planes políticos de gobierno, y su celebridad como promotor de espectáculo. La dirigencia del partido republicano no pudo o no supo cómo contrarrestar el producto de su propia retórica extremista hasta que fue muy tarde. El ultranacionalismo de Donald Trump amenaza no sólo al partido republicano y a la nación, sino que preocupa seriamente al sionismo pues los movimientos nacionalistas son su peor enemigo natural (el Nacismo, Fascismo y Comunismo son pruebas suficientes).

Es clara la preocupación que los comentarios de Donald Trump provocan en los grupos neo-conservadores y pro-sionista, Israel, y las fuerzas armadas norteamericanas respecto a la intención de Trump de reducir la importancia de la OTAN en el quehacer político-militar de Europa y por tanto en el Medio Este; el abandono del rol de ‘policía” mundial que los Estados Unidos gusta desempeñar como primera potencia; la no-objeción al desarrollo nuclear de otros países, por mencionar algunos comentarios de política internacional. Estos grupos neo-conservadores, los mismos que siguiendo lineamientos israelíes habían logrado exitosamente promover guerras en contra de Irak y Líbano, aspiraban replicarlas, directamente o a través de los EEU, en contra de Siria, e Irán[1]. Si bien Donald Trump se opuso vigorosamente al acuerdo nuclear que todas las potencias mundiales, con el liderazgo de la administración del presidente Obama habían logrado con Irán, no fue suficiente para aplacar a los defensores de Israel, especialmente cuando el presuntivo candidato republicano se manifestara como independiente en el conflicto palestino-israelí: “Quiero ser muy neutral y ver si puedo conseguir tener a ambos lados [Israel y Palestina] juntos”, publicaba el diario israelí Haarest[2] este 9 de mayo, añadiendo que Donald Trump consideraba los proyectos de viviendas israelíes en los territorios ocupados de Cisjordania como un “gran punto de fricción en las conversaciones”. Nunca antes un candidato había tenido la osadía de cuestionar la política israelí en los territorios ocupados, (el correcto término que Chris Christe, uno de los fallidos pretendientes a la nominación republicana, usaría en referencia a Cisjordania y Jerusalén del que tuvo que disculparse públicamente[3]).

Si el entusiasmo político que despierta Trump no proviene de la ‘defensa’ de la causa neo-colonial de Israel, tampoco lo es en aspectos de la administración pública americana, o en salvaguardia de los postulados conservadores sino todo lo contrario. El conocido periódico The Washington Post[4] publicó recientemente una encuesta realizada entre los republicanos que muestra cual es el sentir del promedio republicano al respecto:

“El 68% de los votantes republicanos se opone a la reducción del gasto en Seguridad Social y Medicare para aminorar el déficit nacional; el 56% está a favor de aumentar los impuestos a los hogares con ingresos superiores a $ 250.000, y el 39% a favor de aumentar el salario mínimo.”

Todos temas emblemáticos de demócratas y liberales que Donald Trump entendía claramente.

El magnetismo de Trump (y de una mayoría republicana) radica en su posición ultranacionalista lo que significa una amenaza frontal a la supremacía ideológica que sionistas y neo-conservadores detentan en las definiciones de política internacional americana en los partidos Demócrata y Republicano por igual, y en las diversas administraciones norteamericanas. No es extraño por tanto que aparecieran, inmediatamente después de que Trump hiciera conocidas sus posiciones en política exterior, grupos financieramente fuertes en contra de su nominación. CNN[5] menciona el 24 de marzo que estos grupos con el apoyo de la dirigencia del partido republicano habían, a esa fecha, invertido infructuosamente 67 millones de dólares en detener la nominación republicana de Trump a la presidencia de los Estados Unidos. Todo lo que obtuvieron, sin embargo, fue reforzar entre sus seguidores las posiciones ultra-nacionalistas y por tanto la redefinición ideológica del partido.

Por otro lado, tampoco el conservadorismo evangélico significó una seria amenaza al ultra-nacionalismo de Trump como lo demostraron las pírricas victorias de Ted Cruz, o Marco Rubio, y aquello significó un cambio en el peso específico que la religión evangélica o judeo-cristiana extrema había tenido durante el gobierno del presidente George W. H. Bush. Al respecto, The Washington Post en un artículo de Wes Granbererg-Michaelson, aparecido el 20 de mayo del presente resalta lo que declarara Alan Cooperman, director de investigación de religión para el Centro de Investigación Pew: “El país en su conjunto se está volviendo menos religioso, y está sucediendo en todos los ámbitos[6]“, y por lo tanto, podemos conjeturar, menos inclinado a apoyar aventuras colonialistas basados en interpretaciones bíblicas. ¿Podría ser acaso posible salvar el partido republicano y el soporte a Israel con la elección de la demócrata conservadora Hillary Clinton o el socialista-demócrata Bernie Sanders? Y la respuesta es: Sí con Hillary Clinton y probablemente no con Bernie Sanders.

Fuera del presidente George W. H. Bush, el presidente Bill Clinton es considerado como uno de los mejores amigos de Israel, y Hillary Clinton pretende seguir siéndolo. Para ella, Palestina o los palestinos no existen. En su última aparición frente al súper grupo de apoyo a Israel o lobby pro-Israel, AIPAC[7] la ex-secretaria de Estado sólo habló de su inquebrantable apoyo a Israel, pero, lamentablemente, ni una palabra del pueblo palestino ni de la injusticia a la que se ve sometido. Estas fueron sus palabras; “como presidente, me gustaría continuar (¿!) las negociaciones directas [de paz]. Y permítanme ser clara–Me opondré enérgicamente a cualquier intento por parte de terceros para imponer una solución, incluyendo al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.” Y con referencia a Donald Trump, tratando de “venderse” como la segura defensora de Israel dijo; “Necesitamos manos firmes, no un presidente que dice que es neutro el lunes, a favor de Israel el martes, y quién sabe lo que será el miércoles, porque todo es negociable.” La llegada de H. Clinton a la presidencia permitiría la prolongación–por algún tiempo– de la existencia del partido Republicano como se le conoció hasta no hace mucho, evitando que se mueva peligrosamente a la ultra-derecha, y a Israel continuar con el despojo total del territorio palestino. No es por eso extraño que algunos líderes republicanos se pronuncien abiertamente en sus intenciones en favor de la ex-secretaria Clinton.

Finalmente, revisemos brevemente el papel de Bernie Sanders en su relación con Israel en sus propias palabras, recogidas por el periódico israelí Haaretz este 10 de mayo del presente en un artículo titulado “¿Cuál es la posición de Bernie Sanders respecto a Israel?[8]” Haaretz transcribe lo que la entrevistadora Diane Rehn le dijo declarativamente a Sanders respecto a que ella tenía doble nacionalidad EEUU-Isreal a lo que Bernie Sanders respondió: “Bueno, no, no tengo la doble nacionalidad con Israel. Soy americano. No sé de donde viene esa pregunta. Soy un ciudadano americano, y he visitado Israel en un par de ocasiones. No, yo soy un ciudadano estadounidense, y punto.” En el mismo artículo respondiendo al analista Ezra Klein de Vox respecto si era o no sionista dijo: “¿Un sionista? ¿Qué significa eso? ¿Podría definir esa palabra? ¿Creo que Israel tiene derecho a existir? Claro que si ¿Creo que Estados Unidos debería estar jugando un papel imparcial en cuanto a sus relaciones con la comunidad palestina en Israel? Absolutamente.” Finalmente, Sanders toca un tema que es sacrosanto en el sionismo y es el apoyo militar y económico que Israel recibe de los Estados Unidos, y dice: “…Mi esperanza a largo plazo es que en lugar de verter tanta ayuda militar a Israel, y Egipto, deberíamos proporcionar más ayuda económica para ayudar a mejorar el nivel de vida de las personas en esa zona.” Estos cometarios son extraordinariamente importantes para la causa palestina y peligrosos para el gobierno sionista de Israel. Si Bernie Sanders no hubiese sido judío ya hubiera sido atacado, como de costumbre, con las trilladas frases de anti-semita o anti-judío. El gobierno israelí–y los grupos de apoyo–optaron por ignorarlo públicamente y reducir lo más posible su aceptación entre la comunidad judía-americana. Veamos un ejemplo muy significativo: Nueva York.

El diario israelí Haaretz en su artículo aparecido el 11 de mayo titulado:” Hillary Clinton Takes Jewish Vote in New York Primaries”[9] explica lo siguiente: “Los votantes judíos constituyen entre diez y doce por ciento de los electores de Nueva York…En el distrito número 10 del Congreso –el mayor distrito judío en la nación– Clinton venció Sanders por un margen de 66 a 34 puntos porcentuales. La ex secretaria de Estado también ganó Borough Park, con el 61 por ciento de los votos. Sanders obtuvo el 39 por ciento de los votos judíos ortodoxos.”

La paradoja del cuestionamiento a las políticas colonialistas y limpieza étnica de Israel por parte de Donald Trump y Bernie Sanders han provocado, en el caso de Donald Trump, la exposición del pensamiento nacionalista de éste y el reconocimiento y aceptación de la misma por parte de un gran sector de la población americana, o más específico, el GOP. Bernie Sanders, por otro lado, es el cordero del sacrificio en el altar pro-sionista de la ex-secretaria Hillary Clinton. Pero ambos, Trump y Sanders, indican un cambio en la histórica genuflexión de América hacia Israel.

Lorenzo Orrego

mayo 10 del 2016

Santa Clara


[1] “Israel and the Clash of Civilisations, Iraq, Iran and the Plan to Remake the Middle East.”, Jonathan Cook, Pluto Press; pg. 45-48

[2] http://www.haaretz.com/world-news/1.689909

[3] El gobernador de Nueva Jersey Chris Christie se vio el año pasado obligado a pedir disculpas a Adelson (el magnate judío de los casinos) personalmente después de usar el término “territorios ocupados”, cuando el primero narraba su reciente viaje a Israel. El gobierno israelí y por extensión, la mayor parte de los partidarios de Israel en los EE.UU. no consideran Cisjordania y Jerusalén territorios ocupados.

[4] ttps://www.washingtonpost.com/blogs/plum-line/wp/2016/03/10/why-republican-attacks-on-donald-trump-are-missing-the-mark

[5] http://www.cnn.com/2016/03/24/politics/anti-donald-trump-advertising/

[6] https://www.washingtonpost.com/news/acts-of-faith/wp/2015/05/20/think-christianity-is-dying-no-christianity-is-shifting-dramatically/

[7] https://www.youtube.com/watch?v=EtfxZT_lqv8

[8] http://www.haaretz.com/jewish/news/1.671646

[9] http://www.haaretz.com/world-news/u-s-election-2016/1.715455

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